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09/10/2014 07:15 CEST | Actualizado 08/12/2014 11:12 CET

Mamadou Diallo, víctima y superviviente del ébola

La historia de Mamadou prueba que un país africano puede combatir eficazmente la expansión del ébola. La ministra de Sanidad de Senegal, Awa Marie Coll Seck, una de la mayores expertas africanas en enfermedades infecciosas y tropicales parece haber puesto en marcha un dispositivo eficaz para combatir futuros contagios, y en Nigeria la situación parece estar bajo control igualmente.

Kirk Douglas encarnó al ambicioso periodista Chuck Tatum en la clásica película de Billy Wilder El gran carnaval, que hoy es recordada por muchos como una de las mejores películas de la historia del cine. Sin embargo, al estrenarse fue un sonoro fracaso comercial, el primero y prácticamente el último de la carrera de Wilder, quien rebajó el nivel de cinismo de sus producciones posteriores a niveles aceptables para el gran público.

En El gran carnaval el oportunista Tatum, después de buscar sin éxito durante meses la exclusiva que le permita conseguir un contrato con un gran periódico, ve el cielo abierto cuando, realizando un reportaje, se entera de que en una gruta cercana un hombre ha quedado atrapado mientras buscaba unas cerámicas indias. Entusiasmado por el gran potencial de la historia, Tatum le comenta a su joven ayudante que el hecho de que solo un minero haya quedado atrapado hace que la historia sea todavía mejor, puesto que el gran público puede compadecerse de un ser humano, pero no de mil.

Si hacemos caso al cínico Tatum, la historia del joven Mamadou Diallo, el único caso censado de ébola en Senegal, tiene mayor interés periodístico que la de las miles de víctimas que el actual brote del virus ha provovado en Guinea, Sierra Leona y Liberia. La historia de Mamadou Diallo tiene además un final parcialmente feliz, y permite cuestionar ciertos mitos relativos a esta nueva y temible enfermedad llamada ébola.

Mamadou era un estudiante guineano más en Dakar, la capital de Senegal, en donde vivía en casa de unos tíos suyos que, al parecer, detentaban una frutería, como bastantes otros guineanos en Senegal. Mamadou fue a Guinea a visitar a sus padres y regresó a Dakar unos días después, poco antes de que la frontera entre ambos países se cerrara precisamente a consecuencia de la epidemia. Durante el trayecto, no presentó síntomas, pero empezó a sentirse mal al poco tiempo de su llegada a Dakar. Los médicos del hospital de Fann, en Dakar, diagnosticaron a Mamadou con celeridad y lo aislaron del resto de pacientes, poniendo igualmente en cuarentena a toda la familia de Mamadou en Dakar y a todas las personas con las que Mamadou había tenido contacto en los días posteriores a su llegada a Senegal.

Finalmente, gracias a Dios, Mamadou era el único infectado, ya que el ébola no es transmitido fácilmente (primer mito del ébola): hay que entrar en contacto con los fluidos vitales de un enfermo que presente síntomas, o de un animal infectado. Además, el tratamiento que recibió en Dakar fue el adecuado, y Mamadou sobrevivió a la enfermedad, que no es necesariamente mortal (segundo mito del ébola). La historia de Mamadou prueba también que un país africano puede combatir eficazmente la expansión del virus y tratar a un paciente sin propiciar nuevos contagios, en contra lo que un tercer mito de esta enfermedad pueda hacernos creer. Awa Marie Coll Seck, ministra de Sanidad de Senegal y una de la mayores expertas africanas en enfermedades infecciosas y tropicales parece haber puesto en marcha un dispositivo eficaz para combatir futuros contagios, y en Nigeria la situación parece estar bajo control igualmente.

Sin embargo, no todo en esta historia tiene final feliz, ya que se trata de una historia de víctimas de una terrible enfermedad infecciosa. El miedo al ébola se ha cebado con los tíos de Mamadou, que al parecer han tenido que cerrar su negocio por falta de clientes, pero lo más trágico para Mamadou es que su madre y su hermana mayor fallecieron a causa de la enfermedad en su Guinea natal. Las noticias que llegan de ahí son ciertamente alarmantes, y esperemos por el bien de todos que las previsiones más pesimistas no se hagan realidad, pero para ello los países más afectados van a necesitar la ayuda de personal médico cualificado, puesto que sus sistemas sanitarios están actualmente al borde del colapso.

En cuanto a Mamadou, finalmente ha decidido regresar a Guinea a cuidar del resto de su familia. Dudó antes de decidirse, puesto que él mismo ha sido víctima no solamente del ébola, sino del pánico a la enfermedad, pero optó finalmente por ayudar a su familia en la medida de sus posibilidades volviendo a Guinea y abandonó Senegal con una mezcla de sentimientos que incluían la culpabilidad de haber introducido el virus en el país y el agradecimiento a los médicos que lo trataron.

El vuelo de vuelta de Mamadou a Guinea tuvo aires de sainete: aunque ya estaba curado, Senegal hubo de fletar un vuelo especial en el que Mamadou viajó sin acompañantes, y el aterrizaje, inicialmente previsto en Conakry (la capital) fue finalmente desviado a un aeropuerto secundario. Todo ello nos permite ver claramente cómo la enfermedad afecta a la confianza entre los pueblos y la doble humillación de las víctimas del ébola: enfermos primero, y apestados y estigmatizados después. Le deseo suerte a Mamadou en todo caso. Una de las pocas cosas que se saben del ébola es que los supervivientes quedan inmunizados durante varios años para nuevas infecciones de la misma, pero siguen siendo potenciales víctimas del SIDA o de la malaria, plagas a las que ya parecemos habernos acostumbrado y que matan mucho más que el ébola.

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