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23/07/2013 07:29 CEST | Actualizado 21/09/2013 11:12 CEST

El futuro de las reformas en Irán con Hassan Rouhani

Las elecciones en Irán no son un duelo entre el partido de Gobierno y la oposición. Son, en el mejor de los casos, un reordenamiento al interior de la camarilla gobernante. La oposición real no está autorizada ni siquiera a vivir libremente, y ni pensar en lanzar candidaturas.

Con la reciente ascensión del clérigo Hassan Rouhani, tras las elecciones presidenciales en Irán, mucho se ha dicho respecto a las posibilidades de cambio en el país. Para analizar el futuro de la reforma y el rol de Rouhani como moderado, vale la pena refrescar nuestras memorias sobre cómo funciona el sistema político en la teocracia.

A diferencia de Francia o Estados Unidos, donde el presidente tiene la decisión final en asuntos claves, en Irán esta función está reservado para un mullah no elegido popularmente, llamado el "Líder Supremo" Ayatollah Ali Jamenei, quien reemplazó al anterior Ayatollah Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica.

De acuerdo al artículo 110 de la Constitución, el líder puede destituir al presidente y nombrar o destituir jefes de la guardia revolucionaria, del ejército, el jefe de la justicia, la cabeza de los servicios de radio y televisión, entre otros. Además de esto, tiene el poder de emitir un Decreto de Estado que anula todas las decisiones tomadas por cualquier otra persona o institución en el país. No es una sorpresa que el supuestamente reformista presidente Jatami una vez describiese su función como nada más que el "hombre de logística" hacia al final de su periodo. Las decisiones en temas sensibles, como la guerra en Siria o el programa nuclear, están completamente bajo el dominio del líder supremo.

Las elecciones en Irán no son un duelo entre el partido de Gobierno y la oposición. Son, en el mejor de los casos, un reordenamiento al interior de la camarilla gobernante. La oposición real no está autorizada ni siquiera a vivir libremente, y ni pensar en lanzar candidaturas. Incluso candidaturas de oficiales de alto rango que no estaban plenamente con el líder supremo, como Rafsanjani, fueron eliminadas antes de las elecciones por el Concejo de Guardianes. A las mujeres también les fue negada la participación, excluyendo así la mitad de la sociedad.

Sumado al hecho de que los ocho candidatos elegidos por el régimen eran consejeros, ayudantes o representantes de Jamenei, esta elección se llevó a cabo en el marco de una absoluta represión, incluyendo la prohibición del acceso a internet, un veto a los medios y la movilización de los Guardias de la Revolución y de agentes de seguridad. Más de un millón de policías y fuerzas de seguridad se emplearon en controlar al pueblo y suprimir la disidencia.

Una mirada rápida a los antecedentes de Rouhani puede también ayudar a clarificar sus intenciones. Ha sido parte de la élite del poder durante tres décadas. Tuvo el cargo de secretario del Concejo Supremo de Seguridad Nacional durante 16 años y fue nombrado por Jamenei como miembro del poderoso Concejo de Discernimiento. Hasta este último mes, era el representante de Jamenei en el Concejo Supremo de Seguridad Nacional. También fue jefe del equipo negociador con la troika Europea en temas nucleares, donde admitiría orgullosamente que compró tiempo para avanzar con la tecnología nuclear mientras los líderes de la Unión Europea estaban ocupados negociando con él. La aprobación de Rouhani por parte del Consejo de Guardianes, mientras la candidatura de Rafsanjani fue eliminada, es otro signo de su adherencia al líder supremo.

Pero ¿no podría ser que la aparición de Rouhani en la escena política sea una indicación de que el líder supremo está finalmente avanzando hacia la idea de reforma y moderación? Si este fuese el caso, entonces ¿quién mejor que Rafsanjani, con una mirada más pragmática y peso político para lograr este objetivo? Todo lo contrario: la eliminación de Rafsanjani es la señal más clara de que Jamenei está plenamente determinado a mantener su objetivo de lograr tener armamento nuclear.

Algunos preguntan por qué Jamenei no fabricó elecciones para traer a alguien de su propia facción, como Saeed Jalili. Puede ser que las divisiones internas recientes lo hayan dejado tan debilitado políticamente que no se atreva a hacer tal cosa, principalmente con el objetivo de evitar un levantamiento similar al observado en el 2009, tras la pantomima de elecciones que reeligieron a Mahmoud Ahmadinejad.

Un ataque de cohetes el día después de las elecciones contra miembros de la oposición en el Campo Liberty de Irak fue una clara muestra de lo que el régimen más teme. "Unas horas antes de anunciar el resultado de las elecciones, Jamenei intentó ocultar su derrota al atacar el campamento Liberty y asesinando combatientes de la libertad en un intento de advertir al pueblo iraní que se preparaba para levantarse", dijo la Sra. Maryam Rajavi, presidenta del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní frente a más de 100.000 personas en la convención anual de la resistencia el 22 de junio en París.

El papel de Rouhani en esta ecuación es principalmente comprar tiempo para las metas nucleares de Teherán, algo que ya ha hecho con éxito en el pasado. Pero, a diferencia de las rondas previas, el tiempo no es ilimitado para resolver el tema nuclear. En algún punto occidente va a tener que escoger entre aceptar un Irán nuclear o tomar un rol más activo de confrontación.

A diferencia de sus predecesores, Rouhani ahora se enfrenta a tres asuntos mayores que deben ser resueltos en los próximos meses. El primero es el tema nuclear, el segundo la guerra en Siria, y el tercero el número sanciones contra la devastada economía iraní. El régimen se enfrenta a una situación incómoda por el impacto de las sanciones en su economía, así como el descenso de los precios del petróleo y el creciente desempleo entre los jóvenes. Se estima que hay alrededor de 5 millones de jóvenes sin empleo en el interior de Irán. Con la promoción reciente y el comienzo de las vacaciones de verano, estos números seguirán aumentando.

Si la intención de Rouhani es llevar a cabo una reforma significativa, hay indicadores claros por los cuales juzgar sus políticas. Tomar acciones que lleven hacia el mejoramiento de derechos humanos básicos, liberar a todos los prisioneros políticos y detener las ejecuciones públicas sería un comienzo. Detener el enriquecimiento de uranio y abrir las instalaciones nucleares para una inspección también sería demostrar buenas intenciones hacia la comunidad internacional.

Sin embargo, como la supervivencia del régimen se basa en la noción del poder absoluto del clero, cualquier desviación de este principio llevaría inevitablemente a romper la atmósfera de terror y miedo, y resultaría en su caída. Es justamente por esta razón que Jamenei se ha resistido a cualquier margen de maniobra política, mucho más a una reforma. Una reforma interna no tiene muchas posibilidades de ocurrir sea quien sea el presidente. Un Irán libre solo será un Irán donde los mullahs no estén en el poder.