Gerd Wirtz, neurofisiólogo, sobre cenar tarde: "La última comida grande debe hacerse al menos tres horas antes de dormir"
Este experto advierte de que las prohibiciones rígidas resultan son menos útiles que los ajustes pragmáticos y propone tres pautas para modificar los malos hábitos.

Comer tarde altera el metabolismo y favorece el aumento de peso, pero hay tres factores clave que ayudan a modificar este hábito, explica Gerd Wirtz, neurofisiólogo, especializadp en salud digital y longevidad en una publicación de Focus. Cuando el sofá invitaba a sentarse y, con él, a buscar una bolsa de patatas fritas o un sándwich de queso a las 9.30 de la noche. "Sin embargo, lo que parece una relajación inofensiva provoca en el cuerpo más cambios que un simple balance calórico. El momento en que comemos influye en nuestra salud tanto como lo que hay en nuestro plato", advierte este experto
Lo que ocurre, prosigue es que "mucha gente se fija en el azúcar, las proteínas o las calorías, pero casi nadie mira el reloj. Eso puede ser un error, porque nuestro cuerpo procesa los alimentos de forma diferente al anochecer que durante el día". Este experto también cuenta que "no todos los tentempiés nocturnos son problemáticos": "Pero cuando comer de noche se convierte en rutina —como recompensa, para aliviar el estrés o simplemente por aburrimiento— no solo la figura se resiente. Comer a altas horas de la noche altera el ritmo de la melatonina y, según una revisión reciente , puede contribuir a estados de ánimo depresivos a largo plazo porque desincroniza los ritmos de la serotonina y la dopamina", añade.
Además, el sueño se ve afectado de forma más directa de lo que muchos creen. "Quienes se acuestan con el sistema digestivo lleno suelen dormir más inquietos, despertarse con mayor frecuencia o sentirse menos descansados por la mañana", recalca Witz, y "esto es importante porque la falta de sueño, a su vez, afecta el apetito, la sensibilidad a la insulina y el control de los impulsos al día siguiente".
Así que, este experto recomienda que pensemos que, en lugar de prohibiciones rígidas, resultan útiles los ajustes pragmáticos". Y da sus tres pautas: "Primero, come con regularidad y en cantidad suficiente durante el día. Quienes ahorran calorías durante el día, por la noche asaltarán la nevera; segundo lugar, planifica tu última comida abundante al menos tres horas antes de acostarse, y, en tercer lugar, reestructura conscientemente tu rutina nocturna".
Porque una taza de té, un libro o un breve paseo "pueden interrumpir la transición automática entre el sofá y la merienda sin que te pierdas nada", propone Wirtz. "Quienes siguen estos tres puntos durante unas semanas le devuelven a su metabolismo lo que necesita: una señal clara de cuándo es hora de comer y cuándo no", concluye este especialista.
