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10/09/2019 07:22 CEST | Actualizado 10/09/2019 07:22 CEST

El empleo muestra la realidad económica de España

Las señales de que la economía española no está funcionando como debería son bastante claras.

Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images
La ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño. 

La economía española sigue mostrando deterioro cada vez más intensificado de su economía. De acuerdo con las declaraciones realizadas por el Banco de España, la desaceleración que se registra desde hace meses evidencia una tendencia bastante pesimista y que es muy preocupante para un país que, a la vez de estar sin Gobierno, muestra grandes vulnerabilidades en su economía que podrían llevarnos a un mayor deterioro futuro.

Y es que, la economía española, en relación con los indicadores macroeconómicos que se registran en las últimas semanas, se suma, junto a Alemania y otros países de la Unión Europea y del resto del mundo, a una desaceleración que sigue acechando al crecimiento económico global. Una situación que, pese a haberse advertido continuamente, ha sido ignorada, hasta ahora, por el Gobierno en funciones, pues según las declaraciones emitidas hasta hace apenas unas semanas, la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, trataba de normalizar la situación recalcando un mejor comportamiento de la economía española, tratando de contrastarlo con la economía alemana y la francesa.

Como podemos observar, el hecho de negar la realidad no te exime de que esta se cumpla. Ya ocurrió con Zapatero, así como con otros presidentes que trataron de calmar la situación, vislumbrando brotes verdes donde no los había. Y yo me pregunto: ¿alguien creía que si desaceleraba la economía alemana, la más robusta de la zona euro y la locomotora europea, España se iba a librar?Como cabía esperar, España ya refleja en sus indicadores una ralentización intensificada, contando con que el 60% de los indicadores adelantados, como muy bien resumía mi admirado amigo Daniel Lacalle en Twitter, se encuentran en negativo; descontando el déficit y la inflación.

Las señales de que la economía española no está funcionando como debería son bastante claras. Obviar estas alarmas, al igual que ocurrió durante la crisis de 2008, ya sabemos a dónde nos lleva. Si observamos el estudio que realizó BBVA Research, en el que trataba de medir el posible impacto generado por la reforma laboral de 2012, se puede observar como la aplicación de dicha reforma en el momento del estallido de la gran crisis inmobiliaria podría haber evitado la destrucción de casi 2 millones de empleos. Una clara muestra de que la impasible actuación de los gobiernos en situaciones similares, donde la economía atraviesa un tortuoso escenario macroeconómico, solo agrava la situación.

Según 'The Economist', la injustificada subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI, por sus siglas) es un entorpecimiento para el mercado laboral español.

Sin embargo, no solo estamos ante un Gobierno incapaz de aplicar medidas eficaces. No solo eso, sino que las políticas aplicadas podrían tener un impacto muy negativo en la desaceleración de la economía española, provocando un shock que no solo agravaría la situación, sino que la llevaría directa hacia una próxima, e inminente, recesión. 

Según el The Economist, medidas como la injustificada subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI, por sus siglas) son un entorpecimiento para el mercado laboral español. Recordemos que no solo tenemos un mercado laboral completamente debilitado, siendo el que peores registros ofrece de la Unión Europea (descontando a Grecia por su reciente quiebra y rescate financiero) sino que, dicho sea de paso, estamos ante uno de los tejidos empresariales más vulnerables de toda la zona euro, pues casi la totalidad del tejido empresarial español se compone de empresas muy pequeñas –microempresas y PyMEs–, las cuales resultan ser más vulnerables ante posibles shocks en el escenario económico, debido a sus escasos recursos.

Esto, sumado a un altísimo nivel de paro –concretamente el segundo más alto de la Unión Europea, por detrás de Grecia-, es una bomba de relojería a punto de estallar. Estamos ante un escenario donde la productividad se muestra completamente estancada, reflejando un gran problema en las empresas; pero, para añadir más leña al fuego por parte del Gobierno en funciones, se procede a añadir, por decreto, un fuerte incremento en el Salario Mínimo Interprofesional, repercutiendo unos mayores costes a las empresas y desincentivando la contratación en el país. Una medida que hasta The Economist ha tachado de arriesgada, pues una empresa no va a pagar más por aquello que no genera más. 

Es algo completamente injustificado y una medida cortoplacista. Una medida que está llevando a España a cosechar sus peores registros de empleo de los últimos años. Aunque es cierto que todavía es temprano para corroborar si la medida está incidiendo de forma directa en el empleo en el país, si podemos decir que el impacto tampoco está siendo, a priori, positivo. Si miramos, como decía, los últimos registros de empleo en el país, podemos observar como durante agosto, un mes que genera una gran cuantía de empleos dado el peso de la industria turística en el país, ha registrado su peor tasa de creación de empleo desde 2010, en términos mensuales. 

Una medida que está llevando a España a cosechar sus peores registros de empleo de los últimos años.

El endurecimiento de la contratación en España es un factor muy peligroso. Los datos reflejan un ínfimo porcentaje de contratos indefinidos, en contraste con las nuevas altas en la Seguridad Social. La precariedad laboral en España continua siendo un problema a solventar, pero no podemos hablar de solventarlo con una intensa penalización a los empleos indefinidos, aumentando las regulaciones e incrementando las trabas a la contratación. Estamos hablando de uno de los grandes retos a los que se enfrenta el país y, mientras tanto, Sánchez sigue en su juego de repartir el Gobierno con Iglesias, mientras el resto de países tratan de hacer frente a lo verdaderamente importante: las cifras macroeconómicas de una economía cada vez más debilitada y acechada por la intensa ralentización económica europea, y global.

Los datos que muestra el Ministerio de Empleo reflejan la mayor destrucción de empleo desde 2008, momento en el que estallaba la crisis inmobiliaria. En el país, el número de contratos indefinidos ha caído casi un 20%, representando el 8,11% de las altas registradas; mientras que el número de afiliados a la Seguridad Social cae en casi 213.000 personas respecto al mes predecesor; un -1,09% y logrando así, como decíamos, la mayor destrucción desde la crisis inmobiliaria, donde la destrucción de empleo, en el mismo mes de 2008, se cifró en un -1,07%. Curiosamente, concluyendo con un dato que ofrecía Lacalle en sus redes sociales, aunque no sea de gran relevancia: precisamente las comunidades que mejor se han comportado han sido Andalucía y Castilla León, en las que ambas gobierna ya el Partido Popular.

Como digo, las señales de alarma son claras y precisas. España ha trabajado mucho para salir de una crisis que nos dejó con unas muy elevadas tasas de desempleo, tanto general como juvenil. El país lleva años luchando contra la gran asignatura pendiente de nuestra economía. No podemos dejar pasar el tiempo y esperar que llegue un milagro que lo arregle todo. La economía se desacelera y los indicadores muestran una ralentización, a la vez que la industria y determinados sectores de peso, como el del automóvil, siguen viendo como su actividad desciende sustancialmente. Ante semejante escenario, debemos dejar de aplicar medidas completamente arbitrarias y adoptar medidas que, verdaderamente, incentiven el empleo; pues, de estallar una crisis, la vulnerabilidad del país sigue siendo muy elevada.

 

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