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Las aerolíneas europeas, preocupadas por la escasez de combustible este verano por la guerra de Irán: "Todos estamos trabajando en planes de contingencia"

Las aerolíneas europeas, preocupadas por la escasez de combustible este verano por la guerra de Irán: "Todos estamos trabajando en planes de contingencia"

El cierre de la ruta clave del petróleo en el golfo Pérsico amenaza el suministro de queroseno en Europa: podría haber aviones en tierra y miles de vuelos cancelados en plena temporada alta.

Un avión, rodando por la pista.
Un avión, rodando por la pista.Getty Images

El verano aún no ha empezado, pero en las aerolíneas europeas ya hay una palabra que se repite con preocupación: combustible. La guerra en Oriente Medio y el bloqueo de una de las rutas más importantes del mundo han encendido todas las alarmas.

El problema tiene nombre y ubicación: el estrecho de Ormuz. Por ese paso estratégico circula una parte clave del combustible que llega a Europa. Y ahora mismo, está bloqueado.

El último símbolo de esa situación es el petrolero "Rong Lin Wan", un gigante de 250 metros que llegará a Rotterdam como el último envío de queroseno procedente del golfo Pérsico hacia Europa. Detrás de él, según las previsiones del sector, no vendrá nada más por ahora.

Y eso lo cambia todo.

Menos combustible, mismo verano

Las cifras que manejan las aerolíneas son claras y preocupantes. Según estimaciones internas, Europa podría quedarse en pocas semanas con apenas la mitad del queroseno disponible.

"Quizá podamos ganar entre tres y cinco semanas tirando de reservas estratégicas", explica un directivo del sector. Pero la advertencia es clara: no será suficiente.

Porque hay un problema básico que no admite interpretación. Si hay menos combustible, habrá menos vuelos.

Una dependencia que pasa factura

Aunque Europa no depende tanto del petróleo del golfo en bruto, sí lo hace en algo más específico: el queroseno refinado para aviación.

Según los datos del sector, aproximadamente la mitad del combustible utilizado en aeropuertos europeos proviene de esa región. Países como España o Portugal dependen en torno a un 70% de importaciones, mientras que otros como Grecia o Polonia superan incluso esas cifras.

Cuando esa cadena se rompe, no hay muchas alternativas inmediatas.

Estados Unidos, África occidental o India pueden cubrir parte del déficit, pero no lo suficiente. Y además, muchos proveedores están desviando sus envíos hacia Asia, donde los márgenes son más altos.

"La matemática es simple"

En el sector no se esconden. El mensaje es directo.

"Todos estamos trabajando en planes de contingencia", reconoce un alto ejecutivo de una aerolínea. Y añade una frase que resume la situación: "La matemática es simple: no se puede mantener el mismo número de vuelos sin la misma cantidad de combustible".

Ese es el escenario que empieza a preocupar de verdad. Porque no se trata solo de encarecer los billetes. Se trata de reducir la actividad.

Aviones en tierra y miles de cancelaciones

Si la situación se prolonga, las consecuencias pueden ser visibles muy pronto.

"Veremos cientos de aviones en tierra y miles de vuelos cancelados", advierten desde el sector. Algunas compañías ya contemplan escenarios concretos. Lufthansa, por ejemplo, estudia dejar en tierra entre 20 y 40 aviones dependiendo de cómo evolucione la crisis.

El impacto sería especialmente fuerte en verano, cuando la demanda alcanza su punto máximo.

Y, sobre todo, en destinos turísticos.

El verano, en el punto de mira

Entre junio y septiembre se concentra buena parte del tráfico aéreo anual en Europa. Es el momento en el que más se vuela, más se factura… y también cuando más difícil es absorber cualquier problema.

Los aeropuertos turísticos y las islas son los más vulnerables. Su dependencia del suministro externo hace que cualquier interrupción tenga un efecto inmediato.

En el peor de los casos, las aerolíneas podrían reducir frecuencias en rutas muy demandadas o incluso eliminar algunas conexiones.

El precio también se dispara

A la escasez se suma otro problema: el coste.

En cuestión de semanas, el precio del queroseno se ha disparado hasta cerca de 1.800 dólares por tonelada, más del doble que a finales de febrero. A eso se añade el aumento del llamado "crack spread", el margen de refino que no está cubierto por contratos y que deben asumir directamente las aerolíneas.

El resultado es una presión doble: menos combustible y más caro. Y eso termina trasladándose, de una forma u otra, al consumidor.

Un problema que viene de antes

Aunque la guerra ha acelerado la crisis, el problema no es nuevo. Europa lleva años viendo cómo su capacidad de producir queroseno disminuye.

El cierre de refinerías, la menor rentabilidad del sector y las exigencias medioambientales -como el uso obligatorio de biocombustibles, más caros y escasos- ya estaban reduciendo la oferta.

A eso se suman las sanciones a Rusia, que han limitado otra fuente cercana de suministro. La guerra, en este contexto, ha actuado como detonante.

¿Hay margen para evitarlo?

No todo está perdido. El escenario depende en gran medida de lo que ocurra en las próximas semanas.

Si el conflicto se reduce y el estrecho de Ormuz se reabre pronto, el impacto podría ser limitado. "Si se reabre a mediados o finales de abril, no habría riesgo para el suministro", ha señalado el CEO de Ryanair, Michael O’Leary.

Pero si la situación se prolonga, el propio O’Leary reconoce que entre un 10% y un 25% del suministro podría verse afectado ya entre mayo y junio. Y eso, en plena antesala del verano, es suficiente para alterar toda la planificación.

Un verano bajo vigilancia

Por ahora, las aerolíneas trabajan en planes de contingencia, ajustan rutas y analizan escenarios casi a diario.

El objetivo es claro: evitar un colapso. Pero el margen de maniobra es limitado. Porque, en última instancia, todo depende de algo que está fuera de su control: el flujo de combustible.

Y este verano, más que nunca, volar en Europa dependerá no solo de la demanda… sino de cuánto queroseno quede disponible.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

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Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

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