Romantizar la inflación: la oscura razón económica por la que el repollo es la verdura de moda entre las élites
Cuando llenar la nevera se vuelve más y más caro, lo barato se convierte en aspiracional y el repollo pasa de supervivencia a estilo de vida.
El repollo nunca fue sexy. Nunca, de verdad. Compacto, pesado, barato y con fama de comida humilde. Durante siglos ha sido la verdura de quienes necesitaban llenar la olla con poco dinero. Y, sin embargo, en 2026 se ha convertido en objeto de deseo: aparece en bolsos de diseño, en editoriales de moda, en vajillas de autor y en cartas de restaurantes de alto nivel. En esas estamos.
La pregunta es inevitable: ¿qué ha pasado para que el repollo se haya convertido en tendencia?
La respuesta tiene menos que ver con la estética y más con la economía. En plena era de inflación alimentaria, el repollo representa algo muy concreto: la sofisticación de lo barato.
De comida humilde a icono “chic”
Las modas gastronómicas funcionan como ciclos. Hace unos años fue el tomate el alimento convertido en estética veraniega y estilo de vida y ahora le toca el turno al repollo. Según informes de tendencias como “Pinterest Predicts”, las búsquedas de recetas con repollo se han disparado. Ver para creer. Dumplings de repollo, alfredo de repollo, repollo fermentado... La verdura que antes pasaba desapercibida ahora es protagonista.
Pero detrás de esa historia hay un contexto claro: los precios de los alimentos han subido y el consumidor busca alternativas económicas sin renunciar al relato aspiracional. Vivimos en la era de las fotos de instagram.
El repollo siempre fue barato (y por eso importa)
El repollo es una de las hortalizas cultivadas más antiguas del mundo, con más de 4.000 años de historia y tradicionalmente ha sido una solución económica en tiempos difíciles. En la Europa medieval era un alimento básico de las clases populares. Hoy sigue siendo una de las verduras más asequibles del supermercado.
Y aquí está la clave. En un momento en el que llenar la cesta de la compra se ha encarecido notablemente, el repollo ofrece tres ventajas difíciles de ignorar: es barato, rinde mucho y se conserva bien. Y es saludable, claro.
Con una sola pieza se pueden preparar varios platos. Su estructura compacta permite aprovecharlo durante días sin que se estropee con facilidad. Para muchas familias, eso no es tendencia: es supervivencia doméstica. Anoten este concepto.
Lo interesante es cómo algo que históricamente fue símbolo de austeridad ahora se presenta como sofisticación consciente. No es simplemente cocinar repollo: es fermentarlo artesanalmente, convertirlo en parmigiana vegetal o servirlo asado con mantequilla tostada en vajilla de cerámica minimalista.
La necesidad convertida en estilo
En Estados Unidos, por ejemplo, el consumo per cápita de repollo fresco ha disminuido desde el año 2000, aunque en los últimos ejercicios ha comenzado a repuntar ligeramente. Paralelamente, el mercado de alimentos fermentados ha crecido con fuerza, impulsado por la obsesión actual por la salud intestinal.
El repollo encaja perfectamente en ese relato: es rico en vitamina C y fibra. Es saciante, hidratante y versátil. Además, conecta con otra tendencia en auge: el “fibermaxxing”, es decir, priorizar la fibra frente a la obsesión proteica de años anteriores.
¿Moda pasajera o síntoma de algo más profundo?
Más allá del ruido estético, el ascenso del repollo puede leerse como un síntoma de época. Cuando los precios suben, el lujo cambia de forma. Ya no siempre es ostentación; a veces es capacidad de resignificar lo básico.
El repollo ofrece esa doble lectura: alimento histórico de subsistencia y nuevo objeto de deseo gastronómico. Es económico, pero puede presentarse como artesanal. Es humilde, pero puede narrarse como sostenible y consciente.
En un contexto de inflación persistente y mayor sensibilidad hacia lo que comemos, el repollo cumple todos los requisitos: accesible, nutritivo, adaptable a distintas culturas culinarias y compatible con la narrativa ecológica.
Quizá no sea casualidad que justo ahora se haya convertido en la verdura estrella. Tal vez no estamos ante una simple moda vegetal, sino ante una forma elegante de asumir que la economía doméstica manda más de lo que queremos reconocer.
Romantizar la inflación suena oscuro. Pero en el caso del repollo, es exactamente eso lo que está ocurriendo. ¿Cocinamos?