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19/11/2015 06:59 CET | Actualizado 19/11/2016 11:12 CET

Para combatir al ISIS, Occidente tiene que aliarse con Rusia, Irán y Siria

french fighter jetSi no creamos las condiciones necesarias para formar una alianza de todas las fuerzas del bien -que abarque todo el mundo- contra aquellos que defienden el mal, el problema sólo puede ir a mayor y la peor de las violencias se verá incrementada en las calles y recurrirán a ella las víctimas del caos de otra parte del mundo.

FRANCK PENNANT via Getty Images
A picture taken on July 14, 2015 from a French Air Force C-135 FR refueling tanker aircraft shows four French Rafale fighter jets flying over the countryside, west of Paris, on their way to take part in the aerial Bastille Day military parade over Paris on July 14, 2015. AFP PHOTO / FRANCK PENNANT (Photo credit should read FRANCK PENNANT/AFP/Getty Images)

Uno se pregunta por qué Francia ha tardado tanto en comprender que la unión de un pueblo sin estado de derecho sólo puede acabar en caos. Aun así, el caos es más palpable cada año. Se ha hecho hueco en muchos ámbitos -económico, social, ecológico, político, militar e ideológico, entre otros- de manera gradual, inexorable, a nivel mundial y ahora también de forma espectacular.

En un mundo así, las soluciones autárquicas cada vez tienen menos razón de ser. ¿Somos capaces de imaginar a Francia enfrentándose sola a esta batalla que se ha librado este 13 de noviembre en las calles y hace menos de un año en los atentados contra la revista Charlie Hebdo?

Si no creamos las condiciones necesarias para formar una alianza de todas las fuerzas del bien -que abarque todo el mundo- contra aquellos que defienden el mal, el problema sólo puede ir a mayor y la peor de las violencias se verá incrementada en las calles y recurrirán a ella las víctimas del caos de otra parte del mundo.

A lo largo de la historia, se han definido el bien y el mal cientos de veces. En la actualidad, el mal es el terrorismo, venga de donde venga. El bien ha de definirse modestamente, ya que se enfrenta a ese mal: uniendo a todos aquellos que estén en contra del mal, aunque tengamos mucho que criticar a nuestra elección de aliados.

Para conseguirlo, necesitamos aplicar urgentemente una serie de principios simples, pendientes desde hace tiempo, pero que no se han llevado a cabo por debilidad, ignorancia, cobardía e indecisión ante los recientes actos de violencia.

  • Primero, hay que dejar de enfrentarse a Rusia, Irán y Siria, aunque no estemos de acuerdo con su actitud, porque somos aliados independientes en este conflicto. Después, hay que unir las fuerzas de todos los países que son partícipes de esta lucha común, de la misma manera en la que las fuerzas de la civilización se aliaron en la Segunda Guerra Mundial. No podríamos haber ganado a Hitler sin Stalin, Roosevelt y Churchill.
  • Posteriormente, la OTAN debe transformarse para luchar contra la naturaleza del terrorismo actual y para no sufrir otra Guerra Fría. Para enfrentarse a estas nuevas amenazas, tiene que congregar a todos los enemigos de nuestros enemigos. Y Europa, ahora más que nunca, tiene que ser duro en el ámbito de defensa.
  • Por último, y más importante, tenemos que ser conscientes de que esta batalla no sólo la ganarán profesionales, por muy necesarios que sean, también la ganará la población entera movilizándose en defensa de nuestros valores. Por eso sigue siendo necesario que se enseñen esos valores en el colegio, para que nuestros ciudadanos quieran luchar por ellos. En esta nueva batalla, hay que recuperar el servicio militar como movilización permanente de los ciudadanos, para que exista una disposición de defensa cívica amplia.
  • Sobre todo, necesitamos que en Francia se practique un discurso claro y coherente en el que se explique en qué creemos y por qué. Ofrecer palabras alentadoras después de un desastre no tiene que ser siempre responsabilidad del presidente de los Estados Unidos.

Puede que a partir de ahora decidamos analizar todo, y esto nos ayudará a salir adelante después de estos sucesos.

Tenemos que revaluar nuestros presupuestos de defensa, policía y educación y ver cómo encajan en estos tiempos difíciles, algo que deberíamos haber hecho hace mucho tiempo. Esta reflexión debería influir en las próximas elecciones regionales francesas y dar forma a las políticas de los candidatos a las futuras elecciones presidenciales. En particular, debería delimitar nuestras políticas exterior y europea.

Pero hay que darse prisa. Los atentados del 13 de noviembre nos hacen ver el precio del tiempo que ya hemos perdido.

Este post fue publicado originalmente en 'The WorldPost' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros