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02/06/2021 07:08 CEST | Actualizado 02/06/2021 07:08 CEST

Tiempo para la concordia

Los defensores de los indultos deberían explicar muy bien por qué quieren otorgarlos a personas que no los han pedido y que no se arrepienten de lo que han hecho.

Andreu Dalmau / EFE
La consellera de Universidades e Investigación, Gemma Geis, y el conseller de Educación, Josep González-Cambray.

Imagínense por un momento que compramos la chatarra sanchista según la cual las personas encarceladas no lo están por sus acciones contrarias a la ley sino por una irreprimible ansia de venganza. Sí, ya sé que es pedirles mucho, porque de seguir este razonamiento deberíamos soltar a toda la población reclusa, pero vamos a pensar por un momento que nos creemos que los indultos van a inaugurar un tiempo de concordia. Si tenemos en cuenta que los que llevan años socavando la relación entre catalanes son los separatistas, sería interesante saber qué van a hacer a partir de que se les concedan los indultos para que llegue la anhelada concordia.

Empecemos por el tema de la educación. Pese a que poder estudiar en lengua materna es un derecho del niño reconocido y pese a que todos los estudios publicados sostienen que es un facilitador del aprendizaje, en Cataluña no se permite que la mayoría de los alumnos puedan estudiar en su lengua materna que, además, es la lengua oficial del país. ¿Se va a acabar por fin esta injusticia que repercute negativamente en la enseñanza de nuestros niños?

Por si esto no fuera lo suficientemente grave, los nacionalistas siempre han concebido la escuela como la clave de bóveda que sostiene esa obra de ingeniería social mediante la cual pretenden que los catalanes no nos sintamos españoles.

Solo hay que ver los máximos responsables de la educación en Cataluña en los últimos años para echarse a temblar: Irene Rigau, condenada por desobediencia, Clara Ponsatí, fugada de la justicia, y Josep González-Cambray, acusado por su participación en un pelotazo urbanístico. Eso, por lo que respecta a los consejeros, pero es que la presidenta del Consejo Escolar de Cataluña, Anna Simó, está condenada por desobediencia y Josep Maria Jove, hasta ahora presidente de la Comisión de Educación, está acusado de los delitos de malversación, desobediencia y revelación de secretos.

¿No les da pavor que la educación de los menores catalanes esté en manos de personas así? ¿Cómo van a contribuir a la concordia, si González-Cambray lo primero que ha hecho como consejero es mandar una carta a los centros para decir que son parte de la Generalitat republicana?

Por otra parte, para los nacionalistas catalanes, las personas venidas de otros puntos de España e incluso sus hijos y nietos, somos ciudadanos de segunda y no les duelen prendas dejar constancia de ello cada vez que tienen ocasión y de ahí que antes se nos llamara charnegos y ahora, colonos. Y esto no es algo de cuatro exaltados de Twitter: tanto la presidenta del Parlamento, Laura Borràs, como el expresidente de la Generalitat Quim Torra y uno de los candidatos a los indultos, Oriol Junqueras, han dejado plasmadas por escrito sus ideas supremacistas. ¿Van a dejar de tratarnos, por fin, como ciudadanos de segunda? Porque eso contribuiría poderosamente, sin duda, a la concordia.

Y luego está que los separatistas no se han conformado con hacernos la vida imposible a sus conciudadanos, qué va. Ellos llevan tiempo exportando su inquina más allá de nuestras fronteras y malversando cantidades indecentes de dinero para ello. Dinero utilizado en contratar lobbies, en comprar voluntades y, sobre todo, en desprestigiar España. Todo lo que hacen contra España repercute negativamente sobre Cataluña y, además, obliga al Estado a gastar sus recursos para intentar salvar nuestra imagen exterior. Un auténtico despilfarro de dinero que se podría estar utilizando en mejorar la vida de los ciudadanos en lugar de engordar la inconmensurable lista de enchufados nacionalistas.

Porque ese y no otro es el auténtico leitmotiv: que unos cuantos puedan vivir lo mejor posible a costa de los recursos públicos. No es extraño, pues, que Cataluña sea, con mucha diferencia, la comunidad autónoma con más altos cargos y mejor pagados. Si les dan los indultos, ¿van a dejar de gastar el dinero de todos los catalanes en colocar a sus amiguetes en sus innumerables e inútiles chiringuitos? ¿Va a dejar de alimentar ese pozo sin fondo que es TV3, que ha utilizado los fondos covid para pagar documentales separatistas y un programa de supuesto humor como Polònia?

Estaría muy bien que los presos separatistas contestaran a estas preguntas para saber si sus indultos van a mejorar realmente la concordia entre catalanes. Pero, claro, parece difícil que esto suceda cuando uno de ellos, Jordi Cuixart, ha afirmado que: “no hemos pedido el indulto y no lo pediremos; ni nos arrepentimos ni consideramos que sea la solución”. Y otro, Jordi Sánchez, ha dicho que les tenemos que pedir perdón a ellos.

Los defensores de estos indultos deberían explicarnos muy bien por qué quieren otorgarlos a personas que no los han pedido y que no se arrepienten de nada de lo que han hecho. Y que nos expliquen, de paso, qué es lo que ellos consideran concordia, porque mucho me temo que va a ser lo de siempre: que el oasis catalán consista en que los no nacionalistas nos estemos calladitos para no perturbar su calma.

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