¿Siempre nos quedará Múnich?: la gran cita de la defensa mundial, con el orden conocido "bajo destrucción"
El desorden mundial impuesto por Trump es el eje de la conferencia alemana, la más importante del año en la materia, a la que Europa concurre dividida, amenazada y sin las garantías de protección solidaria del pasado.
Ha pasado un año desde que el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, pronunció un discurso explosivo en la Conferencia de Seguridad de Munich, criticando a Europa como nunca por sus políticas sobre migración y supuestos límites a la libertad de expresión y afirmando que la mayor amenaza que enfrenta el continente proviene de adentro, de sus propias instituciones.
El público quedó visiblemente atónito. Desde entonces, la Casa Blanca de Donald Trump ha trastocado el orden mundial. Tanto aliados como enemigos han sido golpeados con aranceles castigadores, ha llevado a cabo una incursión sin aval legal en en Venezuela, ha acometido la búsqueda desigual de la paz en Ucrania en términos favorables a Moscú y hasta ha atacado a su vecino, Canadá, diciendo que debería convertirse en el "estado 51" de EEUU. Para él, todo son medallas, como con Gaza.
Este año, la conferencia alemana, que concentrará las miradas del mundo desde hoy y durante todo el fin de semana, se perfila una vez más como decisiva. Y eso que no serán de la partida de Trump ni Vance, aunque sí 200 representantes gubernamentales de 120 países, incluido el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, es quien encabeza la delegación de su país, lo que suena a desprecio, en un momento en que la seguridad en Europa se ve cada vez más endeble, precisamente porque Washington le da esquinazo, no lo trata como un socio, se atreve incluso a agredirlo, política, defensiva y comercialmente.
La última Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada a finales del año pasado, instó a Europa a "valerse por sí misma" y asumir "la responsabilidad principal de su propia defensa", lo que aumentó los temores de que la Casa Blanca esté cada vez menos dispuesto a respaldar la defensa del viejo continente. Eso, sin contar con que esa misma Estrategia alentaba a la ultraderecha afín, esa que quiere dinamitar las estructuras comunitarias desde dentro.
Pero es la crisis de Groenlandia-Dinamarca-la UE-la OTAN la que realmente ha desgarrado el tejido de toda la alianza transatlántica entre Estados Unidos y Europa. Trump ha declarado en numerosas ocasiones que "necesita controlar" la isla cercana al Ártico por el bien de la seguridad estadounidense y mundial, sobre todo ante la amenaza de Rusia y de China en la zona, y durante un tiempo no ha descartado, incluso, el uso de la fuerza.
Groenlandia es un territorio autónomo que pertenece al Reino de Dinamarca, por lo que no fue sorprendente que la primera ministra de este país, la socialdemócrata Mette Frederiksen, dijera que una toma de poder militar hostil de EEUU significaría el fin de la alianza de la OTAN, que ha sustentado la seguridad de Europa durante los últimos 77 años. El modelo que nos dimos tras la Segunda Guerra Mundial, destrozado.
La crisis groenlandesa se ha evitado por ahora: la Casa Blanca se ha distraído con otras prioridades, anunciando un principio de acuerdo con la Alianza Atlántica del que sólo han salido detalles en la prensa y asistiendo, complacido, a cómo los socios europeos tratan de contentarle y activan la iniciativa Centinela del Ártico, para mejorar el blindaje en toda esa zona. Pese a esa marejada pasada, queda resaca, una pregunta incómoda, pendiente en la Conferencia de Munich: ¿Están los vínculos entre Europa y Estados Unidos en materia de seguridad dañados sin posibilidad de reparación? Habrá que escuchar y leer entre líneas, también, en estos días.
Se mantienen, pero...
Por el momento, se puede decir que esas relaciones se mantienen, aunque son tirantes, desconfiadas, lo que lleva a Europa a una revolución: la de actuar al darse plena cuenta de que ya no puede depender en nada de EEUU, ni en armamento ni en tecnología, ni en comercio ni en diplomacia.
Sir Alex Younger, quien fue jefe del Servicio Secreto de Inteligencia del Reino Unido, MI6, entre 2014 y 2020, explica a la BBC que si bien la alianza transatlántica no va a volver a ser como era, no está rota. "Seguimos beneficiándonos enormemente de nuestra relación con Estados Unidos en materia de seguridad, militar y de inteligencia", afirma. También cree, como muchos, que Trump acertó al obligar a Europa a asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa. "Tenemos un continente de 500 millones [Europa], y le pedimos a un continente de 300 millones [EEUU] que se enfrente a un continente de 140 millones [Rusia]. Es al revés. Por eso creo que Europa debería asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa", afirmó.
Este desequilibrio, por el cual el contribuyente estadounidense ha estado subsidiando efectivamente las necesidades de defensa de Europa durante décadas, ha apuntalado gran parte del resentimiento de la Casa Blanca de Trump hacia Europa.
Pero las divisiones en la alianza transatlántica van mucho más allá del número de tropas y la irritación hacia aquellos países de la OTAN, como España, que no han llegado al mínimo pactado de dedicar el 5% del PIB a seguridad y defensa, que fue lo que se pactó en la cumbre de la Alianza el pasado verano. Tenemos choques en materia de migración y libertad de expresión, en los que el equipo de Trump tiene profundas diferencias con Europa. Y en comercio, claro: no hay que olvidar que justamente la UE tragó también el pasado verano con un acuerdo arancelario que ahora Washington quiere ajustar más aún.
Mientras tanto, los gobiernos europeos elegidos democráticamente se han mostrado alarmados por la relación de Trump con Vladimir Putin, el mandatario ruso, y su propensión a culpar a Ucrania de la invasión rusa. Un relato que en la Casa Blanca le han comprado, con broncas públicas al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, que han escandalizado a Bruselas.
Debilidad y cuestionamiento
Los organizadores de la Conferencia de Seguridad de Múnich han publicado un informe antes del evento en el que Tobias Bunde, director de investigación y políticas, dice que ahora se ha producido una ruptura fundamental con la estrategia estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Esta estrategia, sostiene, se basaba en gran medida en tres pilares: la creencia en los beneficios de las instituciones multilaterales, la integración económica y la creencia de que la democracia y los derechos humanos no son sólo valores, sino activos estratégicos.
"Bajo la Administración Trump", afirma Bunde, "estos tres pilares se han visto debilitados o cuestionados abiertamente", asume. "Bajo destrucción" es, sin espacio para la duda, el título de este dossier. Dice el texto que el mundo ha entrado en una fase de políticas aplicadas "con bolas de demolición" en lugar de "reformas cuidadosas y correctivas". Y señala directamente al Despacho Oval.
Trump es es el más prominente ejemplo de aquellos que prometen liberar a su país de las ataduras del orden internacional actual para tratar de "construir una nación más fuerte y próspera" a costa de dinamitar las reglas que la primera potencia mundial dibujó a partir de 1945. Todo vale.
El informe vaticina que el nuevo mundo al que el magnate neoyorkino quiere dar forma puede beneficiar a los más ricos y privilegiados en lugar de a las clases medias y bajas que, “irónicamente, han puesto sus esperanzas” en esta estrategia.
Se nota hasta en la delegación enviada a esta cita anual. Olaf Boehnke, analista de la consultora Rasmussen Global, cree que el hecho de que sólo acuda Rubio constituye un nuevo gesto de desdén hacia los europeos. "En los últimos años siempre venía y participaba el vicepresidente y este año (...) sólo viene el secretario de Estado, sin el secretario de Guerra, y eso que aquí hablamos sobre defensa y asuntos militares", apunta en declaraciones a EFE. Marcel Dirsus, del Instituto para la Seguridad de la Universidad de Kiel, señaló a la misma agencia "las relaciones entre Europa y EEUU han llegado a un punto de crisis y nadie sabe qué pasará" en la edición de este año de la MSC.
Llamada de atención a Bruselas
Gran parte del pensamiento de la Casa Blanca de Trump se encuentra en la citada Estrategia de Seguridad Nacional. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, describe el documento como "una verdadera, dolorosa e impactante llamada de atención para Europa" y "un momento de profunda divergencia entre la visión que Europa tiene de sí misma y la visión que Trump tiene de Europa".
La estrategia establece como prioridad una nueva política de apoyo a grupos hostiles a los mismos gobiernos europeos que se supone son aliados de Washington. Promueve "cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas" y afirma que las políticas migratorias europeas corren el riesgo de "borrarse de la civilización".
Sin embargo, el documento sostiene que "Europa sigue siendo estratégica y culturalmente vital para Estados Unidos". "La reacción de la mayoría de Europa a esta Estrategia Nacional de Seguridad", dice el CSIS, "probablemente será la misma conmoción que experimentó el vicepresidente Vance durante su discurso en Munich en febrero de 2025". Cita expresa que da cuenta de la relevancia de este encuentro.
"Actualmente estamos viendo el surgimiento de actores políticos que no prometen reformas ni reparaciones", añade Sophie Eisentraut de la Conferencia de Seguridad de Múnich, "sino que son muy explícitos en su deseo de derribar las instituciones existentes, y los llamamos los hombres de la demolición".
Preocupa, sobre todo, la llamada de atención lanzada por Trump en la Cumbre de la OTAN de La Haya (Países Bajos) del pasado verano, cuando puso en duda la aplicación del Artículo 5 es la parte de la Carta de la OTAN. Es el punto que estipula que un ataque a un país se considerará un ataque a todos.
Desde 1949 hasta hace un año, se daba por sentado que si la Unión Soviética, o más recientemente Rusia, invadía un estado miembro de la OTAN como Lituania, toda la fuerza de la alianza, respaldada por el poderío militar estadounidense, acudiría en su ayuda. Aunque los funcionarios de la OTAN han insistido en que el Artículo 5 sigue muy vigente, y el propio republicano, al finalizar la cumbre, trató de mostrar que nada había cambiado, la imprevisibilidad de Trump, sumada al desdén que su Administración siente por Europa, inevitablemente lo pone en tela de juicio. De nuevo, miremos a Groenlandia y todo se entiende.
La misma pregunta puede aplicarse, avisan los analistas, a una futura, y aún hipotética, intervención rusa en el Paso de Suwalki, que separa Bielorrusia del enclave ruso de Kaliningrado en el Báltico. O al archipiélago ártico de Svalbard, administrado por Noruega, donde Rusia ya tiene una colonia en Barentsburg.
Dadas las recientes ambiciones territoriales del presidente Trump, nadie puede predecir con certeza cómo reaccionará. Y eso, en un momento en que Rusia libra una guerra a gran escala contra un país europeo en Ucrania, puede llevar a peligrosos errores de cálculo. Así que Conferencia de Seguridad de Múnich de esta semana debería ofrecer algunas respuestas sobre el rumbo de la alianza transatlántica. Otra cosa es que, como el año pasado, no gusten a los europeos.