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09/10/2014 07:15 CEST | Actualizado 08/12/2014 11:12 CET

Interrogatorio a los comisarios: lección parlamentaria para España

viñetacañeteResultó bochornoso escuchar a Arias Cañete desentenderse una y otra vez de la terrible política que el Gobierno del PP y su mayoría absoluta -del que ha formado parte hasta el día de antes de ayer- ha ejecutado implacablemente en España durante los últimos tres años.

Durante las dos últimas semanas viene teniendo lugar en el Parlamento Europeo (PE) un duro examen a los 27 comisarios designados por parte de las comisiones parlamentarias correspondientes; el miembro número 28 -persiste, todavía, a estas alturas, el absurdo de uno por Estado miembro- es el Presidente electo, el luxemburgués Jean Claude Juncker, para cuya investidura no contó con el voto de los socialistas españoles.

Este acto se denomina "hearing" (audiencia) en la jerga europea: se trata de lo que en España el Derecho Parlamentario español conocemos como "comparecencia"..., solo que tomada en serio.

Tomar en serio al Parlamento exige, para empezar, que el Parlamento se tome en serio a sí mismo. Es lo que caracteriza esta actuación parlamentaria que no debe en ningún caso despacharse como un trámite.

Tampoco se trata, desde luego, de un examen al que un opositor se enfrenta memorizando un temario. Antes bien: lo interesante de este examen es que es un acto político.

Precisamente por serlo, la combinación de fuerzas en el PE (una vez más, escorada a la derecha y con mayoría conservadora) permite predecir que, en sus trazos generales, la Comisión Juncker prosperará en el voto conjunto que se producirá en el próximo Pleno de octubre en Estrasburgo. Otra cosa muy distinta es que ese "hearing" somete, como en efecto sucede, a un escrutinio riguroso y políticamente intencionado a los candidatos/as propuestos/as por los Gobiernos nacionales de los EE.MM para integrar el llamado "Colegio de Comisarios", esto es, la Comisión, "guardiana de los Tratados" y Gobierno ejecutivo permanente de la UE.

He participado en el examen individualizado de tres comisarios que responden ante la Comisión de su competencia: Interior y Migración (el griego Avramopoulos, conservador); Desarrollo (el croata Mimica, socialdemócrata) y Justicia e Igualdad de Género (la checa Jourova, liberal).

Con carácter general, mi impresión es pésima. Y confirma mi lectura claramente negativa de la composición de esta Comisión Juncker, un nuevo juego malabar en el momento en que la UE más necesitada se encuentra de liderazgo, pasión y medicina de caballo.

Me produjo estupor constatar la escasa convicción y pasión con que los aspirantes a comisarios se enfrentan a un examen que, como poco, es extenso. En ocasiones exhaustivo hasta el agotamiento. Y muy plural en sus registros y temáticas, como no podría ser menos tratándose de un Parlamento complejo y multinacional como es el europeo.

Si es obvio que la Comisión Barroso II resultó un desastre cuya horrorosa gestión de la interminable crisis ha hundido a la UE en uno de los peores baches de su historia -y todavía estamos pasándolo sin luz al final del túnel- esta Comisión Juncker amenaza con empeorarla.

El abigarramiento de los contrapesos cruzados (comisarios que se neutralizan recíprocamente) y la nueva regla de subordinación de los 20 comisarios a los 7 vicepresidentes (oponiendo compromisos políticos contradictorios), hacen adivinable que vayamos a soportar una prolongación de las constantes vitales de bajísimo perfil y aún peor rendimiento que la han caracterizado estos últimos años, con el sometimiento de la Comisión al Consejo y, singularmente, al dictado y agenda de prioridades de la señora Merkel.

Punto y aparte merece el tercer grado con que se atornilló a Arias Cañete en la Comisión de Energía y Medio Ambiente, como responsable designado para el área de Energía y Cambio Climático.

Resultó bochornoso escucharle desentenderse una y otra vez de la terrible política que el Gobierno del PP y su mayoría absoluta -del que ha formado parte hasta el día de antes de ayer- ha ejecutado implacablemente en España durante los últimos tres años.

Así, despachó olímpicamente su propio papel en la derogación regresiva de la Ley de Costas de 1988 (amnistiando selectivamente construcciones ilegales en manos de rentas muy altas); el desmantelamiento suicida de la energía renovable (con grave quebranto de la seguridad jurídica y una miríada de recursos ante los tribunales que acabarán devengando la responsabilidad patrimonial del Estado); o su grosera apuesta por los combustibles fósiles y altamente contaminantes (incluida la autorización a Repsol de prospecciones en Canarias, contra la encarnizada oposición de las instituciones canarias).

Pero el punto más caliente acabó siendo, de lejos, el de la contraindicación de sus intereses empresariales con sus áreas de gestión como comisario en ciernes.

Resultó penoso el desparpajo con que una y otra vez aludía a su "familia directa" para eludir responder a quienes -formalmente, y luego a gritos en la sala- le inquirían por su cuñado -("it's your brother in law!", le gritaban una y otra vez)-, ahora colocado al frente de sus hasta ayer empresas de fueling y bunkering.

La desembocadura de los "hearings" dependerá, claro está, de la correlación de fuerzas en el PE y de la predeterminación de la instrucción de voto en los Grupos a la Cámara: la aritmética predice que una mala Comisión puede salir adelante si una mayoría le apoya.

Pero ello no desmerece de consistencia y calidad a este examen, ni al escrutinio a fondo de los candidatos a formar parte del Ejecutivo Comunitario. Sin cortapisas ni frenos, sin inhibidores obedientes a disciplinas nacionales.

Ojalá podamos pronto introducir esta buena práctica parlamentaria en el Parlamento español, necesitado también de un reconstituyente que le saque del estado comatoso en que se encuentra.