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22/07/2013 07:26 CEST | Actualizado 22/09/2013 11:12 CEST

Todo lo sólido se disuelve en el consumo

Nuestra vida queda resumida en la experiencia como consumidor. Todo lo que hemos hecho es leído como experiencia de consumo: juventud, el amor, los viajes iniciáticos... Hasta el trabajo aparece como consumo de empleo. Sin embargo, hay actividades o categorías sociales que son condenadas a la exclusión.

Hace pocos días, se presentaba en un programa de radio la nómina y el carecer de nómina como dos estilos de vida. La vida de la nómina como una vida sin problema, relajada y sin aliciente. La nómina abría las puertas a todo: a las compras a plazos, a los créditos en general, a las vacaciones, el alquiler de la vivienda. Los que carecían de nómina -y se referían a profesionales y autónomos, a gente que realiza una actividad y no a desempleados- tenían que ingeniárselas para entrar en esos circuitos del crédito. Estaban más motivados, por necesidad, al ingenio, como poner un intermediario como titular del crédito, de manera que se crea una nueva fuente de rentas, quienes cobran por estar de titulares -porque tienen nómina- de préstamos que van dirigidos a otros para la adquisición de cualquier tipo de bien de consumo. Pero lo importante es que se ponía a los que carecían de nómina como modelo y motor de la historia. El sujeto de la historia ya no es el proletariado, el que carece de los medios de producción, sino el que carece de los medios de producción y de la relación contractual estable para generar plusvalía con esos medios de producción ajenos.

Parece que todo, por mucha solidez, carga política, pesadez o dramatismo que contenga está condenado a quedar en estilo de vida, a ser sólo un estilo de vida más en competencia con otros estilos de vida, a disolverse en el aire, como vaticinó Marx hace siglo y medio. El 15-M no es un movimiento social que reacciona ante las políticas económicas y la subordinación de las instituciones políticas al mercado, sino un modo de vida y, en definitiva, una propuesta de moda caracterizada por las rastas o los signos con las manos durante las asambleas. El paro no es una desgracia sobrevenida en la que el desempleado sufre las decisiones de otros. Se convierte en una especie de elección vital o, en todo caso, en muestra de la incapacidad vital para ser otra cosa -como emprendedor- que, a su vez, conforma una nueva forma de vida con su propio sistema de prácticas: menos gasto, menús más baratos, háztelo tú mismo -por falta de recursos para acceder al mercado para que te lo hagan expertos-, consejos de conserva lo que tienes y hasta legitimaciones ecológicas porque se gasta menos energía en trayectos con medio de transporte. Hasta hemos podido asistir a esta caracterización en boca de un político del Partido Popular, considerando a los parados personas con largas vacaciones. El parado como un estilo de vida envidiable.

Toda experiencia o situación se convierte en moda, consumo o estilo de vida. Todas las experiencias devienen experiencias de consumo. Es más, todo acto de consumo se transforma en una experiencia de consumo. Así, la experiencia es la acumulación de experiencias de consumo. Nuestra vida queda resumida en la experiencia como consumidor. Todo lo que hemos hecho es leído como experiencia de consumo: hemos consumido juventud, el amor, los viajes iniciáticos... Hasta el trabajo aparece como consumo de empleo. No es de extrañar que dentro de poco nos cobren por trabajar. ¿No es un lujo tener una nómina, hasta el punto de que se puede obtener rentabilidad del sólo hecho de tenerla? ¿No nos están cobrando ya por tener un empleo a quienes lo tenemos? A veces tengo la impresión de que así es.

Sin embargo, hay actividades o categorías sociales que son condenadas a la exclusión. De ellas se dice que no están de moda. No está de moda ser pobre, viejo, ama de casa o dependiente, por ejemplo. Estas categorías de sujetos se convierten en ruido dentro del mundo de las tendencias y la novedad. En objetos obscenos y feos, tal vez abandonados descuidadamente por un mal escaparatista, tras poner tras la luna de cristal todo lo que son tendencias y novedades. Todo lo que hoy merece estar en el mercado.

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