Taty Almeida, la histórica Madre de Plaza de Mayo a quien parió su hijo desaparecido, muere a pocos días de cumplir 96 años
Lidia Stella Mercedes Miy Uranga buscaba a su hijo Alejandro, secuestrado y desaparecido desde el 17 de junio de 1975.

El 7 de junio de 1975, Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, más conocida como Taty Almeida, regresó a Argentina después de un viaje de ocio por Europa. Un día después, el 8 de junio, su hermana organizó un asado de bienvenida, donde se hizo la última fotografía que conservará con su hijo Alejandro, a quien verá por última vez apenas diez días después, el 17 de junio. Ese día, tras volver a casa después de estar en la calle, Alejandro le dijo a su madre que no iría a trabajar al día siguiente porque tiene un examen parcial de Medicina. El 18 de junio, cuando Taty se despertó, no encontró a su hijo. Siempre que se iba de casa sin avisar dejaba un papelito a su madre, pero aquella vez no. En uno de los muebles de la casa, Taty encontró una agenda de teléfonos. En ella descubrió 24 poemas que su hijo había escrito en las últimas 24 páginas. Taty Almeida no sabía que su hijo escribía poesía, tampoco que militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Alejandro Martín Almeida fue secuestrado y desaparecido aquel día de junio. 51 años después, ha muerto su madre, hoy ya una figura histórica de las Madres de la Plaza de Mayo.
Taty Almeida murió este lunes en el Hospital Italiano de Buenos Aires, pocos días antes de cumplir 96 años. A las 19.20 horas "se quedó dormidita", contó su hija Fabiana. Ella, junto a su otro hermano, Jorge, vieron que por la mañana su madre "no estaba bien, estaba sufriendo", y le dijeron: "Vieja, dale, soltá... Dale que Alejandro está arriba, te está esperando Ale. Abrácense, sígannos desde arriba que nosotros desde acá vamos a seguir buscando a Alejandro y a los otros 30.000" desaparecidos. Como la propia Taty deseaba, su cuerpo será velado en FOETRA, el sindicato argentino de trabajadores de las telecomunicaciones, "con el cajón cerrado y con una linda foto arriba".
A Taty Almeida siempre le gustó incidir en que era alguien antes de que desaparecieran a Alejandro y se convirtió en otra persona cuando esto sucedió. "Alejandro parió a Taty Almeida", decía. Hija de un teniente coronel y con varios miembros de su familia militares, Taty Almeida tardó en sumarse a las Madres de la Plaza de Mayo. Temía que, con su "currículum", la considerasen una espía. "Recurrí a todos mis amigos. Yo no podía pensar que todos mis conocidos ya eran culpables", recordaba. Hasta que un día conoció a Azucena Villaflor, una de las primeras Madres y a quien la dictadura argentina desaparecería también el 10 de diciembre de 1977. Villaflor le dijo que, por separado, las madres no lograrían nada. Entonces, muchas madres todavía pensaban que sus hijos todavía vivían. "Con vida los llevaron, con vida los queremos", clamaban. "La mayoría pensábamos que estaban presos, todavía no practicábamos esa palabra: desaparecidos", recordaba Almeida en una entrevista con Página 12.
Tras hablar con Azucena Villaflor, Taty Almeida se presentó un día en la casa de las Madres. Nada más entrar, vio muchas fotografías colgadas en las paredes, imágenes de personas desaparecidas, como su hijo. "No estoy sola", pensó. Ese día, le atendió otra de las fundadoras de Madres, María Adela Gard, que también buscaba a su hijo Daniel, un abogado. Gard preguntó a Almeida lo que preguntaban siempre al conocerse: "¿Quién te falta a vos?" Entonces, Almeida pudo hacer su "catarsis". Nació así una nueva Taty Almeida. Supo ya que a su hijo no lo habían desaparecido "ni por estúpido ni por perejil", sino por "militante político". "No hay que tenerle miedo a la palabra militancia; militancia es compromiso", diría al citado medio argentino. Desde entonces, Taty Almeida no dejó de ser una de las Madresy Abuelas de la Plaza de Mayo, desde donde siempre reivindicó la necesidad de tener memoria, de no olvidar.
Tras conocerse su muerte, las Abuelas de Plaza de Mayo destacaron su "fortaleza, coraje, su risa y su mirada chispeante, su voz infaltable en cada acto". "Todo eso era Taty. A cualquier que la escuchara, en los más diversos ámbitos, porque dedicó la mitad de su vida a brindar testimonio, le decía: 'No olvidar'. No olvidar a nuestros hijos e hijas desaparecidos, exigir justicia, sin odio ni rencor, dar el ejemplo, no bajar los brazos. Y en cada charla repetía: 'Sigan luchando por lo que crean que es justo, y cuando estén caídos, o cansados, repitan y digan buen fuerte: Si las Madres pudieron, ¿por qué no nosotros?'".
Cuando Taty leyó los poemas que desconocía que escribía su hijo, supo que Alejandro no solo era consciente de que podía morir, sino que, por si acaso, se despedía de ella en sus letras. El 13 de enero de 1975, en esa agenda telefónica, escribió: "Si la muerte / me sorprende / de esta forma tan amarga / pero honesta / Si no me da tiempo / a un último grito / desperado y sincero / dejaré el aliento / el último aliento / para decir / Te quiero".
