INTERNACIONAL
20/06/2021 11:49 CEST

Panamá: los peligros del Estrecho del Darién para los refugiados

Haitianos, venezolanos pero, también indios o bangladesís tratan desesperadamente de cruzar desde Colombia, en busca de refugio.

  • Sara de la Rubia / MSF
    El río Turquesa a su paso por el pueblo de Bajo Chiquito (comarca Emberá-Wounaan), en Panamá. Las personas migrantes que cruzan el peligroso Tapón del Darién, de Colombia a Panamá, llegan a Bajo Chiquito por decenas y centenares de forma diaria después de haber superado la selva. Llegan o bien caminando penosamente, o bien en ocasiones pagando un pasaje para el último tramo de la ruta en piraguas capitaneadas por vecinos, que también tienen que realizar rescates de gente incapaz de seguir avanzando por la selva, a tres o cuatro días todavía de la población y cuyas vidas corren peligro.
  • Sara de la Rubia / MSF
    Cruzar el Darién puede suponer entre cuatro y 10 días (o más), de un bosque tupido, húmedo y enlodado, en el que hay que sortear montañas (la más famosa apodada “la Loma de la Muerte”, o “la Loma del Diablo”), precipicios y barrancos, crecidas súbitas de ríos, largas caminatas a ritmo feroz, insectos y serpientes y hambre y sed. A ello hay que sumar las bandas de ladrones que asaltan a los migrantes, les roban todas sus pertenencias y víveres y abusan sexualmente de las mujeres. Médicos Sin Fronteras (MSF) ha iniciado actividades en Bajo Chiquito para poder cubrir las necesidades médicas de las personas migrantes que llegan heridas, exhaustas, aterrorizadas y desorientadas después de superar el Tapón del Darién.
  • Sara de la Rubia / MSF
    La sala de espera del centro de salud de Bajo Chiquito recibe a los grupos de migrantes y donde MSF los atiende según la gravedad de su situación. El Tapón del Darién se ha convertido en los últimos meses en un lugar de tránsito (pese a su extrema peligrosidad) para miles de migrantes de diferentes nacionalidades. La mayoría, haitianos que tras perder sus empleos por la pandemia en Brasil, Chile o Perú han decidido migrar hacia el norte, seguidos en número por cubanos y de venezolanos.
  • Sara de la Rubia / MSF
    MSF opera en Bajo Chiquito de la mano del Ministerio de Salud y también atiende a los miembros de la comunidad local. La mayoría de las patologías presentadas por los pacientes son producto de días caminando en una selva tropical: pies destrozados, piel atacada por insectos de toda índole, heridas y traumas por caídas y golpes, deshidratación e hipotermia,
    diarreas y vómitos por beber agua del río o inanición por 2 y 3 días sin comer entre otros. Pese a la peligrosidad del Darién familias enteras con niños y mujeres embarazadas se atreven a adentrarse en él. Bebés y mujeres gestantes reciben atención prioritaria al llegar a Bajo Chiquito.
  • Sara de la Rubia / MSF
    Los relatos de los pacientes, además de versar sobre los peligros de la selva y la brutalidad de las bandas de criminales que los asaltan, incluyen el número de personas que son incapaces de continuar el camino porque han sufrido fracturas de tobillos o pies, que han llegado al límite de sus fuerzas y que se quedan atrás, sin que nadie pueda ayudarles. Los migrantes cuentan asimismo cómo se encuentran cadáveres en el camino, de personas que cayeron por barrancos o gente (niños incluidos) que se ahogó en ríos.
  • Sara de la Rubia / MSF
    Las necesidades de los migrantes en Bajo Chiquito dejan mucho de estar cubiertas. Llegan a la población panameña al borde de la extenuación, mojados, sucios, agotados, magullados y sin apenas poder mantenerse erguidos sobre unos pies destrozados. Tras ser registrada su entrada en Panamá y recibir una bolsa con comida por parte de las autoridades, luego deben procurarse alojamiento (normalmente un espacio en un cuarto o donde colocar una tienda de campaña que pagan a la gente de la comunidad), un lugar donde cocinar, o cómo contactar con sus familias para decirles que están bien y/o recibir dinero para poder continuar su
    camino.
  • Sara de la Rubia / MSF
    Tras permanecer en Bajo Chiquito entre uno y tres días, las autoridades organizan su traslado a Estaciones de Recepción Migratoria (ERM). Para facilitar el recuento y la distribución de los migrantes, son separados en la cancha del pueblo según sus nacionalidades. En el registro de hoy se cuentan además de haitianos, cubanos y venezolanos, senegaleses,
    sierraleoneses, dominicanos y bolivianos y ecuatorianos, pero por el Darién pasan también ciudadanos de India, Bangladesh, Pakistán o Yemen.
  • Sara de la Rubia / MSF
    El único método de trasladar a los migrantes a las ERM en temporada de lluvias desde Bajo Chiquito es mediante piragua, con una capacidad aproximada de 13-15 personas por embarcación. Como las piraguas salen juntas, el proceso de la salida puede demorarse varias horas. En este caso, el traslado debió ser abortado por la intensidad de las lluvias, que hacía el viaje por río muy peligroso.
  • Sara de la Rubia / MSF
    Salida de piraguas el pasado domingo. Los migrantes celebran abandonar Bajo Chiquito y sobre todo, dejar atrás el Darién. Aun así, muchos desconocen que en algunos casos las estancias en las Estaciones de Recepción de Migratoria a las que se dirigen se pueden alargar en el tiempo. Y desde Panamá, aun les faltan más de 5.000 kilómetros y cruzar Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México, para llegar a la frontera con Estados Unidos, el destino final para la mayoría de los migrantes.