La paz en los tiempos de Trump: cuánto hay de verdad en las 'ocho paces' que presume de haber logrado (y qué queda tras su firma)
Expertos e investigadores analizan el qué y el por qué detrás de cada acuerdo internacional patrocinado o forzado por Donald Trump. Con él, cada gesto cuenta... aunque muchas veces venda como paz asuntos que no lo son en absoluto.
Si los reportajes tuvieran banda sonora, este sin duda iría acompañado de la marcha Pompa y Circunstancia de sir Edward Elgar. Porque de 'pompa' y de 'circunstancia' sabe mucho Donald Trump, capaz de convertir en espectáculo una firma de acuerdo de paz.
Este 20 de enero es día grande en el calendario 'trumpiano'. El todopoderoso magnate y presidente de EEUU cumple un año de mandato desde que regresó a la Casa Blanca. Un año interminable en el que no ha dejado de presumir de que ya lleva ocho, contando incluso acuerdos que no sellaban paz alguna y cerrando conflictos que jamás se declararon como guerras. Pero él presume y lo utiliza como argumento para reclamar el Nobel de la Paz. Y cabe preguntarse, después de todas esas paces ¿qué hay?
Hay, por encima de todo, un "modus operandi puramente trumpista", como expresa José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea. "Los procesos de paz son parte del método de Trump. Si esa paz está de acuerdo con lo que quiere EEUU, adelante con ella".
"Aunque pretenda pasar por ser un presidente que lidere procesos de paz, esta no es realmente su principal característica. Sí lo es mostrar que hay un orden internacional distinto que él ha decidido descubrir, denominado 'orden transaccional'", continúa Peredo. El catedrático lo traduce al día a día explicando que Trump "funciona por transacciones en función de su interés y capacidad", algo que recoge la propia Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU, la 'biblia' del trumpismo en materia internacional.
Ese interés nacional aparece en primer plano "y eso ya es una novedad en sí misma" tras décadas de cierta ocultación, como admite Pol Bargués, investigador senior del CIDOB. A su juicio, Trump juega con varios factores para liderar los procesos de paz.
"Primero amenaza con que si no firman esa paz vendrá algo peor; luego consigue concentrar el interés social y consigue 'vender' las paces como un hito en seguridad, como una oportunidad de negocios que puedan surgir o como un simple elemento de ego de Trump y de EEUU como país influyente". La realidad le da la razón: esos negocios se han ido haciendo realidad firma tras firma.
"Cuando Armenia y Azerbaiyán firman él consigue los derechos exclusivos para abrir una ruta comercial, que favorece a EEUU y de paso le quita poder a Rusia en un territorio importante". "Lo mismo con Camboya y Tailandia, que le permite desbloquear intereses propios y además alejar a China como influencia camboyana".
Antes de hablar de paces, Paolo Cossarini, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), hace un inciso en forma de duda. Directamente, pone en cuestión los procesos protagonizados por el 47º presidente de EEUU. Si bien sabe que la definición de un proceso de paz es algo "complejo", ve claro que lo que ha firmado Trump por medio mundo "difícilmente entraría en esa definición".
El profesor de la UNIR añade que todos esos pactos son "muy frágiles" y nacen de una "matriz comercial que EEUU ni esconde". No en vano, prosigue Cossarini, "que Trump mande a empresarios como Jared Kushner y Steve Witkoff a negociar paces es una declaraciones de intenciones, una filosofía de 'hacemos negocio primero y eso llevará a la paz'".
Qué queda tras los seis (más dos) acuerdos
Ruanda, Camboya, India, Armenia, Irán, Gaza... el mapamundi de las paces de Trump aparece lleno de hitos en forma de provechosos acuerdos de paz, incluidos dos acuerdos algo diferentes. Ni el sellado entre Serbia y Kosovo en 2020 ni el de Etiopía y Egipto hace meses resolvieron nada que pueda llamarse guerra. De hecho, en las últimas horas ha vuelto a ofrecerse a mediar entre los países africanos, consciente de su escaso éxito previo.
Quizás tampoco sean paces en puridad los otros seis acuerdos, como apuntaba de inicio Paolo Cossarini. Con todas las reservas expresadas, el profesor se adentra brevemente en cómo quedaron las cosas en cada territorio.
- India y Pakistán: "Fue su primera obra de paz en este mandato, con una mediación entre dos enemigos íntimos y dos potencias nucleares". Considera el experto que este caso "mostró algo muy típico en él, intentar arreglar en días una disputa histórica sin verdadera solución definitiva" reactivada tras el penúltimo ataque entre las partes en abril. Así, cuando Trump intentó apropiarse el mérito de la desescalada, el primer ministro indio, Narendra Modi, se desmarcó "y él reaccionó subiéndoles los aranceles".
- Camboya y Tailandia: otro asunto de hondas raíces históricas donde lo que realmente fue un amago de conflicto, Trump lo vendió como una intervención clave... que además no sirvió, porque en apenas semanas volvieron los ataques de Tailandia y el desplazamiento masivo de población.
- Armenia y Azerbaiyán: algo más relevante ve su papel en la resolución del enésimo choque entre ambos países, tras la toma de Nagorno-Karabaj por las fuerzas azeríes. "Ahí intervino para garantizarse el aprovechamiento de unos recursos naturales de interés para EEUU y en una zona clave por ser área de influencia rusa e incluso china". Eso sí, admite como hacen otros colegas, que aquello tampoco fue un verdadero acuerdo de paz sobre el que dudan hasta sus firmantes.
- República Democrática del Congo y Ruanda: Cossarini recuerda la foto a tres en diciembre en la Casa Blanca, una imagen "absolutamente incompleta", porque "no incluyó a los rebeldes congoleños del M-23, que siguen matando y provocando masivos desplazamientos de personas, sobre todo en la parte este del país". "No hubo auditoría externa, no hubo mecanismos de control, lo único que hubo fueron promesas comerciales... en un show al que la ONU puso freno al anunciar, el día después de la firma, que había alrededor de 200.000 desplazados por los ataques del M-23 mientras se ultimaba la paz", concluye.
- Israel e Irán: aquí ni se detiene el docente. "Hablar de paz entre ambos estados archienemigos es una patraña, directamente. Irán es un terreno aparte y con su ataque en verano, Trump consiguió el efecto contrario, generar un sentimiento de humillación a la población iraní. Te diría que solo consiguió bajar un poco la tensión armamentística con su puñetazo en la mesa, pero eso no es paz, allí no hay paz".
- Gaza: para Paolo Cossarini aquel pacto entre Israel, Hamás y Trump, firmado por separado y presentado en un evento en Egipto sin Israel ni Hamás "fue más un cese de la actividad que una verdadera paz". Admite que las partes lo aceptaron como "mal menor ante las matanzas y la guerra total previa, pero es un alto el fuego que ni siquiera se está respetando del todo".
El catedrático de la Universidad Europea, Jose María Peredo, pone el contrapunto sobre todos estos "acuerdos 'exprés' de paz". "Son parte de la Estrategia de Seguridad Nacional que propugna Trump y que dice que EEUU no solo tiene que ser first sino también best". Esto es, aclara, "mostrarse como una potencia que llega antes que nadie y que es mejor que el resto, así que forzar esas firmas de paz permite tener credibilidad a ojos del mundo con la imagen de un país que busca la paz".
Si vis pacem... aguanta a Trump
Partiendo de que lo que busca es la foto, el show, sus 'paces' también tienen patrones comunes. Los reseñan los expertos consultados por El HuffPost. Pol Bargués se detiene en algo muy llamativo a su parecer, cómo 'las paces de Trump' "olvidan la historia".
"Para Trump todo empieza en el presente, la historia de cómo hemos llegado hasta aquí no le importa. Es obvio que cuando tienes en cuenta el proceso, la construcción de la paz se complica porque sabes todas las aristas del conflicto. Eso a él le da igual, lo que quiere es saber dónde estamos hoy y qué paz podemos firmar aquí y ahora", admite con énfasis, justificándolo en la vis absolutamente empresarial del magnate y presidente de EEUU.
El investigador del CIDOB mira también a la "pompa", que no es mera decoración y sí un elemento de peso. Porque, a su juicio, semejante puesta en escena "mete presión a las partes y a la vez les da autoestima de verse en semejante evento; imagínate un presidente haciendose la foto de la paz con Donald Trump, participando en eventos internacionales..."
Un show útil pero de doble lectura, porque si bien "consigue forzar a las partes a hablar y a firmar algún tipo de acuerdo", también da lugar a "una paz elitista, que va desde arriba —gobernantes— hacia abajo —el pueblo— y eso no siempre llega al pueblo, que sigue sufriendo los conflictos fuera del gran foco". Claro que, resume Bargués, Trump sabe que "es mejor una paz frágil que una guerra total".
Aquí paz y después, ¿qué?: cómo vigila EEUU sus acuerdos
Es otra de las grandes dudas que dejan las firmas masivas de Donald Trump. Logrado el objetivo inmediato, ¿qué seguimiento hace de cada conflicto? Los expertos consideran que, también aquí, su personalismo ofrece una monitorización diferente.
"Desconecta a nivel del nation building, esa vigilancia convencional o esas misiones de paz que eran tan habituales en los 90... básicamente porque a él eso no le interesa", admite el especialista del CIDOB. Pol Bargués ve otro modo de vigilar, el puramente comercial, "a través de inversiones en infraestructura, en tierras raras... Eso también es una manera de garantizar cierta paz en función de unos intereses que él cree que favorecen a todas las partes". "Y si ve que alguien no cumple, lo tiene fácil, le amenaza con una acción directa", concluye.
Menos optimista es Paolo Cossarini, para quien buena parte de sus actos no pasan de "paripé" con una escenografía "de puerta grande". Todo ese boato "se ve menos en el control efectivo posterior", que queda al capricho de sus planes económicos.
"En Gaza lo estamos viendo. Hubo una voluntad evidente de llegar a un acuerdo rápido, curiosamente poco antes de que se decidiera el Nobel de la Paz, pero llegó la firma, pasó el Nobel, y se ha dado 'carta blanca' a Netanyahu", finaliza el profesor de la UNIR. Se despide consciente de que "no van a faltar motivos" para seguir hablando del 47º presidente de EEUU, de celebración este 20 de enero.