"Los niños de Gaza juegan a rescatar cadáveres": la infancia "ya no existe" en la franja palestina
La ONG palestina Addameer explica que los menores "viven rodeados de violencia y muerte y el juego es una forma de normalizarlos". Más de 20.000 críos han sido asesinados desde el 7 de octubre de 2023.
Las noticias sobre Gaza hablan de la fase dos del alto el fuego, de la Junta de Paz ideada por Donald Trump, del desarme de Hamás, pero es complicado encontrar a los civiles y, más aún, a los niños. Si acaso, resurgen cuando los mata Israel, como la semana pasada, incluyendo a bebés de diez días a cinco meses.
Ahora, la ONG palestina Addameer, con sede en Ramala (Cisjordania ocupada) y que, sobre todo, brinda asistencia legal gratuita a prisioneros políticos y monitorea su trato en centros de detención, he emitido un informe de situación con el que trata de recordarnos lo que siguen sufriendo los niños de la franja, que aún ni juegan con normalidad, porque no la tienen. "La infancia ya no existe", afirma con contundencia.
"El juego consiste en imitar la llegada de un cohete que impacta en la casa: alguien muere, los demás niños sacan el cadáver de entre los escombros y se lo llevan". exponen. "Un diplomático que ha presenciado esta escena varias veces durante sus viajes a Gaza durante la guerra, y que prefiere mantener el anonimato, afirma haber visto la misma escena representada también en dibujos infantiles.
Su explicación es que los niños pequeños reproducen en el juego la única realidad que conocen". Su conclusión es clara: "Viven rodeados de violencia y muerte y esta es una forma de normalizarlos".
Desde el inicio de la tregua entre el Movimiento de Resistencia Islámica y el Gobierno de Tel Aviv, el 10 de octubre pasado, las operaciones militares en Gaza han disminuido, pero no se han detenido. Siguen muriendo personas, unas 560, como Nasser Shamia, un joven de 16 años de Jabalia, que "recibió un disparo en la cabeza de un dron israelí el pasado diciembre y se desangró a cincuenta metros de la línea amarilla", la que delimita la posición del Ejército de Israel dentro de la zona. "Su cuerpo fue posteriormente destrozado por una excavadora del Ejército", denuncia la ONG.
Cuando las bombas y los francotiradores no impactan, añade su comunicado, la gente muere por falta de atención médica, hambre y frío. "En menos de un mes, en el enclave asediado -con escasez de alimentos, medicinas y refugio seguro debido al bloqueo impuesto por las autoridades israelíes-, nueve niños han muerto de hipotermia. El más reciente, Shatha Abu Jarad, tenía sólo unos meses y vivía en una casa bombardeada sin puertas ni ventanas", expone.
Gaza sigue siendo el lugar más peligroso del mundo para los niños, lo dice con insistencia la ONU. Más de 20.000 menores (sobre un total de más de 70.000 asesinatos) han muerto desde el 7 de octubre de 2023, cuando se produjeron los atentados de Hamás contra Israel y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, ordenó su represalia. UNICEF también informa de la muerte de al menos cien niños desde el inicio de la tregua.
No se incluyen en estas cifras los huérfanos ni los amputados que se ven obligados a vivir en tiendas de campaña sin asistencia médica adecuada, a los que la vida ha cambiado radicalmente. Y a esto se suma, más aún, la profunda devastación psicológica. "Crecer aquí es como construir una estructura sobre un terreno sacudido por terremotos constantes", explica el mismo diplomático. "Incluso cuando cesan los temblores, los cimientos siguen comprometidos y se necesitaría intervención externa para evitar el derrumbe".
Sin asistencia, con violencia
Según Ajith Sunghay, director de la oficina en Ammán del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados, la decisión de Israel de expulsar a 37 ONG internacionales y de atacar a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) tendrá efectos devastadores en una población compuesta casi en su mitad por menores de edad.
El bloqueo de la ayuda provocará una escasez inmediata de atención médica, tratamiento médico, protección y vivienda. "Sin organizaciones como Médicos Sin Fronteras (MSF), las mujeres embarazadas y los recién nacidos perderán el acceso a la atención vital, así como al apoyo psicológico que necesitan las familias y los niños traumatizados por la guerra", remarca.
Incluso sin una guerra declarada, el escenario de Gaza se ha extendido desde hace tiempo a Cisjordania y Jerusalén Este, ambas zonas ocupadas por Israel, como lo demuestran los continuos ataques de los colonos -casi siempre en coordinación con el Ejército- y las operaciones militares diarias.
Para Joel Carmel, voluntario de la organización de exsoldados Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), la "gazaficación" de Cisjordania no sólo reside en la intención del gobierno de expandir el control territorial, sino también en el cambio radical en las reglas de combate de los soldados: "Llegan con la mentalidad de guerra de Gaza, donde casi todo es posible", explica.
El precio lo paga, de nuevo, la infancia, toda una generación de niños y adolescentes palestinos que viven con el temor de ser asesinados o arrestados. Desde el 7-O, de las más de mil personas asesinadas por colonos o soldados en Cisjordania, 220 eran menores. La última víctima es Mohammad Na'san, de 14 años, de Al Mughayyi.
Como en otros casos, "la impunidad es total", remarca la asociación: la versión militar afirma que dispararon porque el niño "llevaba una piedra grande y estaba a punto de lanzarla". Al Mughayyir es una de las aldeas más afectadas debido a su posición estratégica entre Ramallah y el valle del Jordán, una zona donde el traslado forzoso de comunidades palestinas está más avanzado.
El terror en Cisjordania
Según la ONG israelí B'Tselem, entre octubre de 2023 y finales de enero de 2026, 44 asentamientos palestinos fueron evacuados por la fuerza y otros 12 parcialmente, lo que afectó a más de 1200 niños. Para el portavoz Yair Dvir, el impacto de la "limpieza étnica" en los menores es devastador: "Viven en un estado de terror permanente, después de años de incursiones violentas en aldeas y hogares, presenciando con sus propios ojos los ataques a sus familiares".
Muchos padres deciden huir para salvar a sus hijos, pero el desplazamiento forzado implica perder sus hogares y sus redes comunitarias. Algunas familias buscan refugio en ciudades; otras construyen refugios improvisados en zonas inseguras que carecen de escuelas y jardines de infancia, arriesgándose a sufrir nuevos desalojos.
Mientras que los niños de Gaza han perdido dos años de escolarización, la educación en Cisjordania se ve gravemente afectada por las incursiones militares, las huelgas de docentes -causadas por el impago de salarios debido a la retención de los ingresos fiscales palestinos por parte de Israel-, cientos de puestos de control que se abren y cierran arbitrariamente, y la destrucción de infraestructura civil.
A principios de 2025, la expulsión forzosa de 40.000 personas de los campamentos de Nur Shams, Yenín y Tulkarem dejó a una población mayoritariamente compuesta por menores sin hogar ni escuela. En el campamento de Balata, cerca de Nablus, las incursiones del ejército son casi diarias y las escuelas permanecen cerradas durante días: "Tenemos niños de siete u ocho años que aún no saben leer", denuncia Ahed Cusini, del Centro Yafa.
La situación se ve agravada por la "guerra" declarada por Israel contra la UNRWA. Antes del conflicto, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos gestionaba 288 escuelas y dos centros de formación profesional, con más de 300.000 estudiantes. La UNRWA estima que hoy en día en Gaza el 97% de la infraestructura educativa está destruida o utilizada como refugios, dejando a 660.000 niños fuera del sistema escolar.
En Cisjordania, la UNRWA gestiona 96 escuelas (seis en Jerusalén Oriental han sido cerradas por las autoridades israelíes) para 48.000 estudiantes, pero al menos 5.200 de ellos experimentan interrupciones prolongadas en su educación. A pesar de los esfuerzos de la UNRWA y el Ministerio de Educación palestino a través de plataformas de enseñanza y aprendizaje en línea, "el riesgo concreto es el de tener una 'generación perdida' de niños", advierte el funcionario de la Agencia de la ONU Jonathan Fowler. "Algunos ya han perdido hasta cinco años de aprendizaje acumulado".
Blanco directo
En muchos casos, los menores son el blanco directo de las fuerzas de ocupación. Según Addameer, desde el 7 de octubre, al menos 1650 niños han sido arrestados sólo en Cisjordania; 350 siguen detenidos, a menudo sin cargos formales. En Gaza, se desconoce la cifra: muchos menores desaparecieron con sus familias durante los bombardeos o durante los meses de actividad de la Fundación Humanitaria de Gaza, en el centro de graves incidentes que causaron al menos 2.000 muertes.
El ejército no publica datos fiables sobre el número y la identidad de las personas recluidas en centros de detención. "El arresto de menores ha sido una práctica constante desde 1967", explica Sahar Francis, activista de derechos humanos y exdirectora de Addameer, "pero después del 7 de octubre la violencia se volvió indiscriminada. Las redadas suelen tener lugar al amanecer, con puertas destrozadas, explosiones y gritos. Los menores son esposados, a veces con los ojos vendados, golpeados y trasladados sin que se les diga a sus familias dónde están: verdaderas desapariciones forzadas, especialmente generalizadas en Gaza".
Del enclave llegan testimonios extremos, como el de SR, de 15 años, detenido durante la evacuación de Al-Sultan y utilizado como escudo humano durante 48 días: obligado a entrar en las casas antes que los soldados durante los combates, sobrevivió milagrosamente a la demolición de un edificio en el que se vio obligado a entrar y luego fue alcanzado por el fuego de un tanque.
Otros menores soportan las duras condiciones de los centros de detención y las cárceles israelíes, donde no se distingue del trato que reciben los adultos. MK, de 17 años, arrestado al amanecer cerca de la costa de Netzarim y trasladado entre el campamento militar de Sde Teiman y las cárceles de Ofer y Megiddo, relata cómo lo mantuvieron esposado día y noche durante meses, con comida insuficiente, poca ropa y en condiciones higiénicas degradantes. Las agresiones eran casi diarias, con perros, porras, granadas aturdidoras y palizas. Se les negaba la atención médica o se les reducía a paracetamol únicamente.
YH, de 17 años, arrestado en julio de 2024 en Cisjordania, afirma que lo obligaron a quitarse él mismo los puntos de sutura de las muelas tras meses de solicitudes ignoradas. También relata cómo a niños con graves problemas respiratorios o sarna se les negaba el tratamiento, y cómo detenidos eran golpeados y trasladados por pedir ayuda para otros.
Para Khalid Kuzmar, presidente de Defensa de los Niños de Palestina (DCI), "desde el 7 de octubre de 2023, el número de niños arrestados se ha triplicado, y mientras que antes se registraban entre 5 y 10 casos de detención administrativa al año, hoy en día aproximadamente un tercio de los menores detenidos se encuentran en esta condición. La tortura y el uso del hambre como castigo son prácticas generalizadas".
Todo por la seguridad
Las autoridades israelíes justifican los arrestos por motivos de seguridad, pero los niños suelen ser detenidos en sus hogares o por lanzar piedras, un delito que, según la legislación israelí, puede conllevar penas de 10 a 20 años. En los tribunales militares, afirma Kuzmar, se ignora el derecho internacional: "Cuando presenté objeciones en un caso, un juez me recordó, riendo, que estaba ante un tribunal militar, no ante la Corte Penal Internacional". Basándose en años de experiencia como abogado defensor, Kuzmar describe un sistema judicial donde se han vaciado las protecciones para los menores: reuniones de abogados bajo vigilancia, sin confidencialidad, niños intimidados por guardias, familias con prohibición de visitas y solo acceso a audiencias por videoconferencia, en lo que él llama un contexto "humillante".
Más allá de restaurar el Estado de derecho, existe una enorme necesidad de apoyo psicológico. "Muchos menores redactan testamentos o dicen 'no hay futuro para los niños en Palestina', lo que refleja la desesperación de toda una generación que solo conoce la violencia y la opresión". Kuzmar sostiene que el gobierno israelí aplica una política de “mano libre”, apoyada por figuras como el ministro Ben-Gvir, que garantiza la impunidad a carceleros, soldados y colonos.
Sahar Francis cita el caso de Walid Khalid Abdullah Ahmad, de 17 años, quien murió de hambre y deshidratación en la prisión de Megiddo: a pesar de los resultados de la autopsia y los testimonios, el caso se cerró. Incluso la violación documentada en Sde Teiman corre el riesgo de ser desestimada, ya que la víctima fue enviada de regreso a Gaza y declarada "irrastreable".
El fiscal jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Yifat Tomer-Yeroushalmi, fue arrestado bajo cargos de haber difundido el video. Para Joel Carmel, el gobierno ha explotado la deshumanización de los palestinos para desviar la atención de los presuntos crímenes de los soldados hacia las supuestas faltas de los magistrados, lo que marca un paso más hacia la impunidad sistémica: "Hoy en día es casi imposible que los soldados rindan cuentas ante el sistema, porque este está estructurado para protegerlos, hagan lo que hagan".