Xi muestra cercanía con Trump en su visita pero alerta: "no hay ganadores en una guerra comercial" y Taiwán no se toca
El estadounidense ensalza al chino como un "amigo" y un "gran líder" al comienzo de su visita oficial, pero se lleva dos avisos a navegantes en la primera cita, más de dos horas de reunión tras un desfile de 10.000 soldados.
En un encuentro de alto voltaje diplomático en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín, el presidente de China, Xi Jinping, ha recibido este jueves a su homólogo estadounidense, Donald Trump, en una reunión marcada por advertencias directas sobre la soberanía territorial (léase Taiwán) y un llamamiento a la estabilidad económica global entre dos gigantes enzarzados en la última década en sucesivas guerras comerciales.
Los dos mandatarios han mostrado una evidente sintonía. A Trump le gusta la manera de trabajar de los chinos y, en la campaña electoral de 2016, los convirtió en uno de sus ejes. El poder, el autoritarismo, la eficacia. El régimen comunista ha sacado a las calles a 10.000 soldados para agasajar a su invitado y, entre rojos y dorados, el republicano ha estado cómodo, con el traje de alto estadista bien enfundado.
Pero esto es como el meme, "yes, but...", y tras los fastos han llegado los toques de atención. Xi ha sido tajante al señalar que Taiwán constituye "el asunto más importante" en la relación bilateral. Según informaron los medios estatales chinos, el mandatario advirtió en las más de dos horas de reunión con el norteamericano que una "mala gestión" de esta cuestión podría llevar a ambas potencias a un "choque" o "incluso al conflicto", situando la relación en un escenario "muy peligroso".
Para Pekín, la "independencia taiwanesa" es incompatible con la paz en el Estrecho de Taiwán. Xi subrayó que mantener la estabilidad en la zona debe ser el "mayor denominador común" entre Pekín y Washington. Mientras China considera a la isla una provincia inalienable, EEUU sigue siendo el principal suministrador de armas de Taipéi, a pesar de no mantener vínculos diplomáticos oficiales.
En el plano económico, y con la sombra de las tensiones arancelarias de años recientes, Xi recordó una de sus frases favoritas: que "no hay ganadores en una guerra comercial". El líder chino insistió en que el beneficio mutuo es la esencia de los vínculos entre ambas naciones y que, ante las inevitables fricciones, la "única opción correcta" son las consultas basadas en la igualdad.
Xi valoró positivamente los avances logrados el miércoles en Seúl por los equipos económicos -liderados por el viceprimer ministro He Lifeng y el secretario del Tesoro, Scott Bessent-, calificándolos como "buenas noticias" para el mundo. Esta reunión en Pekín se produce tras la tregua pactada el pasado octubre en Busan (Corea del Sur), aunque persisten disputas clave sobre tecnología, tierras raras y el acceso al mercado chino.
Trump, pese a todo, ha ensalzado a su par chino como un "amigo" y, también, un "gran líder" al comienzo de su visita oficial. Está por ver si mantiene esa línea aduladora, ahora que Xi le ha puesto las cartas sobre la mesa. El magnate ha augurado "un futuro fantástico" para las relaciones de su país con China y ha asegurado que los "30 mejores" empresarios invitados en su delegación "esperan con interés comerciar y hacer negocios" con Pekín de manera "totalmente recíproca" por su parte.
"Tengo un gran respeto por China (y) el trabajo que has hecho. Eres un gran líder", ha afirmado dirigiéndose a Xi desde el otro lado de una gran mesa donde el inquilino de la Casa Blanca ha considerado "un honor" tanto estar en dicho encuentro como "ser (su) amigo", literalmente.
La agenda y los compañeros
Trump aterrizó en la capital china acompañado de una delegación que subraya el peso económico de la visita. Junto al secretario de Estado, Marco Rubio, viajaron figuras de la talla de Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), Jensen Huang (Nvidia) y directivos de gigantes como Boeing, BlackRock, Meta y Goldman Sachs.
El mandatario estadounidense mantiene una agenda apretada que concluirá este viernes, incluyendo cenas de Estado y actos en lugares emblemáticos como el Templo del Cielo. Esta es su segunda visita oficial a China, tras la realizada en 2017, y busca definir el rumbo de la competencia estratégica entre las dos mayores economías del mundo en un contexto de alta incertidumbre global.