"Me arrepiento muchísimo de haber comprado hace siete años": en China, la economía está devastada por la interminable crisis inmobiliaria
En ciudades como Tianjin, enormes proyectos inacabados dominan el paisaje urbano.
La crisis inmobiliaria en China sigue agravándose y ya arrastra a buena parte de la economía del país. Lo que durante años fue uno de los motores principales del crecimiento se ha convertido en un lastre: obras paralizadas, viviendas vacías y precios en caída libre dibujan un panorama cada vez más complicado.
En ciudades como Tianjin, enormes proyectos inacabados dominan el paisaje urbano. Uno de los ejemplos más visibles es una torre de casi 600 metros cuya construcción quedó detenida hace más de una década y que hoy sigue siendo una estructura vacía. Sin embargo, este no es un caso aislado.
En distintas regiones del país se multiplican los complejos residenciales sin terminar o completamente deshabitados, hasta el punto de que se estima que hay decenas de millones de viviendas vacías y numerosas "ciudades fantasma".
El origen de esta crisis se remonta a 2021, cuando colapsó el gigante inmobiliario Evergrande, ahogado por una deuda gigantesca. Desde entonces, otras grandes promotoras han seguido el mismo camino, y el sector —que llegó a representar más de una cuarta parte del PIB— no ha dejado de caer.
Cinco años después, la situación sigue deteriorándose. Las ventas inmobiliarias se han reducido a la mitad en apenas cuatro años y todo apunta a que 2026 será el sexto año consecutivo de descensos. Además, los precios han llegado a desplomarse más de un 30% en algunos barrios, lo que golpea directamente el patrimonio de millones de familias.
"Esta crisis es tan profunda que solo el Estado tiene capacidad para absorber el exceso de oferta", advierten analistas al diario italiano 'Le Figaro', donde también alertan del impacto en las grandes ciudades.
El problema, explican, es estructural: se siguió construyendo a gran ritmo pese a la caída de la demanda, lo que ha generado un exceso de viviendas que bloquea cualquier recuperación. "Esta continua caída está erosionando la confianza de los compradores. Es un círculo vicioso difícil de romper", agregan.
Durante décadas, la vivienda fue el principal refugio de ahorro en China. Se calcula que alrededor del 70% de la riqueza de los hogares urbanos está invertida en inmuebles. Sin embargo, gran parte de ese valor se ha evaporado desde 2021, dejando a muchas familias en una situación delicada, e incluso con deudas superiores al valor de sus propiedades.
El impacto va más allá del sector inmobiliario. La caída de precios hace que los hogares se sientan más pobres, reduzcan el consumo y aumenten el ahorro, lo que debilita aún más la economía. También afecta a los gobiernos locales, que dependían en gran medida de la venta de terrenos para financiarse y ahora tienen dificultades para cuadrar sus cuentas.
Las autoridades han optado por relajar algunas restricciones, facilitado crédito y apoyado proyectos en dificultades, además de apostar por vivienda pública y renovación urbana. Sin embargo, muchos expertos consideran que estas acciones son todavía insuficientes.
Economistas internacionales advierten de que el país se enfrenta a un desafío mayor: frenar el impacto de una desaceleración prolongada en el mercado inmobiliario sobre el crecimiento y las finanzas. Sin una recuperación del sector, la demanda interna seguirá debilitada, y las nuevas industrias tecnológicas, aunque en expansión, aún no tienen el peso suficiente para compensarlo.