Por favor, habilita JavaScript para ver los comentarios de Disqus.
Vicens Lozano, autor de 'León XIV. Sombras bajo la cúpula': "He sufrido boicots, espionaje y amenazas por escribir sobre el Vaticano y el papa"

Vicens Lozano, autor de 'León XIV. Sombras bajo la cúpula': "He sufrido boicots, espionaje y amenazas por escribir sobre el Vaticano y el papa"

Entrevista con el periodista, que publica un libro donde relata la operación que llevó a Prevost a ser elegido y los peligros de su papado.

Vicens Lozano, autor de 'León XIV. Sombras bajo la cúpula'
Vicens Lozano, autor de 'León XIV. Sombras bajo la cúpula'

El papa Francisco murió el 21 de abril de 2005. Cinco días después fue enterrado, pero el cónclave para elegir su sucesor no se celebró hasta el 7 de mayo. Quizá al mundo le sorprendió que la fumata blanca llegara tan solo un día después, y más todavía que el elegido fuera Robert Francis Prevost, nacido en Chicago en 1955, con una carrera eclesiástica desarrollada principalmente en Perú y nombrado cardenal en 2023. 

Pero hubo alguien que ya sabía que Prevost iba a ser el santo padre. Se trata de Vicens Lozano, periodista experto en el Vaticano a quien una muy buena fuente le había hecho ya conocedor de quién sería elegido en el cónclave. Lozano, autor de Intrigas y poder en el Vaticano y Vaticangete, se puso manos a la obra para construir un libro llamado León XIV: sombras bajo la cúpula, donde aborda la operación que llevó a Prevost a liderar la Iglesia católica y los peligros del que dice que es el papa más progresista de la época contemporánea.

Coincidiendo con la visita apostólica del papa León XIV a Españanos reunimos con Vicens Lozano para saber más sobre el pontífice y sobre la Santa Sede, una institución tan opaca como fascinante que tiene ante sí innumerables retos y oportunidades.

¿Cómo de difícil y peligroso es escribir sobre el Vaticano y los papas?

Es difícil porque ha sido una institución tradicionalmente muy opaca y donde la libertad de expresión ha sido mínima y la libertad de los medios oficiales es muy limitada. Esto cambió con la llegada del papa Francisco, que intentó traer más libertad y más transparencia en la gestión de la información del Vaticano. De todas formas, continúa siendo una asignatura pendiente.

En definitiva, hay que picar mucha piedra para conseguir información. Hay que trabajar muy duro y muchos años para conseguir muchos confidentes, muchas fuentes informativas dentro del Vaticano. Si te limitas única y exclusivamente a la información oficial que aparece en los boletines o en las ruedas de prensa que convocan, tienes una versión que es la misma que tiene todo el mundo.

A mí lo que me interesa del Vaticano son las intrigas y juegos de poder que existen allí, que tiene una importancia religiosa para los 1.500 millones de católicos que hay en el mundo, pero que al mismo tiempo tiene una trascendencia geopolítica importante de cara a la comunidad internacional.

Pero sí, es difícil. A mí se me ha boicoteado, se me ha espiado y se me ha amenazado de alguna manera. No desde el mismo Vaticano, pero sí por gente que trabaja para la institución. No desde la oficina de prensa del Vaticano, pero sí gente que no les interesa que salgan a la luz muchas cosas y que justifican los ataques a los periodistas que sacan a la luz temas que no interesan. Lo justifican diciendo que esto daña a la Iglesia, pero yo no lo creo. Una institución cambiará cuando se conozca su realidad.

Yo soy muy respetuoso hacia la gente que tiene fe, porque la fe es una cosa personal, de la intimidad de cada persona, pero al mismo tiempo soy periodista y como periodista tengo la obligación ética y moral de sacar a la luz las cosas que conozco, sean buenas o sean malas. Y he contado con gente muy valiosa en el Vaticano que me ha ayudado. Desde la jerarquía de cardenales hasta el último guardia suizo o los albañiles que trabajan en la reparación de las aceras del Vaticano. Yo siempre digo que en el Vaticano tengo mis mejores amigos y tengo gente de la cual no puedo decir lo mismo, sino todo lo contrario.

Es decir, que has recibido presiones y amenazas no del mismo Vaticano, pero sí de sus tentáculos...

Servicios secretos y no solo el Vaticano, sino amigos del Vaticano, con seguimiento, escuchas... Cuando publiqué Vaticangate hubo un boicot contra mí del sector más conservador de la Iglesia. Muchos amigos míos, confidentes de años y que siempre hablaban conmigo, me negaron la palabra. De cara a hacer este tercer libro he sufrido no solo el boicot de una parte importante del sector conservador, sino también de una parte importante del sector más reformista o progresista. Mi pregunta siempre ha sido esto, ¿por qué? Y su respuesta ha sido esta: ‘Porque no queremos que se diga que este papa (León XIV) surgió de una operación secreta que hubo y que organizamos nosotros para que fuera el sucesor de Francisco. Estamos ante un pontificado muy silencioso, muy prudente. Levantar la voz en este momento puede causar problemas’. En fin, excusas, siempre excusas. De todas formas, he contado con los principales asesores de cardenales progresistas o reformistas y de cardenales conservadores.

En tu libro nombras fuentes que te han ayudado, pero hay una que sobresale sobre las demás. Se trata de Il Dottore. ¿Quién es él?

Justo hace pocos días estuve una hora hablando con él por teléfono. Es un personaje muy curioso que evidentemente tiene que ser anónimo porque si se descubriera quién es... Siempre ha trabajado en el anonimato y con suma discreción porque su actividad lo requiere. No puede ir pregonando quién es. Digo que es europeo y no puedo decir nada más. Il Dottore fue el primero que me dio un poco la pista de la existencia de este pequeño núcleo que se forma, donde hay cardenales que temen perder el legado del papa Francisco. Periodistas y otros religiosos también del mismo Vaticano que forman parte de la Curia se reunieron ante la alarma de la muerte del papa argentino y de que se pudiera organizar el complot ultra que yo comentaba en el libro anterior, en Vaticangate. El complot se hizo. El sector más tradicionalista de la Iglesia, junto con la extrema derecha internacional, trabajaron para hacer posible que el próximo papa fuera uno que volviera al pasado, a la tradición de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Entonces, ¿cómo trabajó este pequeño núcleo para evitar que el complot saliera adelante? Trataron de ir convenciendo a cardenales moderados del sector más conservador para superar los 89 votos necesarios que había en un cónclave donde votaban 133 cardenales. Y lo hicieron a base de sacar estratégicamente una figura que no constaba como papable en ninguna parte.

Robert Francis Prevost no estaba entre los favoritos...

No era un favorito, no constaba en las listas de papables. Y a partir de ese momento me di cuenta de que la operación podía funcionar. Ya estaba en marcha en los días previos al cónclave, cuando todavía no se había enterrado al papa Francisco. Dos días antes de que los cardenales se encerraran en la Capilla Sixtina publiqué un tuit diciendo que el próximo papa sería Robert Francis Prevost. Todo el mundo me decía que yo estaba loco, que iba a salir el italiano Pietro Parolin seguro. Me trataron de loco y cuando salió Prevost todos querían conocer cómo lo había sabido.

Tenía el privilegio de contar con el Il Dottore y con otras fuentes también de otros sectores, como Monseñor C, que es el rival que se enfrenta en el libro al Dottore, un diálogo que yo creo que define muy claramente lo que son las estrategias de poder en el marco del Vaticano y que define también las dos almas que hay en la Iglesia: la Iglesia conservadora y la Iglesia que quiere cambios.

¿León XIV quiere ser un papa de consenso?

El consenso es muy difícil entre las dos almas de la Iglesia. El Vaticano no es otra cosa que un microcosmos de la guerra cultural que existe hoy en día en el mundo. Es una guerra cultural de la gente que quiere preservar las libertades democráticas, los derechos sociales y los derechos laborales contra estos populismos o neofascismos ascendentes, también en todo el mundo y avalados por el Gobierno de Donald Trump, que quieren destruir las libertades, la democracia y limitar los derechos. En el Vaticano se produce este choque tremendo. Y en definitiva, en el libro yo revelo las claves de cuál es este tipo de guerra cultural, en un Papa que consigue, como decías tú, un cierto consenso, porque tiene una imagen tradicional, pero en el fondo es un auténtico reformista. Sigue al pie de la letra las reformas que tenía planteadas el papa Francisco. Trabajó junto a él y por tanto conoce perfectamente cuál es su legado.

Había un grupo de cardenales que había insultado al papa durante 12 años y que le hicieron la vida imposible. Lo habían calificado de ser un hereje, un comunista, el anticristo y de ser un personaje que quería destruir la Iglesia. Pero luego había otro de gente conservadora, pero que es dialogante, y las formas fueron importantes también de cara a convencer a este grupo de cardenales conservadores. Eso se consiguió a base de ciertas promesas como que este papa respetaría la misa en latín, o que iría a vivir al Palacio Apostólico -a lo que se había negado Francisco-. También de que este papa, al ser americano, haría que volviera a fluir dinero de los Estados Unidos, porque el Episcopado norteamericano, que estaba en la órbita de Donald Trump, se enfrentó de una manera brutal al papa Francisco. Siempre hicieron publicidad e incluso campaña electoral para la elección y la reelección de Donald Trump.

Este grupo había cortado el grifo del dinero que procedía de los Estados Unidos y que iba al Vaticano, que formaba parte de una parte muy importante de su presupuesto. Llegó un momento que faltaba liquidez y no podían pagar los sueldos, ni las pensiones. El boicot fue brutal y estaba liderado por los magnates católicos norteamericanos que tienen grandes fundaciones y que además tienen en su poder las grandes tecnológicas, que controlan las redes sociales y su relato, y los proyectos de inteligencia artificial. Esta gente ha perdido la batalla, pero no dudes que seguirán batallando y harán la vida imposible a este papa como se la hicieron al anterior. Ahí está Steve Bannon, que fue asesor de Donald Trump y lo llevó a la Casa Blanca que dijo que este papa es anticatólico y que los católicos del mundo no pueden contar con él.

Con León XIV estamos ante el papa más progresista de la época contemporánea. Lo ha demostrado la encíclica que publicó sobre la inteligencia artificial, sobre la justicia social, sobre la pobreza... que son los grandes temas de esta encíclica. Es una maravilla de lectura y muy recomendable para conocer los peligros y interrogantes de la IA, sobre todo sobre sobre la propiedad, que está en manos de unos pocos que están creando el relato del siglo XXI.

En el libro, Il Dottore plantea la importancia del dinero y que Prevost podría desbloquear fondos de Estados Unidos, lo que resultaba vital para la Santa Sede. Llama mucho la atención que el Vaticano pueda quedarse sin fondos...

Este Vaticano no tiene dinero. Tiene un patrimonio brutal y, de hecho, en los últimos años de Francisco se vendió algo porque necesitaban liquidez.

León XIV ha logrado que los fondos estadounidenses vuelvan a fluir a la Santa Sede, pero teniendo en cuenta que el papa tiene grandes enemigos en su país de origen, empezando por el presidente, ¿no hay riesgo de que se cierre el grifo otra vez?

No, porque el episcopado norteamericano que cerró el grifo está cambiando también. Hay nuevos cardenales, obispos y pastores con una filosofía más reformista en Estados Unidos, y por lo tanto es difícil que pueda cambiar. León XIV es una figura muy admirada en Estados Unidos entre el mundo católico, aunque el sector MAGA tenga también un peso importante. Pero yo creo que uno de los peligros que tiene León XIV ante él es la falta de unidad de la Iglesia, y para eso él va a establecer puentes de diálogo. Yo digo que es un maestro del ajedrez, porque es un estratega, es matemático y es muy racional en ese sentido. Es un personaje que reformará siempre y cuando tenga un pequeño consenso a su alrededor, que para él es importante. Es un personaje dialogante en un momento en que escuchar parece que ha pasado de moda.

El pontífice quiere que no solo en el Vaticano, sino también en los grandes conflictos internacionales haya una capacidad de diálogo que existía, por lo menos, hace unos años. Que se vuelva un poco a la diplomacia y los organismos internacionales como la ONU, que ahora parece que no sirve para nada, pero que han evitado una Tercera Guerra Mundial, no lo olvidemos. Y por lo tanto, volver un poco a la cordura de un mundo que ahora está en un desorden mundial. Ya no es un nuevo orden mundial, porque el orden sería que hubiera un proyecto, y yo no lo veo. Tenemos a Donald Trump dando bandazos. Dependiendo de cómo se levante señala a Cuba, a Canadá a Groenlandia... No existe un proyecto y por lo tanto es difícil gestionar este mundo en el que no sabemos qué papel tiene Europa como aliado tradicional de Estados Unidos. Y así podemos ir mirando todos los conflictos que hay actuales, como el de Irán, el conflicto de Palestina...

Volviendo a tu gran confidente, Il Dottore, ¿qué gana contándote todo lo que sabe para que luego tú lo publiques?

Es algo que yo mismo me lo he preguntado y siempre se lo pregunto a la gente que habla conmigo. La gente que trabaja discretamente y que no puede publicar el trabajo que está haciendo, se muere de ganas de contarlo aunque saben que no pueden hacerlo. Él no le cuenta ni a su familia las cosas importantes que hace. Pero todo el mundo tiene su propia vanidad y esa cosa de decir’ yo soy un personaje muy importante’. Y mientras no dé su nombre, ni les identifique, pueden hablar conmigo.

Sabemos que es muy alto...

Sí, tan alto que ahora que es uno de los principales asesores del papa. Pero es tan discreto que por ejemplo no ha venido a España con él. Hace poco estuve comiendo con él en Barcelona.

¿Y si Il Dottore hubiera perdido y en vez de Prevost hubiera sido elegido Parolín, que parecía el favorito? ¿Por que perdió?

Parolín nos engañó a todos, porque había desempeñado el segundo cargo de más responsabilidad del Vaticano, la Secretaria de Estado, y por lo tanto pensábamos que era un cardenal reformista que estaba en la línea continuista de las reformas del papa Francisco. Pero este señor, que ya se veía papa, empezó a ofrecer cargos a gente del sector más ultraconservador de la iglesia. Se le empezó a ver el plumero en muchos sentidos y el sector reformista le abandonó.

¿Era Parolín un candidato querido por la extrema derecha?

No exactamente, pero sí podía haber cierto consenso. Los grandes candidatos que tenía la extrema derecha no podían tener un consenso en absoluto, porque el Colegio de Cardenales había sido cambiado por Francisco. Eso no quiere decir que el papa Francisco eligiera solo a cardenales de su filosofía. Elegía cardenales conservadores y a otros más reformistas, pero sobre todo elegía cardenales muy pastores, porque para él era importante que la Iglesia huyera del clericalismo, entendido como el abuso de poder de ‘aquí estoy yo y soy cura y hago lo que me da la gana’. No quería esa impunidad, así que ponía a gente que salía de los palacios y que iba a buscar a la gente más necesitada en el sentido espiritual, pero también material.

¿Qué cualidades destacarías de León XIV como papa?

Es un hombre discreto, un hombre calculador, que escucha, muy diplomático y con una gran capacidad de establecer diálogos y establecer consensos, de convencer a las partes que están enfrentadas en cualquier tipo de conflicto, dentro o fuera de la iglesia, para que lleguen a puntos de consenso y de acuerdo. Fíjate que es un papa que ha criticado desde el primer momento. Criticó el ataque de Rusia contra Ucrania, el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, el asalto a la soberanía de Venezuela. Que criticó también de una manera muy clara la guerra que hay en Irán, que está causando un proceso de extensión en todo Oriente Próximo. Pero él nunca se refirió al Netanyahu directamente, no mencionó a Vladimir Putin, ni tampoco a Donald Trump hasta que el presidente de Estados Unidos dijo aquella frase: ‘voy a acabar en Irán con una civilización en una noche’. Esto es una apología de los crímenes de guerra, es un crimen de guerra. ¿Qué quiere decir que vas a acabar con una civilización? Es una bestialidad. Esto no lo dijo ni Hitler, que sí intentó hacerlo y dejó millones de víctimas, pero, ¿esto qué quiere decir? Entonces el papa dijo basta. Y mira que ya antes Trump lo había insultado. Ya antes del cónclave se disfrazó de papa con una imagen hecha con la IA, y después se puso como Jesucristo curando a un enfermo y haciendo un milagro, algo que tuvo que retirar de su cuenta personal, porque los mismos votantes católicos que tiene Donald Trump se le echaron encima. No puedes entrar en el territorio de la burla hacia la gente que tiene fe. Es un territorio realmente escandaloso e impropio de lo que tiene que ser un presidente.

¿Es Trump el mayor enemigo ahora mismo de León XIV o tiene enemigos peores aunque no sean tan poderosos?

Tiene gente que está en contra, porque de esta guerra cultural están a favor de postulados que son antidemocráticos. En esto hay una gama inmensa de radicalidad. Van desde la gente que lo critica porque teóricamente defiende lo woke, a quien lo hace porque le acusan de populista y de querer revolucionar el mundo.

Yo creo que el papa Francisco rompió tabús y agitó la institución de la iglesia. Y este papa lo que va a hacer es, después de esta agitación, centrarse en hacer la reforma y llevar a cabo muchas cosas que no pudo hacer Francisco. A intentar ser una voz de liderazgo ético y moral en el siglo XXI, donde cada vez hay menos líderes, si es que hay alguno, ético y moral, para intentar que el mundo vuelva a la cordura. A volver a la escucha, el diálogo, la paz. Él habla de una paz desarmada y desarmante, es decir, una paz que se desarme, obviamente, pero que el concepto de guerra también se desarme.

¿Podemos decir entonces que León XVI es más reformista y progresista que Francisco, pero con métodos más discretos?

Fue elegido el 8 de mayo de 2025 y no ha aparecido casi en los medios, porque a pesar de decir lo mismo que decía el papa Francisco, lo dice de otra manera. Francisco cuando hablaba, como buen argentino, era muy locuaz y hacía doce titulares de prensa y al día siguiente tres o cuatro titulares salían fijo. Este papa no hace titulares, es un Papa del silencio, él no proclamará nunca las reformas, pero las hará. Y nos enteraremos cuando estén hechas, no las anunciará. En este sentido tiene un carácter de eficacia necesario en este momento actual. Creo que es un personaje que en esta guerra cultural actual es un liderazgo que se contrapone al liderazgo bruto de Donald Trump.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Redactor de LIFE en El HuffPost España. Licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. En segundo de carrera debuté en el mundo profesional con unas prácticas en las que aprendí cómo funcionan los medios locales y una radio. Continué en ABC.es, Cuatro y CNN+, Europa Press y después llegó Bekia, medio lifestyle en el que coordiné, escribí y entrevisté hasta que di el salto a El HuffPost.


!
Los comentarios de esta noticia están cerrados
Rellena tu nombre y apellidos para poder comentar
completa tus datos
!
Comenta con respeto, tu opinión se publicará con nombres y apellidos