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27/10/2019 12:34 CET | Actualizado 27/10/2019 12:34 CET

No es una moda: es justicia social

Edgard Garrido / Reuters
Protestas en Santiago de Chile (Chile).

Ahora la moda no es reclamar la igualdad, visibilizar la diversidad o luchar por los derechos sociales. Ahora la moda, es decir que todo eso no es más que una moda. Si lo dices un par de veces en alto hasta te lo llegas a creer. Dicen que practicarlo rebaja en nivel de estrés producido por tener que cuestionar tus propios privilegios y la idea de tener que modificar tus hábitos y tu comportamiento. “Es una moda” “Bah, es sólo una moda” “Es que se ha puesto de moda” Hay varios estilos, pero todos tienen el mismo objetivo: eludir la responsabilidad y restarle importancia para poder vivir tranquilo y pasar página. 

Este viernes Chile se convocó una manifestación multitudinaria para expresar el descontento general y reclamar una sociedad más justa para todas las personas. Bajo el lema “La marcha más grande de Chile” se reunieron a las cinco de la tarde millones de personas de todas las edades, procedencias y tendencias sexuales para decir basta a una situación social insostenible. Para reclamar la dignidad de todos los seres humanos y rebelarse ante un sistema que les considera invisibles. Pero Chile y sus manifestantes no están solos: su malestar es compartido por muchos ciudadanos en el resto del planeta. Sus voces expresan hoy lo que otras personas sufren y también denuncian en otros lugares y de muchas maneras. La justicia social no es ninguna moda ni tampoco el slogan de una camiseta.

Muchos se quejan al ver las noticias o leer la prensa de lo cansino que resulta tener que escuchar noticias sobre feminicidios, maltrato a personas de colectivos desfavorecidos o casos de racismo. Otros se sienten muy ofendidos porque se organicen exposiciones específicas para visibilizar a mujeres artistas, torneos de deporte femenino, editoriales de moda inclusiva, fiestas que celebran la homosexualidad… “¡Qué cansinos, todo el día con lo mismo!” Pero no consideran que soportar todos los días de tu vida tener menos oportunidades y menos derechos sólo por haber nacido con un sexo, un color de piel o en un barrio concreto no sólo resulta cansino, sino que perjudica gravemente a tu vida y a tu bienestar psicológico y físico. Millones de personas son asesinadas, agredidas y menospreciadas diariamente en todo el mundo sin ningún motivo.

Algunas marcas comerciales hacen uso de los temas que interesan para llamar la atención y vender más productos. Y en este caso tampoco estaríamos hablando de una moda, sino del aprovechamiento de un conflicto social. La igualdad no se consigue sólo creando un anuncio en el que una mujer joven que tiene la piel de diferentes tonos se contonea para vender ropa. Una empresa comprometida es aquella que no trata de manera desigual a sus empleados por su género o condición sexual, favorece la conciliación familiar, integra a mujeres en sus puestos directivos y fabrica sus prendas sin contaminar. Por supuesto que los anuncios, los slogans y hasta los actores de una serie pueden ayudar a poner esta necesidad sobre la mesa. Todas las personas desde el lugar que ocupamos en la sociedad podemos hacerlo. Pero tenemos que aprender a diferenciar la pose para la cámara del cambio real. Si la pose significa una puerta abierta por la que entrar y profundizar, bienvenida. Si la pose es sólo un accesorio, una fórmula rápida de cara a la galería para quitarnos la responsabilidad de encima y seguir en nuestra silla, no puede llamarse justicia.    

Comparar los movimientos políticos y sociales de varias generaciones con el consumo rápido y lo accesorio demuestra una falta enorme de perspectiva. Decir que es algo pasajero y trivial, una nula capacidad de empatía. Millones de personas unidas tomando las calles no pueden ser consideradas un capricho o un antojo sino una necesidad vital. 

Si eres es de esas personas a las que les molesta que se escriban artículos sobre feminismo, se emitan noticias sobre derechos sociales o se organicen manifestaciones pregúntate por qué te inquieta. Quizás sea porque te recuerdan que, si no estás haciendo nada, eres parte del problema.

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