La paradoja del aire acondicionado: "Cuanto más enfriamos, más calor hace"
A mayor uso del aire acondicionado, mayor es el consumo de electricidad.
Con los termómetros superando con facilidad los 40 grados en muchas zonas durante el verano, encontrar un refugio del calor se convierte casi en una necesidad. El aire acondicionado pasa de ser un simple aparato de confort a uno de los grandes aliados para sobrellevar las jornadas más sofocantes. Sin embargo, ese alivio inmediato esconde una paradoja de la que cada vez alertan más expertos.
Un grupo de investigadores del proyecto internacional CryoCultures advierte que el uso masivo del aire acondicionado puede contribuir a agravar precisamente el problema que intenta solucionar. Mientras estos equipos reducen la temperatura en el interior de viviendas, oficinas u hospitales, expulsan el calor al exterior, un efecto que, en las ciudades más densamente pobladas puede aumentar la temperatura ambiente hasta 2,5 grados centígrados.
Cuanto más calor hace, mayor es el uso del aire acondicionado y, por tanto, mayor también el consumo de electricidad. Si esa energía procede de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas, las emisiones de gases de efecto invernadero aumentan y contribuyen a agravar el calentamiento global. "Cuanto más calor hace, más necesitamos enfriar; cuanto más enfriamos, más calor hace", señalan los investigadores.
Un uso más inteligente de la refrigeración
No obstante, los expertos recuerdan que el enfriamiento artificial es mucho más que un aparato instalado en una pared. La denominada "criosfera artificial" engloba toda la infraestructura que mantiene en funcionamiento buena parte de la vida moderna: desde la conservación de alimentos y medicamentos hasta los bancos de sangre, el transporte refrigerado o los centros de datos que sostienen internet, las redes sociales y la inteligencia artificial. Sin estos sistemas, muchos servicios esenciales dejarían de funcionar.
Precisamente esa dependencia tiene un importante coste energético, ya que más del 20% del consumo mundial de electricidad ya está relacionado con sistemas de refrigeración. Además, los investigadores advierten que, si el modelo de climatización intensiva se extendiera a todo el planeta al ritmo actual, la demanda energética asociada podría multiplicarse en las próximas décadas, poniendo aún más presión sobre las redes eléctricas y el clima.
Lejos de plantear que se renuncie al aire acondicionado, los expertos defienden un uso más inteligente de la refrigeración. Entre las medidas propuestas figuran mejorar el aislamiento de los edificios, aumentar las zonas verdes en las ciudades, utilizar equipos más eficientes y reducir el calor generado por infraestructuras como los centros de datos. El objetivo no es dejar de enfriar los espacios cuando sea necesario, sino evitar que la solución al calor termine alimentando el problema que intenta combatir.