Raquel Areal Martínez, 24 años, primera gallega en la Filarmónica de Berlín: "Salgo de los conciertos diciendo: 'Esto no es real'"
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Raquel Areal Martínez, 24 años, primera gallega en la Filarmónica de Berlín: "Salgo de los conciertos diciendo: 'Esto no es real'"

La músico española cuenta cómo vive la presión, la emoción y la nostalgia de Galicia, junto al privilegio de formar parte de una orquesta única. 

Raquel Areal Martínez, violinista gallega de 24 años, durante su entrevista en CVPVLA Club.Imagen canal CVPVLA Club

Raquel Areal Martínez, violinista gallega de 24 años, todavía sale de algunos conciertos con la sensación de estar viviendo algo imposible. "Esto no es real", se repite después de tocar con la Filarmónica de Berlín, una de las orquestas más admiradas del mundo. La joven músico, nacida en Galicia y formada entre España y Alemania, se ha convertido en la primera gallega en entrar en esta institución, un salto que todavía procesa entre la emoción, la exigencia diaria y una presión que define sin rodeos: "Es un nivel muy alto", explica en una entrevista en el canal de YouTube CVPVLA Club.

Su llegada a la Berliner Philharmoniker no ha sido solo un ascenso profesional. También ha supuesto entrar en un ecosistema en el que, según cuenta, nada se deja al azar. Habla de una cultura musical basada en el respeto absoluto por la música, en la disciplina y en una idea de la excelencia que contagia. "Nadie se va a alegrar por salir 40 minutos antes del ensayo si las cosas no están bien", resume. En una orquesta así, explica, cada nota importa.

"No hay concierto del que no salga flipando"

Raquel ya vivía en Berlín mientras cursaba su máster, una etapa en la que además trabajó con un profesor que había sido exconcertino de la Filarmónica de Berlín. Aun así, entrar dentro cambió por completo su percepción. Dice que tardó meses en creérselo y admite que todavía hoy no lo ha asimilado del todo.

La violinista describe cada concierto como una experiencia casi irreal. No solo por el nivel artístico, sino por lo que ocurre cuando todo encaja. En el ensayo general puede haber dudas o sensación de incertidumbre, pero en el concierto, cuenta, todos reman en la misma dirección. Y ahí es donde aparece algo que le cuesta explicar con palabras. "¿Qué acaba de suceder aquí?", se pregunta muchas veces al terminar.

"No hay una nota que no tenga importancia"

Parte de esa fascinación tiene que ver con el sonido de la Berliner, un mito para cualquier amante de la música clásica. Raquel habla de ello como algo difícil de traducir: una suma de entrega, precisión, profundidad y alma. "No hay una nota que no tenga importancia", insiste.

Dos años de prueba y una presión constante

La plaza no llega con estabilidad inmediata. Ahora mismo, la gallega atraviesa un periodo de prueba de dos años, un proceso habitual en Alemania y especialmente relevante en una institución de este nivel. Durante ese tiempo, deberá demostrar que merece ganar la plaza de por vida.

Lo cuenta con serenidad, pero sin disimular el reto. Reconoce que al principio lo pasó mal con la presión y que ha tenido que hacer un trabajo mental importante para no dejarse arrastrar por todo lo que representa una institución así. El famoso síndrome del impostor, dice, aparece y desaparece. Sigue ahí, aunque ahora convive mejor con él.

También habla de una exposición continua. Los conciertos se retransmiten, la exigencia interna es altísima y la sensación de estar siendo observada forma parte del día a día. Aun así, ha aprendido a relativizar. Si tiene que funcionar, funcionará. Y si no, no se acabará el mundo. No parece una frase menor: detrás hay aprendizaje, desgaste y un intento consciente de protegerse.

Mahler, Shostakóvich y la emoción de tocar dentro

Cuando recuerda los conciertos más impactantes de este último año, le cuesta elegir. Cita la Octava Sinfonía de Mahler, una obra monumental que la marcó también por la reacción del público. Un amigo le llegó a decir que le daba pena que no pudiera ver desde fuera lo que estaba ocurriendo en la sala: gente llorando, emoción a flor de piel, una respuesta que ella define como impagable.

También menciona la Décima de Shostakóvich con Andris Nelsons, uno de esos momentos en los que el músico deja de tocar en automático y entra en otra dimensión emocional. Lo describe casi con humor, pero lo que cuenta es serio: llegó a sentir que el arco le temblaba por la intensidad del momento. Entre la adrenalina, la admiración y el impacto artístico, dormir después de ciertos conciertos no siempre resulta fácil.

Ahí aparece una de las ideas más bonitas de su relato: la música en directo no se repite nunca. Ni una misma obra con el mismo director suena igual dos días seguidos. Cada jornada cambia porque cambian el director, la orquesta, el ambiente y también quien escucha. Para Raquel, ahí está una de las grandes verdades del arte: no hay dos días iguales.

Galicia sigue pesando más que cualquier escenario

Por muy deslumbrante que sea Berlín, Galicia sigue estando muy presente. Raquel habla del mar como una necesidad, casi como una terapia. Dice que la gente que ha crecido cerca del mar lo echa muchísimo de menos cuando vive lejos. También habla de su familia, del campo, de Tui, de los animales, de la paz y de esa sensación difícil de explicar que tiene quien sabe que su tierra sigue siendo su casa.

No idealiza la distancia. Cuenta que a veces le entra la morriña, que el equilibrio entre la vida profesional y la vida personal no siempre es sencillo y que, por mucho que adore su trabajo y sea feliz en Berlín, Galicia es Galicia. Lo dice casi como una evidencia que no necesita demostración.

También subraya la diferencia cultural entre Alemania y España. En Berlín le impresiona el respeto social por el arte, la curiosidad que la música clásica despierta y el valor que se da a la cultura. Pero al mismo tiempo echa de menos la cercanía, la calidez y la facilidad para hacer piña que encuentra en España.

Vivir para tocar, pero también para vivir

Una idea atraviesa toda su forma de hablar: la música no lo puede ocupar todo. No quiere una vida dedicada únicamente al perfeccionismo extremo. Necesita amigos, cafés, conversaciones, descanso, mar y proyectos fuera de la orquesta. No renuncia a la disciplina, pero tampoco quiere convertirse en alguien encerrado únicamente en su oficio.

Quizá por eso su historia conecta tanto. Porque detrás del hito hay una joven brillante, sí, pero también una persona que sigue haciéndose preguntas, que convive con la presión, que se emociona, que duda y que todavía sale de los conciertos pensando que lo que acaba de vivir no parece del todo real.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Te paso lo de la bio: Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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