Jim Jarmusch, cineasta: "Los seguidores de Trump están rotos por dentro, quieren hacer daño a otras personas y no entiendo esa forma de vivir"
El director de Padre, madre, hermana, hermano defiende la empatía frente al odio político y critica la falta de compasión en el poder.
Jim Jarmusch es un cineasta de culto, irreverente, inclasificable y sin pelos en la lengua. Su cine da fe de ello, aunando belleza, denuncia y realidad incómoda. Como autor, no solo no es ajeno a la realidad estadounidense, sino que su preocupación se une a la de tantos otros referentes culturales del país, preocupación por Trump, la deriva y sus seguidores.
A pesar de esa inquietud, Jarmusch no suele hablar de política de forma directa. Pero cuando lo hace, no se esconde. En una entrevista reciente al medio alemán Süddeutsche Zeitung, el cineasta independiente cargó contra el clima social en EEUU y fue claro sobre el trumpismo. "Los seguidores de Trump están destrozados. Quieren lastimar a los demás. No entiendo esta forma de vida. ¿Por qué alguien querría lastimar a los demás?".
El director presentó el Venecia su nueva película, Padre, madre, hermana, hermano, protagonizada por Cate Blanchett, Adam Driver, Charlotte Rampling, Vicky Krieps y Tom Waits. Allí recibió el León de Oro, un reconocimiento que —según contó— fue celebrado incluso por el personal del aeropuerto italiano.
"Nuestro trabajo es defender la empatía"
El director recordó una conversación con su amigo Joe Strummer, líder de The Clash. La última vez que lo vio, Strummer le dijo: "Nuestro trabajo es defender la empatía a toda costa y vivir una vida genial". Pocos meses después, el músico murió.
Para Jarmusch, esa frase resume una posición ética. Frente a la rabia y la polarización, la respuesta debe ser la empatía. En su opinión, el acceso al poder de figuras sin compasión refleja una fractura emocional profunda en parte de la sociedad.
No es la primera vez que el director critica a Donald Trump. Tras su primera elección presidencial, ya afirmó que le entristecía hablar de él. Ahora va más allá: considera que el problema no es solo político, sino moral.
El mundo es frágil
En su nueva película, uno de los personajes afirma: "El mundo es tan frágil". La frase conecta con otra de sus preocupaciones: el colapso climático y la negación del problema, especialmente en EEUU.
Jarmusch reconoce que a veces le invade la tristeza al pensar en el futuro del planeta. Pero intenta equilibrarla con prácticas personales como el tai chi y la meditación. Su reflexión gira en torno al respeto: por la naturaleza, por lo desconocido y —ahora, dice— incluso por "las tonterías que la gente hace", aunque tengan consecuencias negativas.
Castores, hongos y redes invisibles
En la entrevista, el cineasta habló también de castores. En invierno, explicó, otros animales se refugian en sus madrigueras y estos no los expulsan. Comparten comida. Para él, es un ejemplo de cooperación natural que los humanos parecen haber olvidado.
Aficionado a la micología, comparó la conexión entre las personas con las redes subterráneas de los hongos, que intercambian nutrientes con los árboles. Esa red invisible simboliza para él una interdependencia que no solemos percibir.
Su visión contrasta con la lógica del individualismo extremo. "Creemos que somos los dueños del mundo", dijo. Esa arrogancia, en su opinión, impide comprender la belleza y la complejidad del universo.
Hollywood, algoritmos y contabilidad creativa
Jarmusch sigue trabajando con presupuestos reducidos y mantiene el control de los derechos de sus películas. Ha denunciado la llamada "contabilidad de Hollywood", por la que estudios reducen artificialmente beneficios para no compartirlos con los creadores.
No quiere hacer cine comercial. Tampoco quiere adaptarse a los patrones algorítmicos de las plataformas de streaming. "Se trata de captar tu atención y extraer datos", afirma. Pero insiste en que el lenguaje del cine no cambia: hoy se puede rodar una película con un iPhone.
Vivir según tus principios
Vegano declarado y contrario a lo que llama "esclavitud animal", Jarmusch asegura que no pretende imponer su estilo de vida a nadie. "Me importa un bledo lo que piensen los demás, salvo las personas a las que quiero", dice.
A sus 70 años, mantiene la misma actitud que marcó películas como Stranger Than Paradise, Dead Man o Only Lovers Left Alive: independencia, coherencia y una defensa constante de la sensibilidad frente al cinismo.
En un momento de fuerte polarización política, su mensaje no es técnico ni ideológico. Es emocional: sin empatía, el poder se convierte en daño. Y esa forma de vivir, insiste, no la entiende.