Sunak supera los 45 días de Gobierno de Truss tratando de recuperar la confianza perdida

Sunak supera los 45 días de Gobierno de Truss tratando de recuperar la confianza perdida

Su plan fiscal es más ortodoxo, pero siguen la inflación y la pérdida de poder adquisitivo. Se ha ganado buena estampa internacional, pero las encuestas son terribles.

DANIEL LEAL via Getty Images
Rishi Sunak, el 28 de noviembre pasado, en una cena de gala del Ayuntamiento de Londres. DANIEL LEAL via Getty Images

Rishi Sunak supera este jueves los 45 días que estuvo en el poder su antecesora, Liz Truss, en el que fue el mandato más escandalosamente corto de la historia de Reino Unido. El nuevo primer ministro cumple seis semanas en Downing Street y ese es, objetivamente, un plazo bastante corto para valorar su desempeño. Sin embargo, el conservador ya ha tenido tiempo para evidenciar algunos rasgos de su personalidad y de su ideología, para apostar por unos y traicionar otros, para soportar crisis y tratar de adaptarse, pragmático como es.

No se puede decir que le haya ido mal del todo a este economista de 42 años que ha hecho historia por su caótica llegada al poder y por sus orígenes migrantes. Las tasas de interés han comenzado a estabilizarse, los mercados financieros se han tranquilizado y la política económica del Gobierno ha vuelto a ser más ortodoxa que la anunciada por Truss en su minipresupuesto de la discordia.

Se le ve cómodo en un puesto que ansiaba. Intenta mostrarse dinámico -hasta en lo físico, hay quien lo compara con Barack Obama-, moderadamente optimista y cercano. Pero tampoco se oculta cuando tiene que reconocer que la inflación por encima del 10% es imparable, que la sociedad pierde poder adquisitivo a chorros y que los recortes han venido para quedarse.

Lo hecho

Sunak empezó haciendo una enmienda casi a la totalidad de la política fiscal de su predecesora, para la que se tomó un tiempo, no  como ella. Ha planteado al fin una serie de subidas de impuestos y recortes del gasto público para generar 55.000 millones de libras (unos 63.000 millones de euros) en los próximos cinco años, a fin de reducir el endeudamiento del Reino Unido. Espera aumentar en unos 25.000 millones de libras (28.555 millones de euros) la recaudación y recortar el gasto en 30.000 millones de libras (34.266 millones de euros). Sube impuestos y reduce la inversión en política social, dice que es a la desesperada, pero los que estaban a la intemperie siguen a la intemperie.

Los salarios no aumentan al mismo ritmo que suben los precios, lo que significa que la mayoría de las personas son más pobres, y eso ha hecho que colectivos que ya se estaban movilizando cobra el entonces premier Boris Johnson hayan vuelto a las calles, a los paros: sanitarios, profesores, funcionarios de correos, personal de trenes... Nada de eso puede hacerlo popular, por mucho que se ponga el traje de hooligan porque viene el Mundial de Qatar o coloque adornos de Navidad junto a su familia.

Ese es el marco de actuación que, por ahora, va marchando su gestión. “Es el dinero”, que diría Bill Clinton. Pero Sunak también está teniendo que afrontar problemas más domésticos, en su propio gabinete. Primero, sudó para justificar en el Parlamento la vuelta al Ministerio de Interior de Suella Braverman, que envió documentos oficiales por una cuenta de correo privada, violando todos los protocolos de seguridad. Luego, se le fue el ministro sin cartera Gavin Williamson, por un caso de acoso laboral en el seno de su partido y ha tenido que ordenar que se investigue de forma independiente a su titular de Justicia, Dominic Raab, por humillar y vejar a sus colaboradores, denuncias que han cuajado en dos demandas.

Rishi Sunak y Akshata Murty, su esposa, ante el árbol de Navidad de Downing Street.
  Rishi Sunak y Akshata Murty, su esposa, ante el árbol de Navidad de Downing Street.via Associated Press

Tiene incendios en Irlanda del Norte, donde tocan elecciones anticipadas ante la falta de acuerdo para que haya un Gobierno de coalición como ordenan los acuerdos de paz del Viernes Santo, y en Escocia, donde los independentistas han recibido un revés del Supremo, que dice que sin el visto bueno de Londres no pueden celebrar un nuevo refrendo de independencia, idea en la que persisten, pese a todo.

En lo legislativo, ha vuelto a prohibir la extracción de hidrocarburos por fractura hidráulica (fracking), un veto que Truss había levantado con la excusa de la actual crisis energética, y está acabando un plan de inmigración que, dice Interior, podría recuperar las repatriaciones a Ruanda, tan polémicas. Las cifras de personas sin papeles es “inaceptable” y entre las promesas de Sunak antes de acceder al cargo figuraba la de reformar las leyes de asilo, “que no funcionan”, y la de otorgar al Parlamento el poder de establecer un límite anual al número de refugiados que pueden asentarse en Reino Unido. Está por ver en qué cuaja.

Con Francia, mientras, sí que ha firmado un acuerdo para controlar el flujo en el Canal de la Mancha, con un aumento de patrullas conjuntas. Londres se compromete a aportar más de 72 millones de euros en un año para reforzar el operativo, se incrementará la vigilancia en un 40% y agentes británicos podrán trabajar en la costa francesa. Era una importante deuda pendiente de Johnson y Truss que, dicen los analistas, ha ablandado el carácter de Sunak.

No ha tocado nada, sin embargo, de su ambicioso plan educativo, una “reforma radical” para “proporcionar recursos de enseñanza, reducir la carga de trabajo e inspirar a los alumnos con nuevas formas de aprendizaje”. Y se está encontrando problemas en el Parlamento en debates sobre normas de edificación o de energía eólica... de sus propios compañeros de bancada, lo cual evidencia que siguen habiendo muchas familias e intereses en el seno de los conservadores.

En materia ambiental, Sunak empezó mal, rechazando ir a la Cumbre del Clima de la ONU en Egipto (COP27) nada más llegar al cargo, para luego recular y viajar y lanzar uno de los mensajes más verdes del encuentro. Entre otras cosas, ha prometido que Reino Unido va a triplicar su financiación contra el calentamiento global. Que haya dado más de 800 millones para hacer una nueva planta nuclear ha pasado más por alto, porque es sustituir una vieja por una nueva. Lo de Sharm El Sheikh fue un tanto que se marcó, aplaudido por la prensa local, como cuando la semana pasada salió al paso de las nuevas acusaciones de racismo en el seno de la Casa Real, que costaron la dimisión de una asistente de Carlos III. “Hay que hacerle frente”, dijo, poniendo de ejemplo su propio aguante ante los que le reprochan su origen hindú.

En el mundo

El premier ha tenido en estas semanas una buena estampa internacional. Ha tenido la oportunidad de acudir a cumbres como la del G-20 y a encuentros bilaterales de altura, como con el presidente de EEUU, Joe Biden, a quien le ha sacado un acuerdo para duplicar las importaciones de gas el año entrante que pone a Reino Unido en una situación de ventaja respecto a Europa.

Sobre todo, se ha mostrado como un líder comprometido con Ucrania, hasta donde viajó para ver al presidente Volodimir Zelenski. Avanzadilla de la OTAN, le ha prometido defensas aéreas de vanguardia y va a desplegar los primeros helicópteros aliados, además de acelerar la formación de militares ucranianos en su territorio. Sunak fue aplaudido porque en Bali, en el G-20, se encaró con el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y le reclamó “el fin de esta bárbara guerra”.

También China ha estado en su diana. En un discurso en una cena de gala, dijo que la “era dorada” entre Pekín y Londres estaba acabada y denunció los regímenes autoritarios que desafían a Occidente. Al embajador chino lo llamó a consultas la semana pasada, después de que un periodista de la BBC fuera agredido y detenido en las protestas contra las políticas de covid cero.

¿Y dónde queda el Brexit? Sunak era un brexiter claro y lo sigue siendo pero sus formas, de nuevo, han ayudado a mejorar el diálogo abierto con Bruselas sobre los protocolos y la frontera en Irlanda del Norte. La Comisión Europea habla ahora de una “aproximación constructiva” entre las partes y, extraoficialmente, se cree que será posible llegar a un acuerdo antes de Navidad. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, sostiene que se está hablando “con un espíritu nuevo y más pragmático”, que los contactos con el primer ministro son “alentadores”. Si se incumple el protocolo, la UE promete sanciones y restringir fuertemente el comercio con las islas británicas.

Sunak ha descartado alinearse de nuevo con las leyes comunitarias, a la luz de este acercamiento. “Nunca”, repite en sus comparecencias. Aspira a tener unas relaciones “respetuosas y maduras” con los Veintisiete, sobre todo en energía o inmigración, pero su apuesta es reforzar la colaboración país a país.

Rishi Sunak y Joe Biden, el 16 de noviembre, en la reunión del G-20 en Bali. 
  Rishi Sunak y Joe Biden, el 16 de noviembre, en la reunión del G-20 en Bali. Leon Neal via Getty Images

Terribles encuestas

45 días que han dado para todo eso... pero no para mejorar las encuestas. El premier sigue estando muy muy por detrás de los laboristas. Las mejores encuestas le dan una ventaja a los de Keir Starmer de 34 puntos; las peores,  de 14. La media da un 52,2% a los progresistas y un 22,5% a los conservadores. Una diferencia hoy por hoy insalvable, pese a que los conservadores tienen la mayoría absoluta de la Cámara.

La formación está cansada, desacreditada, arrastra un enorme déficit de confianza electoral, y eso no se supera con un nuevo nombre, un nuevo rostro. Hace falta un cambio profundo que, aún, no ha llegado a sus filas. Starmer parece serio, pero tampoco tiene especial tirón y, aún así, está cosechando éxitos en sus intervenciones parlamentarias que hacen daño a Sunak.

De momento, su primera cita electoral como primer ministro la ha saldado con una derrota: era un escaño por Chester, en el que había que relevar a un diputado que había dimitido, que han mantenido los laboristas. Era lo esperado. La sorpresa ha estado en que los tories han logrado el peor dato en la circunscripción ¡desde 1832!

Por eso hay señales claras de que los propios conservadores han comenzado a perder la esperanza de ganar las próximas elecciones generales. No saben aún si Sunak será su candidato, si habrá nuevas fracturas, quién quedará para tirar del carro, cuando se suceden las marchas de grandes nombres, no sólo veteranos, sino cincuentañeros con enorme proyección aún.

Tampoco ayuda que haya filtraciones interesadas que sostienen que Johnson sí llegó a tener los avales suficientes para pelearle a Sunak el liderazgo del partido, los famosos cien nombres. Johnson alegó que no presentarse era “lo correcto” para garantizar la unidad del partido, después de que las especulaciones sobre su regreso volviesen a poner de manifiesto la polarización existente en torno a su figura, en un momento especialmente delicado para los tories. Pero ¿y si desea volver? ¿Seguirá manteniendo esos apoyos?

Larga y complicada tarea la que le queda a Sunak por delante...