Elon Musk apaga el interruptor y la guerra cambia: Ucrania recupera 200 km² en cuatro días tras el bloqueo de Starlink a Rusia
Esta situación pone de manifiesto un hecho de enorme relevancia como es que el propietario de una empresa pueda decidir el rumbo de un conflicto armado. Ya avisó a Ucrania hace un año sobre llevar a cabo posibles interferencias en su contra y ahora lo ha aplicado contra Rusia.
En apenas cuatro días, entre miércoles y domingo, Ucrania recuperó 201 kilómetros cuadrados de territorio ocupado por Rusia. Hacía más de un año -desde la contraofensiva del verano de 2023- que las fuerzas de Kiev no lograban avances tan rápidos y concentrados.
El dato procede de un análisis publicado por el Institute for the Study of War (ISW), un laboratorio de ideas con sede en Washington que monitoriza a diario los movimientos en el frente. La cifra es significativa: equivale a casi todo lo que Moscú conquistó durante el mes de diciembre (244 km²).
Detrás de este giro táctico aparece un actor inesperado: el sistema satelital Starlink y su propietario, Elon Musk.
El "apagón" que altera el frente
Según el ISW, los recientes contraataques ucranianos habrían aprovechado una interrupción clave: el bloqueo del acceso militar ruso a la red de satélites de Starlink, operada por SpaceX.
Blogueros militares rusos comenzaron a alertar el 5 de febrero de problemas en las comunicaciones. Días antes, Musk había anunciado "medidas" para frenar el uso indebido del sistema por parte de Moscú. Aunque Starlink fue concebido como una red civil de internet satelital, su papel en la guerra ha sido determinante para ambos bandos.
Ucrania sostiene que unidades rusas estaban empleando terminales Starlink en drones y sistemas de coordinación táctica. La conectividad por satélite permitía, según Kiev:
- Sortear interferencias electrónicas
- Mantener comunicaciones estables en zonas de combate
- Guiar drones con mayor precisión sobre objetivos estratégicos
Si ese canal se interrumpe, la capacidad de mando y control se resiente. Y en una guerra donde los drones y la artillería de precisión marcan la diferencia, cada segundo de latencia cuenta.
El ISW subraya que, tras detectarse la interrupción, los avances rusos se frenaron casi por completo durante varios días. Solo el 9 de febrero se registraron pequeñas ganancias territoriales de Moscú; el resto de la semana, la iniciativa pasó a manos ucranianas.
200 km² que cambian la narrativa
Las recuperaciones se concentran en una franja situada unos 80 kilómetros al este de la ciudad de Zaporiyia, un sector donde Rusia había presionado con fuerza desde el verano de 2025. En ese eje del frente, Moscú buscaba consolidar posiciones y ampliar su profundidad defensiva.
Hasta mediados de febrero, Rusia controlaba total o parcialmente el 19,5% del territorio ucraniano, frente al 18,6% del año anterior. De ese porcentaje, alrededor del 7% -incluida Crimea y parte del Donbás- ya estaba bajo ocupación antes de la invasión a gran escala iniciada en febrero de 2022.
Los 201 km² no alteran radicalmente el mapa, pero sí envían un mensaje estratégico:
- Ucrania aún puede lanzar contraataques eficaces
- La dependencia tecnológica es un punto vulnerable
- El control del espacio digital y satelital pesa tanto como el terrestre
En conflictos anteriores, la superioridad se medía en tanques o aviación. En Ucrania, la conectividad es un multiplicador de fuerza. La guerra electrónica, los satélites y los drones forman una red invisible que sostiene cada avance sobre el terreno.
Tecnología privada, impacto global
El episodio vuelve a colocar a Musk en el centro de un debate incómodo: el poder de una empresa privada para influir en el curso de una guerra. Desde el inicio del conflicto, Starlink ha sido esencial para las comunicaciones ucranianas, especialmente tras los ataques rusos contra infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones.
Pero el uso del sistema por parte de fuerzas rusas -ya sea mediante terminales adquiridos en mercados paralelos o a través de terceros- abre interrogantes sobre el control real de la tecnología en escenarios bélicos.
Que una decisión empresarial pueda traducirse en 200 km² recuperados en menos de una semana ilustra hasta qué punto la guerra moderna se libra también en órbita.
Mientras tanto, en el frente de Zaporizhzhia, los combates continúan. Los mapas cambian metro a metro, pero la lección es clara: en 2026, un "interruptor" en el espacio puede inclinar la balanza en la tierra.