¿Qué es la Doctrina Monroe, la excusa usada por Estados Unidos para intervenir e interferir en el resto de países de América?
Según un recuento realizado por el historiador John Coatsworth, solo "entre 1898 y 1994, el Gobierno estadounidense ha intervenido con éxito para cambiar gobiernos en América Latina al menos 41 veces".

Hay quien dice que Donald Trump no pensó siquiera en María Corina Machado como nueva líder interina de Venezuela porque, según su exclusiva manera de ver y entender el mundo, esta le había arrebatado el Premio Nobel de la Paz. Es imposible desligar las políticas de la Administración Trump con el ego de quien la encabeza.
Casi todas las decisiones del presidente estadounidense buscan grabar su nombre en la historia, pero de manera literal. Se vio, por ejemplo, hace unos días, cuando se cambió la fachada del histórico Centro John F. Kennedy para añadir a su lado el nombre de Donald J. Trump. Para lograrlo, el mandatario echó a todos los miembros de la Junta Directiva del espacio y designó una nueva que lo escogiera como presidente.
Aunque la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su mujer, Cilia Flores, esconde un interés por el control de la mayor reserva petrolífera del mundo, Donald Trump también busca, una vez más, protagonismo. Si por él fuera, nombraría sus relaciones con Latinoamérica con un decreto que llevara su apellido. Pero, para su desgracia personal, eso ya existe desde 1823, la Doctrina Monroe. "Ahora la llaman Doctrina Donroe, creo", afirmó el mandatario tras la captura de Maduro.
¿No intervención?
El 2 de diciembre de 1823, el entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, pronunció un discurso ante el Congreso en el que establecía las pautas sobre las que se sustentarían las relaciones estadounidenses con el resto de América. Monroe diseñó esa estrategia junto con su secretario de Estado, John Quincey Adams. ¿Y en qué consistía? Muy resumido: rechazar la interferencia europea en el continente y aumentar la influencia estadounidense. También se hablaba de no intervención, pero parece que este último punto les resultó casi imposible si querían cumplir el segundo.
Para ser más exactos, la Doctrina Monroe buscaba, y busca, establecer el control estadounidense del hemisferio occidental, es decir, América, pero también Groenlandia. "Este es el hemisferio occidental. Aquí es donde vivimos y no vamos a permitir que el hemisferio occidental sea utilizado como base de operaciones por los adversarios, competidores y rivales de nuestra nación, los Estados Unidos", defendió estos días el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
41 intervenciones en Latinoamérica
Con la excusa de la Doctrina Monroe, a lo largo de los años Estados Unidos intervino de una manera u otra en Latinoamérica para asegurarse gobiernos leales, ya fuera con golpes de Estado, invasiones, sanciones o bloqueos. La lista es larga: Guatemala, República Dominicana, Chile, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Brasil, Colombia, Bolivia, Haití, Honduras, Argentina... Y, ahora, Venezuela.
Según un recuento realizado por el historiador estadounidense John Coatsworth, "en los pocos menos de cien años transcurridos entre 1898 y 1994, el Gobierno estadounidense ha intervenido con éxito para cambiar gobiernos en América Latina al menos 41 veces, [...] una vez cada 28 meses durante todo un siglo".
Mientras en 17 de esos 41 casos hubo una "intervención directa" con "el uso de fuerzas militares estadounidenses, agentes de inteligencia o ciudadanos locales empleados por agencias gubernamentales estadounidenses", en los demás (24) "el Gobierno estadounidense desempeñó un papel indirecto".
