Un experto en etiqueta señala el alimento más antisocial del transporte público y no es el que crees: "Una naranja o una mandarina"
El experto en protocolo William Hanson desmonta uno de los grandes mitos sobre comer en trenes y autobuses y sorprende al señalar que una simple pieza de fruta puede resultar más molesta que muchos platos calientes.

¿Qué comida es la más incómoda para llevar en el transporte público? Muchos pensarían en una hamburguesa, una pizza o incluso un táper con pescado. Sin embargo, un experto en etiqueta tiene una respuesta muy distinta: una naranja o una mandarina.
La afirmación aparece en una completa guía sobre normas de convivencia en trenes, autobuses y aviones publicada por The Guardian, en la que tres especialistas en protocolo responden a algunas de las situaciones más habituales que se producen cuando viajamos rodeados de desconocidos.
El encargado de lanzar esta sorprendente reflexión es William Hanson, uno de los expertos en etiqueta más conocidos del Reino Unido.
La fruta que puede incomodar a todo un vagón
Según Hanson, comer en un trayecto corto y abarrotado debería reducirse prácticamente a "nada más grande que un caramelo Polo". Su argumento no tiene que ver solo con la higiene, sino también con el respeto al resto de pasajeros.
En viajes más largos sí considera aceptable llevar comida, pero pone una condición clara: que no desprenda un olor capaz de invadir todo el vagón.
Y es ahí donde llega la sorpresa. "Una naranja o una mandarina es una de las cosas más antisociales que puedes comer", afirma el experto, situándolas incluso por encima de otros alimentos que habitualmente generan más rechazo.
El motivo está en su intenso aroma, que se libera en cuanto se empieza a pelar la fruta y puede extenderse rápidamente por un espacio cerrado.
El sentido común, la regla de oro
La guía insiste en que la etiqueta en el transporte público no consiste tanto en seguir normas rígidas como en pensar constantemente en el resto de personas con las que compartimos el espacio.
Por eso también desaconseja poner los pies sobre los asientos, hablar por el móvil con el altavoz activado, ocupar más espacio del necesario o escuchar música sin auriculares.
En la misma línea, los expertos recuerdan que pequeños gestos como tener preparado el billete antes de subir, ofrecer el asiento a quien más lo necesite o pedir permiso antes de abrir una ventana ayudan a hacer mucho más agradable el viaje para todos.
En definitiva, la conclusión de Hanson es sencilla: no se trata de prohibir comer durante un viaje, sino de evitar aquellos alimentos cuyo olor pueda acabar acompañando -quieran o no- al resto de pasajeros hasta su destino.
