Los médicos se tiran de los pelos: Trump reduce la frecuencia y dosis de las vacunas infantiles recomendadas
El presidente de EEUU solicita revisar el calendario de inmunización infantil para fragmentar vacunas combinadas como la triple vírica. Las asociaciones médicas avisan sobre los riesgos de contagio. Hay voces críticas incluso en su partido.
Llega la enésima polémica del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Ahora, en materia de salud, tan sensible. Y es que esta madrugada, el republicano ha firmado una orden ejecutiva destinada a modificar el calendario nacional de vacunación infantil. La medida busca recortar el número de vacunas recomendadas de forma rutinaria de 18 a 11 enfermedades y promueve la separación de dosis combinadas en múltiples consultas médicas. Así que cambios en dosis y cambios en su puesta o toma. Los médicos se llevan las manos a la cabeza.
La orden, titulada Delivering Gold Standard Childhood Vaccine Recommendations for Americans (Entregar recomendaciones de vacunas infantiles con el estándar de oro para los estadounidenses), encarga al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) revisar las guías de inmunización vigentes.
El documento propone una restructuración del esquema de inmunización infantil basada, sobre todo, en la reducción de la lista rutinaria, informa AP. Ahora, se limitan las vacunas recomendadas de forma generalizada para todos los niños a 11 enfermedades. Las siete restantes, entre las que se incluyen el virus sincitial respiratorio o VSR y las hepatitis A y B, pasan a una categoría de "decisión clínica compartida", destinada principalmente a grupos de alto riesgo o a criterio de padres y pediatras. En resumen, la protección ya no es general, sino limitada.
Además, apuesta por la separación de la vacuna triple vírica, la exitosa combinación contra el sarampión, las paperas y la rubéola que es la base de la protección de una infancia promedio. Prefiere tres inyecciones individuales que se administrarían en citas médicas separadas.
Durante un acto en el Despacho Oval, el mandatario sugirió que los niños de un año deberían recibir sus vacunas distribuidas en hasta cinco visitas independientes para evitar la aplicación simultánea de múltiples dosis. El ayor espaciamiento entre citas es, pues, otra de las claves de su reforma.
Obstáculos y réplicas
La propuesta se enfrenta a trabas técnicas inmediatas y a un rechazo extendido entre las organizaciones del sector de la salud. Expertos en salud pública recuerdan que en Estados Unidos no existen actualmente vacunas individuales aprobadas ni disponibles en el mercado para el sarampión, las paperas y la rubéola por separado, indica la CNN.
Por su parte, organizaciones como la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) advierten que dilatar el calendario de vacunación expone a los niños a ventanas de vulnerabilidad prolongadas frente a patógenos altamente contagiosos. Señalan, además, que multiplicar el número de visitas médicas necesarias dificulta el cumplimiento de los esquemas completos, en especial para las familias con menores recursos o acceso limitado a servicios sanitarios.
A su entender, es mejor el uso de vacunas combinadas frente a las dosis individuales porque dan una "protección temprana e inmediata", dan "capacidad inmunitaria sin sobrecarga" al niño, generan "una mayor adherencia y cobertura poblacional", a la par que "un menor malestar físico y psicológico para el menor", y su eficacia y seguridad están "evaluadas de forma rigurosa", dice la AAP.
Décadas de estudios epidemiológicos rigurosos e instituciones internacionales de salud han desmentido de forma consistente cualquier vínculo causal entre las vacunas infantiles y el autismo, un postulado que la administración vuelve a poner en discusión dentro de sus argumentos de revisión. Si hay ya consenso médico, ¿por qué romperlo?, se preguntan los que saben.
La decisión fue criticada también por el senador republicano Bill Cassidy, médico de profesión y quien dejará el Senado el próximo año tras perder las primarias de su partido, quien afirmó que Trump carece de la experiencia necesaria para realizar esos cambios y defendió la seguridad y eficacia de las vacunas.
Cassidy también rechazó las afirmaciones sobre una relación entre las vacunas y el autismo, y advirtió que separar la vacuna triple vírica contra el sarampión, las paperas y la rubéola en tres inyecciones individuales puede hacer que los niños reciban más pinchazos y aumentar las dudas de los padres sobre la vacunación.
La orden encarga además al Departamento de Salud y Servicios Humanos presentar en un plazo de 90 días propuestas para revisar el calendario de vacunación infantil, desarrollar alternativas a los adyuvantes de aluminio y reforzar la investigación sobre la seguridad de las vacunas. Trump afirmó durante la firma que "nada malo puede pasar" con la revisión de las recomendaciones, mientras que la orden instruye al Gobierno a estudiar también posibles cambios en las políticas estatales relacionadas con los requisitos de vacunación para asistir a las escuelas.
El rol del HHS y las competencias estatales
La directiva encomienda al secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y al Grupo de Trabajo sobre Vacunas Infantiles Más Seguras del HHS, presentar los planes de reforma y evaluar de forma continua los riesgos y beneficios de los fármacos.
No obstante, el Gobierno federal no posee la atribución legal para fijar de manera directa los requisitos de vacunación en las escuelas, competencia que recae en los gobiernos de cada estado. La orden ejecutiva se limita a aconsejar a las autoridades estatales que consideren actualizar sus normativas locales. Además, encomienda al Departamento de Justicia supervisar que los estados respeten las exenciones médicas, religiosas y de potestad parental.
Esta medida representa un nuevo intento de la Casa Blanca por remodelar la política de inmunización del país, tras iniciativas lanzadas en meses anteriores que se topado con objeciones legales en los tribunales federales.
En la prensa de EEUU señalan como el ideólogo de este cambio al propio Kennedy, un polémico negacionista del covid que, por ejemplo, ha liderado una campaña para que científicos analicen su teoría de que las vacunas impulsan una epidemia de enfermedades crónicas.