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25/11/2012 10:02 CET | Actualizado 11/10/2013 11:55 CEST

Vivir en un país de ingresos medianos altos

Muy mal tendremos que hacer las cosas en Europa y en España para transitar de la zona alta a la zona media de la clasificación de países según su renta del Banco Mundial, pero Argentina lo ha hecho ya antes y Grecia lo está haciendo en este momento a pasos agigantados

En una entrada anterior de este blog hice mención al hecho de que vivo en Mauricio, que según la clasificación del Banco Mundial es un país de renta media, o más exactamente, un país de ingresos medianos altos. De acuerdo a la misma clasificación España se encuentra confortablemente situada en el privilegiado club de países de ingresos altos y las perspectivas a corto plazo no apuntan a que vayamos a salir del mismo, pero más a largo plazo la perspectiva de ver a España salir del club de las economías avanzadas no es imposible para los que somos relativamente jóvenes.

No es imposible, pero afortunadamente es muy difícil ya que nuestra economía está lo bastante diversificada y somos competitivos en bastantes campos, por lo que tendremos que seguir haciendo las cosas muy mal durante bastante tiempo para que ello ocurra. Además, los cambios de estatus en la clasificación anterior son un fenómeno relativamente raro y la tendencia general, ya sea por razones geográficas, políticas u otras que me propongo explicar es que los países conserven en cierta medida su estatus socio-económico. Lo ocurrido en China en los últimos 30 años (700 millones de personas transitando de la mitad baja a la mitad media-alta de la tabla) es por lo tanto un hecho histórico realmente remarcable, y lo mismo se puede decir de lo acontecido en otros países del Sudeste Asiático.

La transición de país de renta media a país de ingresos altos es particularmente complicada por el fenómeno que en economía se conoce como middle income trap o la trampa de la renta media. Cuando un país ha avanzado en su proceso de desarrollo se llega a un punto en que es muy difícil continuar creciendo sin aumentar los salarios: esto ocurre en el momento en el que el contingente de trabajadores que han abandonado los sectores menos productivos (tradicionalmente la agricultura o la pesca) se ha agotado o casi. Este momento es el llamado punto de inflexión lewisiano en honor a Sir Arthur Lewis, el economista que definió el proceso, y en la mayoría de casos el aumento de los salarios hace declinar la competitividad del país, que se ve atrapado en la zona de ingresos medios por la maldita trampa ya mencionada.

Ciertos estudios apuntan que China se encuentra en dicho punto de inflexión, por lo que será interesante ver si consigue evitar la trampa de la renta media y continuar creciendo bajo el mismo modelo. Uno de los pocos países que ha sorteado recientemente el paso de país subdesarrollado a país de altos ingresos es Corea del Sur, que lo ha logrado gracias a fuertes inversiones en infraestructuras pero también -sobretodo- en ciencia y en educación. El catédratico Luis Garicano escribió hace poco un artículo en El País en el que señalaba las inversiones necesarias en este sentido para asegurar el futuro de nuestro país.

Existe más literatura sobre la economía del desarrollo que sobre el tránsito contrario, por el que un país pasa de ingresos altos a ingresos medios. Los ejemplos, pese a todo, existen: hace cien años Argentina era uno de los diez países más ricos del mundo, con una renta per capita similar a la de Francia o Alemania y muy superior a la nuestra, y un siglo después la economía argentina se parece mucho más a la de Malasia. Pero podría ser peor: Argentina no pertenece al club de los países más ricos pero tiene una larga lista de países por detrás con economías más subdesarrolladas.

Como decía al principio, muy mal tendremos que hacer las cosas en Europa y en España para transitar de la zona alta a la zona media de la clasificación, pero Argentina lo ha hecho ya antes y Grecia lo está haciendo en este momento a pasos agigantados. Si nos precipitamos por ese camino, Dios no lo quiera, nuestro día a día se parecerá pues más al de Mauricio que al de Francia o Alemania, por lo que voy a dar unas pinceladas de la vida en un país que probablemente a muchos ya les empiecen a resultar familiares.

Los sueldos son tan bajos que incluso teniendo trabajo resulta difícil independizarse, lo cual ocurre a edades muy avanzadas o incluso no ocurre, por lo que matrimonios jóvenes viven en casa de los padres. Un coche o un ordenador no son bienes que estén al alcance de cualquiera, incluso para hacerse con uno de segunda mano es necesario endeudarse y ahorrar durante largos períodos de tiempo. La mayoría que no tiene coche realiza a menudo trayectos de más de una hora en un transporte público saturado para desplazarse a su lugar de trabajo. Las pensiones son exiguas, y si no se cuenta con la ayuda familiar o con un buen colchón la simple supervivencia en base a las mismas es prácticamente inviable. La sanidad pública existe pero a menudo no puede proporcionar ciertos tratamientos, por lo que las familias de los enfermos proceden a realizar colectas para tratarlos en el extranjero. Viajar al extranjero es un privilegio reservado a las élites e ir a un restaurante es algo que se reserva para las grandes ocasiones. Y un largo etcétera.

Para que el cuadro anterior no resulte totalmente sombrío, cabe concluir que en un país como el anterior no hay hambrunas, ni grandes epidemias, ni guerras ni individuos que sean torturados por pensar diferente como ocurre en los países más al fondo de la clasificación. Ser feliz en un país de ingresos medianos altos es por lo tanto factible, simplemente es un pelín más complicado.

SOMOS LO QUE HACEMOS