¿Cuánto pesan las 'contradicciones' de Bad Bunny? Del 'Yo perreo sola' o las reivindicaciones LGTBIQ+ a la polémica de 'La Casita'
El puertorriqueño ha mostrado una posición más cercana a las luchas del colectivo LGTBIQ+ o feminista, pero no ha dejado en ningún momento de tener letras sexuales ni de mostrar cierta "cosificación" propia del reguetón.
Mujeres sexualizadas. Cuerpos normativos y bellezas hegemónicas. Celebrities en un espacio VIP. Perreo. Letras como "la tengo bebiendo leche porque en la boca quiere que la eche" o "me dio un blowjob mientras conducía". Todo, en conjunto, ha conformado un verdadero huracán de críticas hacia Bad Bunny en sus conciertos por España.
El mismo artista que hace apenas unos meses era encumbrado por su mensaje de orgullo latino en plena era Trump desde la Super Bowl y que vendía medio millón de entradas a un mes vista para sus 10 conciertos en Riyadh Air Metropolitano de Madrid, hoy recibe críticas de machismo, misoginia y clasismo por ese espacio de La Casita.
Esta suerte de escenario B, desde el cual el artista interpreta algunas de las canciones de reguetón que han marcado su carrera junto a otras más actuales y en cuyo techo se han subido artistas como Bad Gyal, Myke Towers, Luar La L o Young Miko a colaborar con él, se ha convertido en un espacio privativo.
En su momento quería emular una casa tradicional de Puerto Rico, concretamente en una real de Humacao, en la costa oriental del país que aparece en clips como el de Debí Tirar Más Fotos. Con ella, el "conejo malo" buscaba hacer una reinterpretación contemporánea de la vivienda caribeña de mediados del siglo XX en el que es su trabajo, junto a Un verano sin ti, con más crítica social y reivindicación de su país.
No obstante, el llenarla de rostros conocidos como Ester Expósito, Los Javis, María León, tiktokers como Lola Lolita o youtubers como Ibai Llanos ha generado numerosas críticas viéndolo como un espacio de discriminación y clasismo hacia el resto de fans, que han pagado entradas en algunos casos de cerca de 500 euros.
Pero no solo eso, en el caso de su paso por España, se ha llamado la atención también sobre la presencia de modelos o mujeres de entre el público seleccionadas por un miembro del equipo del artista con un cuerpo normativo y una alta carga sexual.
"En Puerto Rico la gente en La Casita era mucho más diversa que aquí. Me parece un poquito extraño"
Para Petra R. Rivera-Rideau, profesora universitaria puertorriqueña en Estados Unidos y autora del libro PFKNR. Bad Bunny y la música como un acto de resistencia (Cúpula), le ha llamado la atención que estas críticas se den solo en España de todos los países por los que ha girado.
"Lo que es interesante para mí es que esto es el único país en que yo he viajado en que tienen esa crítica. Entonces mi pregunta es, ¿qué está pasando aquí que la gente se enoja tanto con eso que no está pasando en otro país?", reflexiona en su charla con El HuffPost, donde recuerda que en su residencia en El Choli de Puerto Rico "también estaba estaba LeBron James, Jon Hamm, Penélope Cruz, Javier Bardem". "Allí fue como una cosa de expectación, de ¿quién va a estar ahí hoy? Todos los días revisando las redes, era una cosa que dio mucha emoción a la gente", señala.
No obstante, Rivera-Rideau desconoce cómo se eligen las mujeres del público ni quién es el responsable de hacerlo ni si es del equipo del artista, del recinto o de la promotora. "Creo que es una crítica que va más allá de La Casita. Para mí no es solamente de tipo de cuerpo, también de raza, de sexualidad... Cuando fuimos a Puerto Rico, la gente en La casita era mucho más diversa que aquí. Me parece un poquito extraño", explica. Sin embargo, el equipo del artista ha enmendado buena parte de las críticas este martes, cuando aparecían entre los fans elegidos para el exclusivo espacio, personas de todo tipo de corporalidad, sexo, edad y raza.
Para Rivera-Rideau, el factor "exclusividad" no es solo cuestión de seguidores o de estar presente o no en La Casita. "También tenemos que pensar en los precios de la taquilla para estar ahí abajo, por ejemplo. Son carísimos. ¿Y quién es la gente que tiene dinero para comprar ese tipo de taquilla?", reflexiona. "Para mí lo que es interesante pensar es las cosas más grandes, las cosas sociales, el debate que está aquí. Todo el mundo se está concentrando en eso", señala.
Para Vanessa Díaz, profesora universitaria puertorriqueña y autora junto a Rivera-Rideau de PFKNR. Bad Bunny y la música como un acto de resistencia (Cúpula), el problema de la diversidad corporal también viene de cómo se está afrontando desde las redes y los medios de España.
"Dicen 'solamente están montando a gente atractiva'. Entonces, lo que es atractivo para mí es distinto de lo que lo es para ti, que para ella... Lo que estamos haciendo es el opuesto de lo que la gente quiere. Quiere diversidad. Entonces, ¿para ti qué es atractivo?", denuncia Díaz.
"Cuando lo ponen en esos términos, estás diciendo algo muy grande porque después tenemos que suponer que atractivo es 'blanco, rico, flaco, rubio, con ojos claritos'. Para mí, no es necesariamente lo que creo yo que es atractivo. Para mí son problemas más estructurales en cuanto a raza, clase...", explica sobre la terminología utilizada por algunas de las críticas, de las que resalta que se esté centrando solo en la corporalidad y no en la raza, la clase o la sexualidad.
Díaz lo compara con otras críticas como las que se le hicieron al actuar en la Super Bowl. "Ahí empezamos esa guerra entre quién está más woke, quién está más radical. Que Bad Bunny no debía tener una casita porque hay crisis de casas, entonces no debe tener ni La Casita en el escenario, no debe montar a la gente, no debe cantar en el Super Bowl porque la Super Bowl también viene de NFL, que es una organización racista", señala.
Para ella, estos debates y contradicciones son fruto del "capitalismo, que es un sistema que viene de racismo, de esclavitud". "Es interesante, pero no hay buena respuesta porque hasta hablar de ese problema es algo mucho más grande a si hay una persona más grande que otra en términos de forma de cuerpo en el escenario de La Casita", explica. "Queremos culpables pero al final todos tenemos una responsabilidad", señala.
De los hombres perreando en la Super Bowl a los vídeos de 'Yo perreo sola' y 'Caro' o la denuncia contra la violencia de género de 'Andrea'
Tanto para Díaz como para Rivera-Rideau, La Casita no sintetiza toda la obra de Bad Bunny quien, no deja de ser cantante de reguetón y tener letras sexuales propias del género como ese Perro negro o Tití me preguntó, pero que sí se ha diferenciado de otros artistas urbanos por la representación que tomó desde los inicios de su carrera y que le costaron numerosas críticas.
En el videoclip de Caro, publicado en 2019 como parte de su disco X100Pre, Bad Bunny aparece mimetizado con una modelo andrógina y pintándose las uñas, mientras que en otras escenas aparecían personas con discapacidad y con cuerpos diversos. "Si queremos hablar de diversidad de cuerpo, miramos un video como Caro, como Yo perreo sola, cuando la gente que aparece en la pasarela de Caro son queer, drag, ancianos, gente con discapacidad, gente de diferentes razas...", recuerda Rivera-Rideau.
Precisamente en esa canción, aunque sin acreditar, los coros que rezan "¿por qué no puedo ser así? ¿en qué te hago daño a ti?" los hace el cantante Ricky Martin, quien se mostró abiertamente homosexual en 2010, lo que mucha gente vio como un claro apoyo al colectivo LGTBIQ+.
También en 2019, con ese mismo disco, Bad Bunny lanzaría el videoclip de Solo de mí, en el que una mujer canta la canción en una suerte de karaoke mientras recibe golpes y le van apareciendo moratones en la cara, una clara denuncia contra el machismo y la violencia de género.
Otro ejemplo que dio la vuelta al mundo fue el videoclip de Yo perreo sola, donde aparece el propio Bad Bunny travestido con un mono de látex rojo y que se convirtió en todo un canto a la independencia de las mujeres en la pista de baile y al consentimiento. "En Yo perreo sola hay mujeres gordas, hay mujeres vestidas de diferentes maneras, de diferentes alturas, con pelo de diferentes colores, de raza, todo eso. Hemos visto que la diversidad también es importante para él", explica Rivera-Rideau. Sin embargo, el artista no evitó las críticas por no acreditar a Nesi, la voz femenina que introduce el estribillo de la canción, algo que ha ocurrido con otros artistas de reguetón con voces femeninas como Jennny la sexy voz.
Los bailarines que ha elegido Bad Bunny para videoclips como los mencionados o como El apagón, una denuncia a la crisis energética de Puerto Rico y a la gentrificación del país que se unió con el documental Aquí vive gente de Kacho, son muestra de diversidad. Allí, gente abiertamente queer, drag queens, bailaban y gritaban eso de "Puerto Rico estoy cabrón".
"Los bailarines son muy diversos en términos de raza, términos de género, de expresión de género, de identidad sexual. Entonces, ya en los visuales que acompañan al arte de Bad Bunny, él siempre ha incluido a gente diversa", explica Rivera-Rideau.
Eso se produjo hasta en la Super Bowl, donde recuerdan que una de las críticas más reiteradas por los sectores más conservadores de Estados Unidos se centraban en un breve perreo entre dos de los bailarines.
"Después de la Super Bowl, el comentario era: ‘¿Viste que había dos hombres haciendo actos de sexo como parte de la presentación?’. No, había dos hombres bailando juntos, que fue algo como muy controversial. No estaban en La Casita, pero sí estaban en el Super Bowl, que es mucho más grande de lo que está pasando en Madrid", recuerda Díaz, quien apunta que ha habido posicionamientos de apoyo al colectivo y las personas queer como sus colaboraciones con Young Miko, presente en la tercera noche en Madrid, o con Villano Antillano o Tokischa. "El techo de La Casita es más importante que lo que pasa abajo", recalca.
"En la Super Bowl, había gente que se presentaba muy obviamente como personas queer, incluyendo a mujeres, incluyendo a hombres. Es muy importante eso. La diversidad es importante en cada momento, pero tenemos que mirar el contexto social más amplio de esa cuestión. Pero también algo distinto es qué está pasando en ese momento en Madrid y qué ha pasado a través de la carrera y de las presentaciones más importantes recientes de Bad Bunny", señala Rivera-Rideau.
Pero más allá de los bailarines o el elenco que le ha acompañado en sus videoclips, Rivera-Rideau y Díaz apuntan a que Bad Bunny ha puesto sobre la mesa temas que no se abordaban en Estados Unidos y que tampoco lo solían hacer figuras del género urbano puertorriqueño, salvo contadas excepciones como Residente.
Por ejemplo, Bad Bunny se presentó en el programa estadounidense The Tonight Show Starring Jimmy Fallon vistiendo una falda y una camiseta con el mensaje: "Mataron a Alexa, no a un hombre con falda" tras el asesinato de Neulisa 'Alexa' Ruiz, una mujer trans, que además tuvo una cobertura mediática tránsfoba.
De las letras machistas al que "no se entiende": el racismo y el clasismo que esconden las críticas al reguetón
A toda esta amalgama de críticas sobre la misoginia y el clasismo de La Casita, se ha sumado la crítica del machismo del reguetón y sus letras. Algo que, aunque sea cierto, no se centra únicamente en este género si no que es algo que ha acompañado a lo largo de la historia de la música hecha por hombres.
"En Puerto Rico, el reguetón siempre ha sido asociado con comunidades que son marginalizadas y estos estereotipos, por ejemplo, el perreo como la hipersexualidad y la sexualización de la mujer, pero el reguetón no es el único género que hace esto. La salsa es misógina, el bolero también, el rock... Pero el reguetón está asociado con esas comunidades, con esa gente a las que se las pinta así", apunta la profesora, quien recalca que estas críticas destilan clasismo y racismo.
Algo similar ocurre con la crítica repetida hacia Benito de que "no se le entiende", influenciado también por la negación de la jerga caribeña. "Hablar caribeño es como tener ese acento de clase baja, de afrodescendiente. No pasa solo en España también en América Latina y en los Estados Unidos", explica Rivera-Rideau.
Díaz apunta que tras la Super Bowl, los mismos críticos que denunciaban que un artista hispanohablante fuese a actuar en el máximo escaparate de Estados Unidos porque no se le iba a entender, se quejaron tras el evento de las letras.
"Había un político que inició una investigación y todo porque dijo que no entendía lo que decía, pero que seguro que era malo y que había algo contra la mujer y contra Estados Unidos...", señala.
Además, recuerda que el clasismo con el que se mira al reguetón también se ha dado con otros géneros como el hip hop. "La gente decía 'yo no entiendo nada de lo que dicen los raperos’. Siempre me gusta hacer una comparación. Soy de los 80 y Pearl Jam, ¿qué estaba diciendo? Nadie entiende ninguna palabra de lo que decía Eddie Vedder. Y, como él, tantos artistas de rock, que al escucharlos no se les entiende la letra", ejemplifica.
"A mí me encantaba Pearl Jam, Nirvana, toda esa gente... Pero es mucho más fácil entender la música urbana. Hay algunos artistas de trap que cuando distorsionan la voz no se le entiende, pero, por lo general, cuando hablamos de rap, es poesía, es mucho más fácil seguir la letra, la rima", señala.
Ambas investigadoras recalcan que, como otros tantos artistas, Bad Bunny es "complejo" y entenderle tiene que pasar por ver las contradicciones y las fallas de un sistema capitalista y patriarcal.
"No puede hacer todo, no es perfecto, no es un Dios ni va a hacer una revolución global ni va a hacer a Puerto Rico ser independiente tampoco. Pero está haciendo mucho para dar herramientas para nosotras como profesoras para educar y para el público para ir aprendiendo también, y es importantísimo", señala Rivera-Rideau.
Como bien dice en su letra de La Santa, "tú no eres una santa, ni yo soy un santo, nos conocimos pecando". Bad Bunny no está libre del machismo del género urbano ni del sistema, hay escenas misóginas y machistas en sus letras y sus puestas en escena que lo hacen igual que otros muchos artistas. Sin embargo, en lo que ha conseguido distinguirse es, aún teniendo eso, posicionarse a favor de determinadas causas y mostrar otra cara del género que pocos han hecho.