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08/04/2016 07:06 CEST | Actualizado 08/04/2016 07:07 CEST

Yihadistas (europeos) y guerra (global)

yihadistaPara hacer frente al yihadismo hace falta atacar conjuntamente sus fuentes de financiación y blanqueo. Intervenir el tráfico ilícito de armas y municiones, y hacerlo sin confundir el combate del mercado ilegal de armas con la tenencia legal de cazadores y coleccionistas, tan numerosos en Europa como ajenos a la amenaza terrorista. Es preciso asimismo una estrategia de combate cultural e ideológico, una narrativa antiyihadista frente a una situación de espiralizacion del odio por la que muchos jóvenes que han nacido en Europa se muestran dispuestos a matar y morir matando.

La trágica jornada del 22 de marzo en Bruselas permanecerá clavada en la memoria de millones de europeos profundamente preocupados por el mal estado de la UE, incluidos los parlamentarios españoles que estábamos allí ese día cumpliendo nuestras obligaciones.

El intenso dramatismo de cada minuto transcurrido a lo largo de esa mañana, cruzado de falsas alarmas sobre otros explosivos y atentados que no se verificaron, ha dado paso a una miríada de tribunas, comentarios y análisis especializados que han puesto el acento en los pretendidos errores o signos de incompetencia en las autoridades belgas de seguridad. E incluso, yendo más lejos, en las debilidades estructurales puestas de manifiesto en un Estado miembro y fundador de la UE como es Bélgica, estigmatizado por algunos como supuesto Estado fallido, a la hora de albergar las sedes de la UE y garantizar su seguridad.

Vengamos de nuevo al sosiego del análisis racional. Es cierto que Bélgica plantea dificultades intrínsecas: un Estado federal que se comporta en la práctica como confederal. Acostumbrado a gobiernos de amplia y plural coalición, e incluso a largos periodos de interinidad que llegan a durar dos años de gobierno en funciones (¡su última presidencia rotatoria de la UE transcurrió íntegramente con un "Gobierno en funciones"!), Bélgica confedera tres comunidades lingüísticas (valón, flamenco, alemán) que no comparten una lengua común, y tres regiones legislativas (Valonia, Flandes y Bruselas) con cuerpos de policía desconexos entre sí e insuficientemente equipados para la cooperación.

Pero Bélgica es, no se olvide, uno de los países fundadores de la construcción europea, desde mediados de los 50. Entonces, uno de los founding fathers, el primer ministro belga Paul Henry Spaak dijo de la construcción europea que "no es cierto que integrase países pequeños -Benelux- y otros grandes (Italia, Francia, Alemania); todos somos pequeños; solo que algunos lo sabemos mientras que otros todavía no lo saben".

La cita es buena: porque nos refresca la evidencia de que, desde el principio, la razón de ser de la UE es la puesta en común de capacidades de respuesta frente a desafíos que transcienden las escalas nacionales de los EE.MM y la "soberanía" de sus gobiernos "domésticos". Y eso exige estar regido por la voluntad de integración supranacional.

Es imprescindible contar con las comunidades musulmanas de la UE, sin cuya cooperación no será fácil detectar las células radicales en origen, ayudando a desactivarlas, desarraigarlas.

El terrorismo como primera y más grave de las amenazas a la seguridad de la ciudadanía europea sobresale en el diagrama de esos desafíos que requieren que Europa honre su proclamada vocación de erigirse como actor "globalmente relevante", en disposición de ser un interlocutor fiable frente a otros como EE.UU., China, Rusia... Tener una voz conjunta en los foros de seguridad (para empezar, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como Reino Unido y Francia tienen asiento permanente y por tanto poder de veto). Y establecer de una vez una estrategia europea de seguridad (art. 70 TFUE) con medios y recursos a la altura de sus objetivos proclamados.

Muchos hemos abogado en el Parlamento Europeo -antes, a lo largo y después de cada eslabón de la sangrienta y dolorosa secuencia de atentados y masacres que nos han golpeado últimamente, desde Charlie Hebdo hasta Zaventem- por la construcción de un embrión de FBI europeo sobre la base de Europol, una comunidad de información que permita poner también en común bases de inteligencia (análisis e interpretación de la información disponible).

Para hacer frente al yihadismo hace falta atacar conjuntamente sus fuentes de financiación y blanqueo. Intervenir el tráfico ilícito de armas y municiones, y hacerlo sin confundir el combate del mercado ilegal de armas con la tenencia legal de cazadores y coleccionistas, tan numerosos en Europa como ajenos a la amenaza terrorista.

Es preciso asimismo una estrategia de combate cultural e ideológico, una narrativa antiyihadista frente a una situación de espiralizacion del odio por la que muchos jóvenes que han nacido en Europa (los yihadistas europeos) se muestran dispuestos a matar y morir matando. Y contra su socialización en las redes sociales, en experiencias carcelarias, en la marginación y exclusión causada y espoleada por la austeridad destructiva y recesiva y la exasperación de las desigualdades.

Es imprescindible también contar con las comunidades musulmanas de la UE, sin cuya cooperación no será fácil detectar las células radicales en origen, ayudando a desactivarlas, desarraigarlas, y prevenir la violencia nihilistas a la que la yihadización del descontento está abocando a muchos.

Pero es imprescindible sobre todo, saber que la amenaza no viene de fuera: se cocina entre nosotros. Los terroristas que nos matan no vienen de Siria. Han nacido en Europa, tienen pasaporte europeo. Hace falta más Europa para derrotarles, más Europa que nunca. Las respuestas fragmentarias y espasmódicas y, en definitiva, el repliegue nacional, son la respuesta equivocada.