POLÍTICA
11/06/2021 09:33 CEST | Actualizado 11/06/2021 18:18 CEST

La violencia vicaria o una de las expresiones más crueles del machismo

Utilizar a los hijos para ejercer violencia sobre la madre es también violencia de género.

ridvan_celik via Getty Images

Quizá una de las expresiones más fuertes de violencia vicaria que ha habido en España fue el caso de José Bretón, que quemó a sus dos hijos de seis y dos años después de que su mujer le anunciase el divorcio. Ahora, el caso de Anna y Olivia en Tenerife, tras la aparición del cuerpo de esta última en el mar después de que se las llevase su padre, Tomás Gimeno, retrotrae a ese horrible momento de 2011. 

“No las vas a volver a ver”. Fue la frase que le dijo Gimeno a su expareja poco antes de desaparecer con sus dos hijas, de uno y seis años. Hasta este miércoles, la madre confiaba ciegamente en que sus pequeñas estaban vivas. La aparición de uno de los cuerpos confirma que una de las hipótesis es la violencia vicaria, una de las expresiones más crueles de violencia machista. 

Se trata de un tipo de violencia en la que se instrumentaliza a los hijos y se les usa como forma de maltrato a la mujer. En una entrevista en Público hace unos días, la delegada del Gobierno de Violencia Machista, Victoria Rosell, dijo que este tipo de violencia se basa en “dar dónde más duele” a las mujeres, que “nunca es una parte del cuerpo, sino que son los hijos”. “No es un loco asesino, es la cara del machismo, de ese hombre que no tolera la libertad de la mujer o su igualdad y contra eso debemos luchar todos los días”, ha señalado Rosell sobre el caso de Tomás Gimeno esta mañana en RNE.

El término volvió a ponerse sobre la mesa con el documental de Rocío Carrasco, Rocío, contar la verdad para seguir vivaDentro de la definición de violencia vicaria entra también el utilizar judicialmente a los hijos durante la separación, aunque su expresión más extrema sean casos como el que presuntamente se ha dado en Tenerife. 

 

Maltrato también contra los niños

Ejerciendo esta violencia se deshumaniza a las personas más vulnerables cercanas a la víctima de violencia de género y se las utiliza como un objeto para aumentar el dolor y provocar sentimiento de culpa. 

Marieta no puede contener la emoción este viernes. Apenas ha dormido y tiene que parar varias veces en su relato porque se le quiebra la voz. Ella también ha sufrido violencia vicaria y es psicóloga del colectivo MAMI, en el que se han reunido varias mujeres víctimas de este tipo de violencia. “Estamos consternadas pero nos decimos que, aunque no vemos a nuestros hijos, al menos están vivos”, dice intentando mantener el tono firme. 

No es la primera vez que habla con los medios sobre este tema. “Dentro de la violencia vicaria, lo que ha pasado en Tenerife es el extremo más cruel”, señala Marieta a El HuffPost por teléfono. “Hay que dar más voz a estos casos, porque llevan enmarcados en la ley desde 2013, pero no se nos escucha”. Desde ese año, han sido asesinados por sus padres o las parejas o exparejas de sus madres 38 menores, 39 contando contando con la pequeña Olivia. 40 si se cumple el peor de los presagios con Anna. 

Un proceso largo

“No se trata de atacarte a ti físicamente, sino de darte donde más duele... En la violencia psicológica pueden amenazarte, insultarte... Hacerte mil faenas. Pero si tienes a tus hijos te mantienes”, asegura. El colectivo ha iniciado los trámites para convertirse en asociación y así poder presentarse como denunciante particular y presionar más sobre esta materia para prevenir, por ejemplo en los colegios. 

En muchos casos de custodia compartida donde el padre ha sido denunciado por maltrato se da la violencia vicaria. Marieta lo tiene claro: “No se le puede dar la custodia a un hombre al que han tenido que poner una orden de alejamiento”. Esta idea también se ha repetido mucho desde la emisión del documental de Rociíto: un maltratador no puede ser un buen padre. 

“Deja de maltratarte a ti y empieza a hacerlo sobre los niños, que pueden acabar sufriendo ansiedad, depresión, bajada del rendimiento escolar...”, lamenta la mujer. Explica que entonces se crean varios perfiles de los menores: “Aparece el niño espía, el niño mensajero, el confidente... y comienzan a tener un conflicto de lealtades”. 

De esta forma, “trasladan las emociones del padre a los hijos”. “Si te empieza a llamar loca, puta o mala madre durante mucho tiempo, el discurso se empieza a reproducir en los niños”. 

“No son locos”

Marieta quiere dejar claro el problema de patologizar estos casos. “No son locos ni enfermos, son narcisistas. Podría ser tu vecino de al lado, que sonríe y en ocasiones incluso parece un padre modélico”, cuenta recordando que poco antes de desaparecer con sus hijas Tomás Gimeno estaba jugando con ellas en el jardín.

Ella y sus compañeras de MAMI tienen algo claro: quieren proteger a sus hijos. “A veces, nosotras no denunciamos para que el niño no viva ese proceso. Yo misma me lo pensé mucho en la puerta de comisaría hasta que salió un policía a preguntarme si quería algo y me rompí”, relata. Para que su proceso no pasase por lo penal y se convirtiese en una pesadilla para ella y los pequeños, hizo un acuerdo con la abogada de su expareja y tuvo un juicio rápido. “No estás preparada para eso, él durmió una noche en calabozo y tu duermes medicada porque te llevan al centro de salud. Además, te mueres de miedo con las consecuencias porque, en el momento que hieres su ego, ya puedes echar a correr”, asegura. 

Un llamamiento a la Justicia

Por eso, la psicóloga hace un llamamiento a la Justicia y al sistema en general. “Cuando hay un mal divorcio, no hay buena comunicación entre los padres. Yo tengo un amigo que se lleva genial con su ex y desayuna con su hija en su casa los domingos y lleva los churros. Nosotras queremos eso”, dice.

“Son casos donde hacen a la madre desaparecer de las vidas de los niños. Los psicosociales a veces hacen informes de risa y dan custodias sin haber interrogado o cuestionado la idoneidad de los padres, sólo preguntando a los hijos con quién quieren ir”, explica. “Y estos hombres pretenden destrozar todo el trabajo que tu has hecho con ellos, acabar con el apego y hacer desaparecer los valores que tú has inculcado”, señala. De esta manera, los niños “acaban solidarizándose con el padre y siendo obligados a posicionarse con seis, siete, ocho años...”. 

Marieta teme las consecuencias de haber hablado en público, pero está convencida de que hay que dar voz a la injusticia. “He dado un paso enorme contándolo, pero tengo miedo a las consecuencias. Espero que cuando lleguen, también haya ayuda para mí. Porque yo estoy segura de que van a llegar”, zanja volviendo a enderezar la voz. 

 

 

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