INTERNACIONAL
26/09/2020 21:30 CEST

La historia demuestra que las pandemias también trajeron cosas buenas a nuestra vida

La implantación de medidas de higiene en el siglo XX, el uso de preservativos en los 80...

Bettmann Archive/Getty Images
La foto está tomada entre 1918 y 1920, cuando la epidemia mató a unos 20 millones de personas en todo el mundo.

Pocas personas confían ya en el eslogan que tanto se repitió al principio de esta crisis, según el cual ‘todos saldremos mejores de esta’. La pandemia de coronavirus ha traído muerte, enfermedad, desgracias, hambre, desempleo, peleas, desavenencias y mucha incertidumbre. Cuando parecía que lo peor había pasado, España —y prácticamente todo el mundo— se ve inmersa en una segunda ola que empieza a parecerse demasiado a la anterior. 

Todavía hay algunos optimistas que sostienen que con las medidas de protección ya implantadas (mascarilla, distancia e higiene de manos) la pandemia no debería causar tantos estragos como en primavera. Y realmente hay indicios para un leve optimismo: en el hemisferio sur, donde está a punto de terminar el invierno, los casos de gripe se han reducido hasta en un 50 o 60% esta temporada, lo cual se asocia a las medidas anticovid, pero también al hecho de que en muchos países ha habido confinamientos. 

En el siglo XX, por la epidemia de gripe y la tuberculosis, se tomaron muchas medidas de higiene, cambió la forma de construir edificios y ciudades, se instauró la costumbre de lavarse las manos y de no escupir

No sería la primera vez que una epidemia deja algún rastro positivo a su paso. Joan Ramón Villalbí, epidemiólogo miembro de la Junta de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), recuerda que “a lo largo del siglo XX, principalmente por la epidemia de gripe pero también por la tuberculosis, se tomaron muchas medidas de higiene” de las que todavía nos beneficiamos a día de hoy. “Se empezaron a hacer edificios con más luz, con más ventilación, con más zonas abiertas, cambió la forma de hacer las ciudades, se instauró la costumbre de lavarse las manos y de no escupir, que era una cosa relativamente habitual”, afirma. “Todavía en algunos ambientes hay gente que escupe por la calle, pero ya no es lo mismo”, comenta Villalbí, que sonríe al acordarse de que cuando era pequeño “había letreros en los autobuses que decían ‘prohibido escupir’”.

La mascarilla y el teletrabajo

Salvador Macip, doctor en Medicina y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), no cree que la pandemia de coronavirus marque “un antes y un después” en nuestras vidas. Macip considera que, pasado un tiempo, la gente volverá a viajar y a relacionarse como antes, pero quedarán algunas costumbres. “Creo que el teletrabajo sí ha venido para quedarse. La gente está entendiendo que quizás no hace falta ir todos los días a la oficina y puede trabajar desde casa perfectamente”, opina. “Y pienso que el cuidado con la mascarilla, la distancia y el lavado de manos también se tendrán más en cuenta para el resto de infecciones”, añade Macip.

La epidemia del SARS provocó un cambio cultural en países de Asia, y quizás aquí también llega a normalizarse la mascarilla entre personas que tengan algún síntoma o enfermedad respiratoria

Casi todos los expertos consultados mencionan el caso de los países asiáticos que, tras la epidemia del SARS en 2003, adoptaron como costumbre el uso de mascarilla para épocas con mayor incidencia de infecciones respiratorias o para lugares masificados como el transporte público. “La epidemia del SARS provocó un cambio cultural en países de Asia, y quizás aquí también llega a normalizarse la mascarilla entre personas que tengan algún síntoma o enfermedad respiratoria”, apunta Pedro Gullón, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.  

El VIH y los preservativos

Gullón recuerda también el caso de la epidemia de VIH, que fomentó el uso de preservativos. “Lo más fuerte de la pandemia fue en los años 80, pero seguimos conviviendo con el virus y seguimos teniendo que tomar medidas de protección. Desde entonces se impulsaron campañas para el uso de preservativos, de reparto de jeringuillas, etcétera, que todavía funcionan a día de hoy”, explica.    

Erradicar una enfermedad no es tan sencillo. Enseguida viene a la mente el sida —para el que todavía no hay vacuna—, pero también la gripe, un virus que después de tres oleadas fuertes con grandes picos de mortalidad entre 1918 y 1920 fue haciéndose menos letal, y la gente más resistente, y acabó convirtiéndose en una enfermedad estacional. Es difícil comparar la pandemia actual con la gripe de 1918, pero sí hay algunos aspectos llamativos extrapolables.

Durante la gripe en EEUU, las ciudades que tomaron las medidas más estrictas fueron las que tuvieron menos muertes y una recuperación económica más rápida

“De esa pandemia tenemos algunos análisis interesantes de las intervenciones que se hicieron en varias ciudades, que muestran que aquellos municipios que habían prohibido reuniones masivas y habían cerrado teatros, escuelas e iglesias tuvieron un menor número de muertes”, explica Teresa Pérez Gracia, catedrática de Microbiología de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) de Valencia. “Además, un equipo de economistas de Estados Unidos llegó a la conclusión de que las ciudades que tomaron las medidas más estrictas fueron las que luego tuvieron una recuperación económica más rápida”, añade. “Se recomendó el uso de mascarillas y en algunos lugares se obligó durante todo el tiempo que duró la pandemia”, abunda. Fueron esos lugares los que salieron mejor parados de aquella epidemia.

“Deben pasar muchos años para ver eliminada una enfermedad”

La principal diferencia es que para frenar esa pandemia no se encontró una vacuna a tiempo, algo que sí se espera tener (próximamente) para el coronavirus. Ahora mismo, la única salida factible a la crisis del Covid pasa por una vacuna; lo que se desconoce todavía, insisten los expertos, es la fecha en que esta estará lista, y cuál será su grado de efectividad.

“Si la vacuna es lo suficientemente efectiva, permitirá ir inmunizando a la población y, por lo tanto, la transmisión del virus disminuirá, pero será un proceso paulatino que llevará un cierto tiempo”, advierte Teresa Pérez Gracia. “En estos momentos la única enfermedad infecciosa humana que se ha logrado erradicar es la viruela y este hecho ha sido posible gracias a muchos años utilizando la vacuna, desde que Jenner en 1798 empezó a vacunar a niños y se hicieron campañas masivas de vacunación en el siglo XX”, apunta la microbióloga. “El ejemplo de la viruela nos indica que deben pasar muchos años para que veamos eliminada una enfermedad”, zanja.

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