El foso con cocodrilos para rodear a presos palestinos, paralizado por un juez de Israel por un recurso animalista
El bienestar de los reptiles sí ha frenado el llamado "Alcatraz con cocodrilos", un plan del ministro ultra Itamar Ben-Gvir. Los derechos humanos, ya tal.

En medio del abrasador paisaje del desierto del Néguev, una zanja de unos 170 metros de longitud recientemente excavada permanece vacía a las afueras de la prisión de Ketziot, la instalación de máxima seguridad de Israel. No hay agua, ni vallas electrificadas adicionales, ni los temidos reptiles que el Gobierno de Benjamin Netanyahu pretendía ubicar allí. Lo que estaba destinado a convertirse en un foso custodiado por docenas de reptiles del Nilo (crocodylus niloticus), diseñado para disuadir cualquier intento de fuga de prisioneros palestinos, ha quedado bruscamente paralizado en los tribunales israelíes.
La decisión no ha surgido de una impugnación por derechos humanos sobre el trato a los reclusos, ni por objeciones de los tratados internacionales de guerra, sino por una demanda interpuesta por una organización ecologista local en defensa del bienestar de los propios reptiles.
El Tribunal de Distrito de Jerusalén ha emitido una orden cautelar que bloquea temporalmente el traslado, la selección y la preparación de los cocodrilos hacia la cárcel, a raíz de una queja de animalistas locales. El fallo frena, al menos momentáneamente, uno de los proyectos más estrafalarios y controvertidos impulsados por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir (de extrema derecha) un plan presupuestado en 21 millones de shekels, aproximadamente 6,3 millones de euros al cambio.
"Que los custodie un animal como ellos"
La propuesta salió a la luz pública en diciembre pasado, cuando la oficina de Ben-Gvir reveló la intención de construir un canal perimetral alrededor de un ala especial de Ketziot. Esta sección alberga habitualmente a cientos de prisioneros de seguridad palestinos, incluidos miembros de las fuerzas de élite Nukhba de Hamás acusados de participar en los ataques del 7 de octubre de 2023 en el sur de Israel, que dejaron 1.200 muertos y 251 secuestrados.
Desde sus inicios, la iniciativa estuvo jaleada por una retórica incendiaria. "Cualquiera que haya asesinado, masacrado y violado y se haya comportado como un animal merece ser custodiado por un animal exactamente igual", declaró la oficina de Ben-Gvir en un comunicado oficial tras anunciar el proyecto.
Para disipar las dudas sobre si el anuncio era una mera provocación mediática, el Ministerio de Seguridad Nacional enfatizó en una nota posterior: "Quien haya pensado que esto era un truco publicitario se equivocaba". El ministerio destinó fondos públicos para el trazado del canal, de 170 metros, la adquisición de sistemas de bombeo, la construcción de áreas de descanso para los reptiles e incluso la capacitación de guardias penitenciarios en el manejo de fauna peligrosa.
El propio ministro, socio del primer ministro Netanyahu, recurrió a las redes sociales para promocionar la medida. Ben-Gvir publicó una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparecía él mismo acariciando a un cocodrilo con correa frente a las rejas de una celda, acompañada del mensaje: "¿Estás pensando en intentar escapar? Piénsalo otra vez".
El concepto se inspiró abiertamente en la controvertida instalación de detención de migrantes en las zonas pantanosas de Florida, promovida durante la administración de Donald Trump en Estados Unidos y bautizada popularmente como "Alcatraz con aligátores" (Alligator Alcatraz). Un fracaso, dicho sea de paso, que cerró el pasado junio.
Sin embargo, a diferencia del modelo estadounidense -donde las autoridades se limitaban a señalar la presencia natural de cocodrilos y pitones en los Everglades como disuasivo geográfico-, el plan israelí implicaba la importación e introducción deliberada de depredadores ápice en un entorno carcelario artificial en medio del desierto.
Buscando un truco...
A pesar del escepticismo inicial y de las advertencias de los expertos de la administración pública, el proyecto pareció ganar impulso cuando la ministra de Protección Ambiental, Idit Silman, intervino para despejar el principal obstáculo regulatorio.
Y es que bajo la legislación de conservación de Israel, el cocodrilo del Nilo está clasificado como especie silvestre protegida, cuya tenencia fuera de reservas naturales o parques zoológicos autorizados está estrictamente restringida. Para esquivar esta limitación, Silman emitió una resolución ejecutiva reclasificando a los cocodrilos como "animales silvestres bajo cuidado" o cultivados, una figura jurídica creada para permitir que agencias de seguridad mantengan ciertos animales en instalaciones gubernamentales.
La maniobra desató una tormenta institucional inmediata. La Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel (INPA), el organismo oficial encargado de la protección de la biodiversidad en el país, celebró una reunión de emergencia en la que todos los expertos presentes votaron unánimemente en contra de la medida.
En un informe fieme, la INPA advirtió que no existía ningún sustento técnico, científico ni profesional que justificara el uso de reptiles como barrera de seguridad penitenciaria. El organismo alertó sobre múltiples riesgos severos: el sufrimiento ineludible de los animales sometidos a condiciones de cautiverio extremas e inadecuadas, el peligro para los propios guardias y trabajadores del presidio, la amenaza ecológica en caso de fuga y el riesgo de ataques directos a los seres humanos.
Además, el propio asesor jurídico del Ministerio de Protección Ambiental emitió un dictamen interno en el que advertía a la ministra Silman de que carecía de la autoridad legal unilateral para alterar las categorías de protección de la fauna mediante una simple declaración ministerial sin el correspondiente trámite legislativo en la Knesset.
... hasta que llegaron los preservacionistas
Haciendo oídos sordos a las advertencias de su propio equipo legal y de los biólogos estatales, el gobierno continuó con las obras de excavación. Fue entonces cuando la organización ambientalista y de protección animal Let the Animals Live (Tna'u L'Chayot L'Chyot), una ONG con cuatro décadas de trayectoria en Israel, presentó una petición de urgencia ante los tribunales. La demanda impugnó directamente la reclasificación dictada por la ministra Silman, argumentando que el decreto violaba la Ley de Protección de Animales Salvajes y sometía a una especie protegida a un trato cruel y degradante sin justificación biológica ni legal.
El juez Avraham Rubin, del Tribunal de Distrito de Jerusalén, consideró que las alegaciones sobre el daño potencial a los animales requerían un examen judicial exhaustivo. El 2 de agosto, Rubin dictó una orden cautelar de suspensión que prohíbe de forma inmediata la selección, transferencia, compra o acondicionamiento de cualquier cocodrilo destinado a las instalaciones penitenciarias mientras el caso se dirime en los tribunales.
El fallo no ordena rellenar la zanja ya excavada, pero deja el proyecto en un limbo operativo absoluto: la Prisión de Ketziot cuenta ahora con un canal seco en el desierto que no puede ser llenado ni utilizado para su propósito original. El tribunal otorgó al Estado un plazo límite hasta mediados de agosto para presentar sus alegaciones defensivas y justificar la legalidad del decreto.
Más allá de la batalla judicial y legal, la viabilidad práctica del plan de Ben Gvir ya había sido duramente cuestionada por expertos zoológicos debido a la propia biología de los cocodrilos.
A comienzos de año, una delegación de altos mandos del Servicio de Prisiones de Israel (IPS) realizó una visita oficial a Hamat Gader, un complejo turístico y reserva en el norte del país que alberga una granja con cerca de 200 cocodrilos. La comitiva penitenciaria acudió con la intención de estudiar la infraestructura necesaria para mantener a los reptiles en cautiverio largo tiempo.
Sin embargo, los visitantes parecieron pasar por alto un aspecto elemental del comportamiento de los reptiles: su poiquilotermia o sangre fría. Durante los meses de invierno y en las frías noches del desierto del Néguev, la temperatura corporal de los cocodrilos desciende drásticamente, lo que los sume en un estado de aletargamiento casi completo (brumación) durante el cual permanecen inmóviles y sin reaccionar a estímulos externos.
Yosi Mousanejad, director general de la granja de Hamat Gader, ha expresado públicamente su perplejidad ante las intenciones de las autoridades penitenciarias en declaraciones a cadenas de televisión locales. Mousanejad confirmó que los oficiales acudieron a "estudiar" a los animales, pero aclaró que nadie le había solicitado formalmente el suministro de ejemplares y que, de hacerlo, se negaría rotundamente.
"Nuestros cocodrilos no tienen gorra de guardia de seguridad. Somos una granja turística, no una proveedora de armamento biológico o barreras de contención", declaró Mousanejad a la cadena pública Kan. "Parecían no entender que en invierno estos animales apenas se mueven. Pretender que sirvan como un sistema de vigilancia perimetral las 24 horas del día durante todo el año demuestra un desconocimiento básico de su biología".
Furia política y ataque al poder judicial
La decisión judicial de congelar el proyecto ha provocado una reacción furibunda por parte del ministro Ben Gvir, conocido por sus enfrentamientos recurrentes con la judicatura israelí y sus posturas ultraortodoxas y nacionalistas.
A través de sus canales oficiales y redes sociales, Ben-Gvir acusó al sistema judicial de sabotear la seguridad nacional en un momento crítico de conflicto armado. "Una vez más, en tiempos de guerra, el sistema legal se pone del lado de los terroristas y frena pasos fundamentales para la disuasión israelí", escribió el ministro. "Sabemos que los terroristas estaban preocupados por la llegada de los cocodrilos, pero hoy el tribunal ha acudido en su ayuda".
El choque refleja la profunda polarización política que atraviesa Israel. Desde la formación del gabinete de coalición liderado por Netanyahu, las reformas judiciales promovidas por la derecha radical y los intentos de reducir la supervisión de los tribunales han generado protestas masivas y tensiones institucionales sin precedentes. Para los sectores críticos de la coalición, el proyecto del foso con cocodrilos es un ejemplo paradigmático de "populismo punitivo" y decisiones administrativas impulsadas por la provocación mediática más que por análisis de efectividad técnica o legalidad.

¿Importan los palestinos?
La paralización de la iniciativa ha puesto de relieve una preocupante paradoja dentro del sistema judicial e institucional israelí que no ha pasado desapercibida para las organizaciones de derechos humanos.
Durante meses, grupos defensores de los derechos civiles como la Asociación por los Derechos Civiles en Israel (ACRI) y la ONG Gisha han presentado peticiones ante la Corte Suprema denunciando las degradantes condiciones de reclusión de los miles de prisioneros palestinos en Ketziot y otras cárceles desde el estallido de la guerra en Gaza. Las denuncias documentan hacinamiento extremo, falta de atención médica adecuada y, de manera muy preocupante, severos niveles de desnutrición y hambre sistemática.
En un fallo histórico dictado tras casi 18 meses de deliberaciones, la Corte Suprema de Israel determinó que el Servicio de Prisiones estaba incumpliendo su obligación legal básica de proporcionar suficiente alimentación para mantener la salud de los reclusos. Sin embargo, a pesar de la sentencia firme, abogados y prisioneros liberados continúan informando que las raciones de comida siguen siendo drásticamente insuficientes y que el deterioro físico de los prisioneros persiste.
Las obras del foso de cocodrilos comenzaron y avanzaron sin pausa a pesar de las denuncias por hambruna y violaciones a los derechos humanos de los reclusos. La construcción solo se detuvo cuando el argumento legal se centró en la protección de los animales silvestres.
"Resulta profundamente revelador de la escala de valores del debate público actual que los tribunales congelen un foso presupuestado en millones de dólares no porque pueda mutilar a un prisionero humano o porque infrinja las convenciones sobre el trato a prisioneros de guerra, sino porque el agua del desierto o el frío invernal podrían causar estrés a los cocodrilos", concluyen los defensores de derechos humanos.
