Ni la OTAN ni Trump: Ucrania activa el plan "puercoespín de acero" para blindarse contra Putin
Kiev ha comprendido que la defensa de su país pasa únicamente por ellos mismos; dudan de la OTAN, de EEUU y de las posibles ayudas que estos puedan brindarles en una hipotética situación de paz con Rusia si fuera necesario.
Ucrania ha asumido una idea incómoda pero cada vez más extendida en Kiev: en un futuro acuerdo de paz, nadie garantizará su seguridad mejor que ella misma. Ni la OTAN, ni Estados Unidos, ni siquiera las promesas multilaterales parecen hoy un seguro suficiente frente a un Kremlin que ya ha demostrado su disposición a volver a atacar cuando le conviene. Ante ese escenario, el país se prepara para convertirse en un "puercoespín de acero": un Estado armado hasta los dientes, demasiado caro de morder para Rusia.
La expresión no es nueva. El año pasado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, animó a Ucrania a transformarse en una fortaleza moderna, "indigerible para agresores presentes y futuros". Desde entonces, ese concepto se ha convertido en una hoja de ruta estratégica: disuadir a Moscú no con palabras, sino con capacidades reales.
El ejército como verdadera garantía
Durante décadas, las garantías de seguridad se entendían como compromisos externos: tratados, aliados, paraguas militares. Hoy, esa lógica ha cambiado. "El núcleo de cualquier garantía debe ser el propio ejército ucraniano y su industria de defensa", resume Alyona Getmanchuk, representante de Ucrania ante la OTAN. La experiencia pesa: en 1994, Kiev renunció a su arsenal nuclear a cambio de promesas de Estados Unidos y Reino Unido que nunca se materializaron cuando Rusia atacó.
La desconfianza se ha intensificado con Donald Trump de vuelta en la Casa Blanca. El presidente estadounidense ha descartado la adhesión de Ucrania a la OTAN y ha demostrado una política exterior volátil, capaz de pasar del aislamiento a la cordialidad con Vladímir Putin en cuestión de semanas. En Kiev, pocos creen que Washington entraría en guerra por Ucrania o castigaría seriamente a Moscú si rompiera un alto el fuego.
Un Estado armado hasta los dientes
El plan del "puercoespín de acero" pasa por construir una capacidad militar permanente, costosa y difícil de neutralizar. No se trata de una fuerza improvisada de guerra, sino de un sistema sostenible en el tiempo.
Entre las prioridades que maneja el Gobierno ucraniano están:
- Mantener un ejército de hasta 800.000 efectivos incluso tras un eventual alto el fuego
- Reformar el sistema de reclutamiento, entrenamiento y carrera militar, hoy tensionado por la guerra y la evasión del servicio
- Modernizar el equipamiento con tanques, artillería y aviación de combate, incluyendo la posible compra de hasta 150 cazas Gripen suecos
- Garantizar salarios competitivos y estructuras profesionales para evitar deserciones masivas en tiempos de paz
El reto no es menor. Millones de ucranianos han intentado evitar el reclutamiento y cientos de miles de soldados se han ausentado sin permiso. Si el conflicto se congela, muchos querrán volver a la vida civil. Mantener una fuerza enorme y bien entrenada exigirá reformas profundas y miles de millones de euros anuales.
Drones, misiles y producción bajo presión
Si hay un campo donde Ucrania ha dado un salto estratégico es el de la guerra no tripulada. Kiev sostiene que la mayoría de las bajas rusas actuales se deben a drones ucranianos. La apuesta es clara: tecnología barata, masiva y letal.
Solo en 2025, el Ministerio de Defensa firmó contratos para 4,5 millones de drones FPV, triplicando el gasto respecto al año anterior. A ello se suman sistemas de guerra electrónica, munición inteligente y drones de largo alcance capaces de golpear dentro de Rusia.
Pero el verdadero talón de Aquiles es industrial. Ucrania puede producir armamento por valor de unos 35.000 millones de dólares al año, aunque solo logra financiar una tercera parte. Sin contratos estables, financiación previsible y fábricas protegidas, la producción en serie es frágil. Hoy, hasta el 60% de la capacidad industrial permanece infrautilizada.
Europa como respaldo, no como sustituto
La Unión Europea empieza a jugar un papel clave. Programas como SAFE, con 150.000 millones en préstamos para defensa, y un futuro crédito de 90.000 millones para Ucrania —en gran parte destinado a armamento— abren una vía de oxígeno. También se discuten acuerdos de seguridad jurídicamente vinculantes y la posible presencia de tropas europeas tras un acuerdo de paz.
Pero en Kiev nadie se engaña: todo eso es complemento, no sustituto. La lección aprendida es clara. Si Rusia vuelve a atacar, Ucrania quiere estar preparada para responder sola, rápida y con fuerza suficiente como para que Moscú se lo piense dos veces.
Convertirse en un "puercoespín de acero" no es una metáfora retórica. Es una estrategia de supervivencia. Con un vecino como Rusia, la disuasión ya no se negocia: se fabrica.