Tras 40 años en el circo, Julie, la última elefanta de Portugal, por fin es libre: vivirá en un santuario de más de 400 hectáreas
De una vida marcada por el cautiverio a otra centrada en su bienestar.
Durante varias décadas, Julie solo conoció la vida entre camiones, jaulas y pistas de circo. Ahora, tras pasar casi 40 años lejos de su hábitat natural, la última elefanta que actuaba en espectáculos circenses en Portugal ha comenzado una nueva vida en un santuario donde, por primera vez en muchísimo tiempo, podrá comportarse como un elefante y disfrutar de la libertad que nunca tuvo.
El traslado de Julie marca además el cierre de una etapa en Portugal. La elefanta, de unos 45 años, era la última que seguía vinculada al mundo del circo en el país y ya ha sido reubicada en el Santuario de Elefantes Pangea, un recinto de más de 400 hectáreas situado en la región del Alentejo. Su llegada ha sido posible gracias a la prohibición del uso de animales salvajes en espectáculos circenses, una medida que culminó este proceso de transición.
Según recoge el medio italiano GreenMe, Julie fue capturada en el sur de África cuando apenas era una cría y llegó a Portugal en la década de 1980. En 1988 pasó a formar parte del Circo Victor Hugo Cardinali, donde permaneció durante décadas. Tras la muerte de Samba, la última compañera con la que convivía, en 2024, quedó completamente sola mientras se buscaba un lugar adecuado para garantizarle una jubilación digna a sus 45 años.
Una nueva vida en el paraíso
Con la aplicación de la esperada legislación portuguesa, Julie recorrió en camión las cerca de tres horas que separan su antiguo recinto del santuario, donde dio sus primeros pasos en un entorno mucho más parecido a su hábitat natural. Fue en este lugar donde finalmente puso fin a una vida marcada por el cautiverio y los espectáculos para comenzar una etapa centrada exclusivamente en su bienestar.
El Santuario de Elefantes Pangea está considerado el primer gran refugio de Europa dedicado exclusivamente a elefantes procedentes de circos, zoológicos y otras situaciones de cautividad. Sus más de 400 hectáreas permiten que los animales caminen libremente, busquen alimento, socialicen y recuperen comportamientos propios de su especie, siempre bajo la supervisión de veterinarios y cuidadores especializados.
Nada más llegar, Julie comenzó a explorar el terreno y a disfrutar de actividades tan naturales como los baños de barro, fundamentales para proteger su piel y regular su temperatura. Con el objetivo de favorecer su adaptación y minimizar el estrés, el santuario permanecerá cerrado al público durante esta primera etapa. Los responsables del proyecto aseguran que el objetivo es ampliar progresivamente la capacidad del recinto para acoger a más elefantes necesitados.