Se acabó la 'party': Boris Johnson dimite como primer ministro de Reino Unido

Su flamante victoria en 2019 ha sido la base para ir capeando los escándalos... que finalmente le han llevado a dejar el cargo.
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Se terminó la party. Se acaba la música, se encienden las luces... Y Boris Johnson, que se aferraba al cargo como quien agarra la última copa imaginándose que la noche -y la fiesta- no ha llegado a su fin, no ha tenido más remedio que dimitir. “Nadie es indispensable en la vida política”, ha sentenciado ante los medios y ante la emblemática puerta del número 10 de Downing Street. Sus palabras de derrota llegan tras 48 horas agónicas en la que la situación era absolutamente insostenible: 57 cargos de su Gobierno han presentado su dimisión. Y los que no lo habían hecho le habían instado, en privado, a hacerlo.

“Está claro que la voluntad del Partido Conservador en el Parlamento es que debería haber un nuevo líder del partido y por tanto un nuevo primer ministro”, ha manifestado. Eso sí, Johnson, que ha estado acompañado de sus más cercanos colaboradores, además de su mujer Carrie con una de sus hijas, ha pedido a los suyos que le dejen mantenerse de modo interino en el cargo hasta octubre. Esta estrategia ya la intentó su predecesora en el cargo, Theresa May, pero no le funcionó y terminó abandonado antes del congreso del partido. Quién le suceda al frente del partido tory, y por tanto del Ejecutivo británico, tendría que conocerse antes de que los conservadores celebren su congreso anual, previsto para octubre, según ha informado una fuente de Downing Street a la agencia Efe. Pero esto es política y las quinielas llevan semanas sonando y poniendo nombre y apellidos a sus posibles sustitutos.

El punto de inflexión en toda esta crisis gubernamental fue el martes 5 de julio: ese día Rishi Sunak y Sajid Javid dimitieron como titulares de Economía y Sanidad, respectivamente. Entonces, Johnson afrontó un aluvión de dimisiones, entre ellos ministros y secretarios de Estado. Pese a la gravedad de la situación, asumir que tenía que dejar el cargo le ha costado. Se consideraba un superviviente capaz de superar cualquier polémica ya que, según defendía con cada nuevo escándalo que le salpicaba, tenía “un claro mandato” tras las elecciones y su deber era el de “seguir adelante”.

Pero el caso Pincher ha sido el remate. Sólo había pasado un mes desde que Johnson superara la moción de censura por el partygate -el escándalo por las fiestas organizadas en Downing Street durante la pandemia- cuando le estallaba una nueva polémica. Chris Pincher dimitía como responsable de disciplina parlamentaria de los tories, después de que se filtrara que tocó inapropiadamente a dos hombres en un club privado del partido. El pasado fin de semana se destaparon además nuevas acusaciones de otros hombres que revelaron casos de conducta sexual inapropiada protagonizados por Pincher en distintas ocasiones que se remontan, en algunos casos, a hace una década. Este escándalo ha provocado una tormenta alrededor de Boris Johnson, tras reconocer el primer ministro británico que tenía “constancia” de su inapropiada conducta. Y la gran mayoría de los que le rodean ha dicho basta.

Johnson y su personalidad

La derrota de Johnson es abrumadora para una personalidad con rasgos del trumpismo: poco dado a tomar decisiones que se materializaran en un descenso de su popularidad, con una tendencia a torear las polémicas a base de bromas e ironía y, de vez en cuando, pronunciando alguna disculpa. Él, que con su victoria en diciembre de 2019 fue capaz de mejorar tanto los resultados de Theresa May, que logró 318 asientos en 2017, como los de David Cameron en 2015, que se conformó con 330 -ambos dimitieron por no poder llevar adelante la ruptura con la UE-, cosechó el resultado más alto de su partido, los conservadores, desde la victoria de Margaret Tatcher en 1979, con 339 diputados.

Y ahora suma otro dato histórico, como recuerda Efe: dimite cuando solo le quedaban 16 días para cumplir los tres años como primer ministro, lo que convierte su estancia en Downing Street en una de las más cortas desde 1900. Un duro golpe para su ego. De ahí, quién sabe, su intento por llegar a otoño: si aguanta en el cargo dos días más ya superaría a Neville Chamberlain y si resiste un mes más, ya superaría a Theresa May.

Con su paso atrás los conservadores afrontan, de nuevo, la dura tarea de reconstrucción, porque Johnson ha ido poniendo tiritas entre los tories e incluso ha minado, más aún si cabe, la relación de Reino Unido con la Unión Europea. No ha sido un primer ministro que ha buscado la unión, sólo ha tendido puentes en función de sus intereses. Buena prueba de ello ha sido cómo ha gestionado la que siempre ha sido su gran bala: el Brexit. Necesitado como ha estado de chutes de popularidad, el último mes ha jugado a usar el divorcio con los 27 todo lo que ha podido y más, llegando incluso a amenazar con cambiar unilateralmente varios puntos del acuerdo firmado con la UE para la frontera con Irlanda del Norte. Otro frente que abrió en el seno de su partido, donde su gestión a base de combinar populismo y nacionalismo no es que haya ido sumando adeptos; más bien al contrario.

Pensando ya en qué Reino Unido queda tras la marcha de Johnson, The Economist apela a esa tarea de reconstrucción entre los conservadores: “Su marcha solo será catártica si reconocen una segunda verdad menos cómoda: Johnson fue la respuesta a las contradicciones de su partido. Muchos de los actuales diputados tories pertenecen a la tradición de impuestos bajos, más libertaria y de libre mercado, pero otros, muchos de ellos de circunscripciones del norte, se adhieren a una nueva facción de grandes gastos, más intervencionista y proteccionista. (...) El carismático Boris Johnson fue capaz de unir estas facciones porque nunca sintió la necesidad de resolver sus contradicciones. Al contrario: era partidario tanto del proteccionismo como de los acuerdos de libre comercio; quería acabar con la burocracia excesiva al tiempo que castigaba a las empresas energéticas por sus altos precios; planeaba un enorme gasto público pero prometía amplios recortes fiscales”.

En este sentido, la exjefa del Ejecutivo británico Theresa May ha sido clara la hora de especificar qué espera del futuro nuevo líder de los conservadores: “Querría ver a alguien que quiera concentrarse en sanar las divisiones, que quiere unir al país y unir al partido. Esto es importantísimo para avanzar”. Y ha ido más lejos al admitir, según recoge Efe, que le “preocupa” la situación que tienen otros países, como “la polarización de la política en Estados Unidos, por ejemplo”. “Creo que necesitamos asegurarnos de que evitamos caer en esa ruta muy polarizada en la política y en la sociedad”, ha sentenciado.

¿Cómo se elige ahora al primer ministro?

EUROPA PRESS.- La dimisión de Boris Johnson como líder del Partido Conservador británico aboca a sus compañeros a buscar a un sustituto, con un proceso que arranca en un primer momento con las postulaciones de los candidatos, sin que por ahora haya un claro favorito.

La salida ―forzada o no― de un mandatario abre la carrera por la sucesión con una primera etapa en la que los potenciales candidatos deben reunir el aval de al menos ocho diputados.

Si hay más de dos aspirantes, se abre una ronda de votaciones en las que van cayendo eliminados. Así, en una primera votación quedan fuera los que reciban menos de 18 votos entre los diputados tories, y en una segunda ronda quienes no superen el umbral de los 36.

El proceso avanza hasta que sólo queden dos candidatos ―si de primeras ya fuese así, el proceso iría directamente a este punto―. En este momento, el Partido Conservador avanza a una votación por correo de las que ya sale el ganador definitivo.

La experiencia de anteriores primarias demuestra que la carrera por el liderazgo tory suele ser amplia, ya que por ejemplo en la de 2019 una decena de políticos dieron un paso al frente. La batalla final enfrentó al actual primer ministro, Boris Johnson, con el exministro de Exteriores, Jeremy Hunt, y se saldó a favor del primero, que obtuvo más del 51% de los votos.

El nuevo líder se convierte automáticamente en primer ministro, en la medida en que se asume que cuenta con la mayoría parlamentaria, y no está obligado a acelerar la convocatoria de elecciones. Así, en principio puede intentar agotar la legislatura, hasta los comicios previstos en enero de 2025.

El propio Johnson entró en Downing Street a mitad de mandato, al igual que su predecesora, Theresa May, que asumió la jefatura del Gobierno tras la dimisión de David Cameron.

Las cosas de Boris Johnson