11 rasgos que distinguen a los niños que han crecido malcriados
Los expertos detallan una serie de características que suelen tener los adultos a los que se les ha consentido demasiado de pequeños y no se les han puesto límites.

Un solo verbo resume la base del error que comenten muchos padres y que acaba provocando que tengan hijos malcriados: ceder. Todos los padres lo hacen alguna vez. Pero, por sistema, según los expertos en pedagogía, no es buena idea. Se empieza por concederle un dulce más del prometo, se le compra ese juguete soñado a pesar de su falta de esfuerzo en el colegio... a menudo, nos colma la paciencia y no cedemos. ¿Cuándo se convierte en un problema? Cuando ceder no es la excepción sino la norma. Dicho esto, los expertos apuntan, según publica Kekmama, 11 rasgos que se suelen observar en las personas que fueron (quizás demasiado) mimadas durante su infancia.
El primero es que esperan una recompensa inmediata. La paciencia no es su fuerte. Si algo tarda más de cinco minutos, ya les parece inaceptable. Quieren el trabajo de sus sueños sin un puesto de principiante, un abdomen tonificado sin ir al gimnasio y paz interior sin terapia. El segundo rasgo es que tienen pocos mecanismos de afrontamiento saludables. Como no practicaron mucho la actitud de "qué lástima, qué pena" cuando eran niños, a veces no saben qué hacer con los sentimientos difíciles ahora, aparte de encender Netflix y fingir que no existe, explican los expertos
Un tercer rasgo es que se apresuran a sentir que tienen derecho a algo. No con enfado ni irritación (normalmente), sino de forma más sutil: "Me lo merezco". Ese ascenso y ese beneficio. Suelen estar acostumbrados a que les resuelvan las cosas. Y cuando no es así, les parece injusto. Y el cuarto es que se sienten indefensos más rápidamente. Y suelen sentirse impotentes precisamente cuando las cosas no suceden por sí solas. ¿Resolver algo por sí mismos? Les resulta estresante.
Tampoco les resulta fácil llegar a acuerdos, añaden los mismos expertos. Dar y recibir suena bien, pero en la práctica, dar a veces se siente como perder. "¿Qué quieres?" es una pregunta capciosa, porque, en realidad, ya saben la respuesta: lo que yo quiero. Tener en cuenta a los demás a veces se siente como una tarea extra para la que no existe un manual.
Otros dos rasgos más son que tienen baja resiliencia emociona y que su autoestima depende de la validación. Es decir, los pequeños contratiempos se sienten como grandes. Un rechazo puede sentirse como un ataque personal. Las críticas suelen ser muy duras. No son débiles; simplemente no están acostumbrados a que la vida a veces les diga: no, hoy no.
Además, lo que más les gustaría es recibir aplausos. Elogios, likes, atención: lo quieren todo. En su interior, a menudo hay inseguridad, a pesar de la apariencia segura. Su autoimagen puede basarse en lo que los demás piensan de ellos, no en quienes realmente son. Una especie de Tamagotchi emocional, pero con Instagram.
Algo muy común es que también odian la palabra "no". No lo sienten como un límite, sino como un rechazo. Cuando alguien se niega a algo, se lo toma como algo personal. Reaviva viejos sentimientos de "no estoy consiguiendo lo que quiero", y eso puede ser difícil. Y otro aspecto que tiene que ver con lo anterior es que, a veces, les falta gratitud. No es que quieran ser desagradecidos, sino que dan muchas cosas por sentadas. Simplemente están acostumbrados. No aprecian conscientemente las cosas porque siempre han estado ahí. Solo después se dan cuenta del esfuerzo que otros realmente invierten.
Y los dos últimos rasgos a destacar en estos adultos que fueron niños demasiado consentidos son la dificultad para mirarse en el espejo y que les tienen miedo al cambio. Por un lado, desarrollar un verdadero autoconocimiento lleva tiempo, y atreverse a mirarse con honestidad a veces resulta difícil. Y, por otro, todo cambio implica incertidumbre para ellos y, con ello, un sentimiento de falta de control. Ésta les genera estrés y entonces se aferran a lo familiar, aunque ya no les parezca correcto. Porque lo conocido les da más seguridad que lo que podría ser mejor. Por eso prefieren quedarse en una situación mediocre antes que arriesgarse con algo desconocido.
La buena noticia es que, de adulto, una vez que se es consciente de algunos de estos rasgos y se tiene la voluntad de cambiar, nunca es tarde para hacerlo. Dicen los psicólogos que quienes reconocen esto ya con ello suelen estar trabajando conscientemente en su crecimiento personal. Cometen errores, se ríen de ellos, aprenden de ellos y, con el tiempo, se convierten en adultos menos caprichosos.
