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03/10/2015 10:00 CEST | Actualizado 03/10/2016 11:12 CEST

El ramo de flores, el corredor mediterráneo y el arroz a la cazuela: tres detalles de la campaña electoral

levyEl PP se sumó a la estrategia, presente estos últimos años, de comparar el largo conflicto entre el Estado y Cataluña con un mala relación de pareja y una posible separación conyugal. Aquel ramo de flores que a veces la pareja (habitualmente el hombre), en un gesto sobre todo de olvido, regala a la parte contraria.

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El PP en las postrimerías de la campaña electoral rodó un spot en el que hacía una rara declaración de amor a la población catalana. Como puede encontrarse en las redes, no comentaré personajes, ni contenido, ni caras. Sólo dos aspectos. El primero es que el PP se sumó a la estrategia, presente estos últimos años, de comparar el largo conflicto entre el Estado y Cataluña con un mala relación de pareja y una posible separación conyugal. Aquel ramo de flores que a veces la pareja (habitualmente el hombre), en un gesto sobre todo de olvido, regala a la parte contraria. Si se habla en estos términos es imprescindible recordar que el reconocimiento y el respeto son pasos previos al amor. ¿Los demuestra un ramo de flores?

Otro aspecto notable del spot es el uso del catalán: cuentan que Mariano Rajoy era la primera vez que hablaba una lengua que no fuera la castellana, se cuenta --aunque cueste creerlo-- que no ha hablado nunca en gallego. Y un detalle de lengua: la pronunciación. Quizás hicieron el spot a toda prisa, pero es trístisimo, no que cada interviniente hable el catalán con acento distinto, que esto es siempre así, todo el mundo tiene acento, vaya, sino que nadie les dijera que para pronunciar la «m» final de «estimem» (amamos) basta con cerrar la boca al terminar la palabra. Tener en cuenta esta fácil acción permitiría decir «punto.com» y expresiones similares con total solvencia a las personas monolingües en castellano. Esta descuidada manera de decir «estimem» liga con aquella otra desgraciadamente tan extendida de acentuar la primera sílaba de «Ártur» o «Ántoni (Tàpies)», convirtiendo los nombres en francamente extranjeros, cuando la vocal tónica en la palabra aguda «Artur» o en la palabra plana «Antoni» no ofrece ninguna dificultad a hablantes del castellano.

A lo largo de la campaña se habló del corredor mediterráneo, símbolo emblemático de la desidia y la inoperancia del Estado. Obviando a algún político que no sabía de qué le estaban hablando, fue interesante ver que uno de los muchos caminos que tomó el discurso del miedo pasó por anunciar que nos quedaríamos (ese «nos» equivalía a Cataluña) sin el tan imprescindible corredor, sin darse cuenta de que esto es lo que ocurre actualmente. De ello se desprenden al menos tres cuestiones. La primera es presentar la política como cruda y fría venganza. La segunda es considerar que España no necesita el corredor; es decir, actuar en realidad como si Cataluña no formara parte del Estado, como si ya fuese independiente. La tercera y no menos importante es constatar un tic presente en amenazas de distinto tipo: «si haces esto, no tendrás aquello», cuando, en realidad, no se sabe qué pasará en el futuro con esta infraestructura, pero es justamente el statu quo actual --seguir como hasta ahora-- lo que impide que el corredor mediterráneo exista: han tenido décadas para construirlo, hace años y años --siglos-- que se habla de él, y no es tan sólo que no lo hayan construido, es que el PSOE casi siempre lo ha despreciado y a veces lo ha llegado a combatir; el PP incluso lo vetó en la Comunidad Europea (José María Aznar en 2003).

El 26 de septiembre, vigilia de las elecciones, un grupo de amigas y amigos, tras dar buena cuenta de un rico arroz a la cazuela, hablan sobre las votaciones del día siguiente. No votarán lo mismo y la cuestión del 'sí' o el 'no' a la independencia está muy presente y condiciona algunos votos. La discusión es apasionada, colorida y, sobre todo, cordial. Un detalle como éste no muestra evidentemente si hay fractura o no en una sociedad, como tampoco lo demuestra el detalle de que un ministro afirme que en su casa no pueden celebrar la comida de Navidad por culpa de dependentismo y independentismo; es decir, recuerda que hay gente que llega a las manos hable de lo que hable: de fútbol, de política o del tiempo y hay gente que lo hace reconociendo y respetando a las demás personas (amarlas puede ser recomendable pero en todo caso es optativo).

En este sentido, es interesante comparar el tono del debate Junqueras/Margalló con según qué debates parlamentarios o con ciertas tertulias. Recuerda que, en efecto, las dos opciones están vivas y presentes, al menos en Cataluña. Recuerda que el espectáculo lamentable del tira y afloja de las banderas en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona el día de la Mercè fue cosa de dos políticos que luego amplificó un grupo de periodistas, pero no de la sociedad. Recuerda que a nadie se le ha ocurrido decir que hay fractura social o hablar de un país partido en dos cuando en el Estado la mitad de votantes ha optado por el PSOE y la otra mitad por el PP. Recuerda que es una elección y una toma de posición política tildar la actual situación de «fractura» o «país partido en dos» y no hablar, por ejemplo, de «pluralidad», «diversidad» o «divergencia».