Los mensajes ocultos del show de Bad Bunny en el descanso de la Super Bowl
Aunque pudiera parecer que el tono fue moderado, la estrella puertorriqueña dejó infinidad de gestos, simbolismos y mensajes claros y directos.

El temor a un escándalo político flotaba en el ambiente. Un artista latino, crítico habitual de Donald Trump y de su política migratoria, era el encargado del espectáculo de medio tiempo del mayor evento deportivo de Estados Unidos. Para algunos, aquello era una provocación; para otros, una oportunidad histórica. Al final, no hubo proclamas explícitas ni discursos incendiarios. Pero eso no significa que no hubiera mensaje. Lo hubo. Y fue tan calculado como visible.
Bad Bunny —Benito Antonio Martínez Ocasio— subió al escenario del Levi’s Stadium consciente de que más de 100 millones de espectadores lo estaban observando. Con apenas 31 años, convertido en uno de los artistas más escuchados del planeta y reciente ganador del Grammy al Álbum del Año por Debí Tirar Más Fotos —el primero íntegramente en español que logra ese reconocimiento—, sabía que cada gesto sería interpretado. Y así lo diseñó.
Cuatro meses antes, cuando se anunció su participación, la controversia ya estaba servida. El puertorriqueño aseguró que cantaría en español. A quienes se quejaron, les sugirió que aprendieran el idioma. Más tarde matizó: no hacía falta entender cada palabra, bastaba con dejarse llevar por el ritmo. Aquella discusión anticipaba lo que vendría: un espectáculo donde la identidad latina no pediría permiso.
Un escenario con memoria
Vestido de blanco, evocando inevitablemente la estética de Freddie Mercury, Bad Bunny apareció en un campo transformado en postal caribeña. El césped dio paso a palmeras, cañaverales y una pequeña casa rosa en el centro del escenario, "La Casita", inspirada en las viviendas humildes de Puerto Rico. No era simple escenografía: era una declaración visual.
Mientras sonaban sus éxitos, el cantante recorría ese paisaje acompañado por decenas de bailarines. Sus letras, tradicionalmente centradas en el amor y el desamor, han adquirido en su último disco un tono más político. En Santa Clara interpretó "Lo que pasó con Hawaii", una canción que cuestiona la anexión estadounidense de la isla en 1898, el mismo año en que Puerto Rico pasó a manos de Washington tras la guerra hispano-estadounidense.
El paralelismo no es casual. A diferencia de Hawái, Puerto Rico no es un estado y carece de representación con voto en el Congreso. Sus habitantes son ciudadanos estadounidenses, pero con derechos limitados en el ámbito federal. La pobreza golpea con fuerza la isla. En una de las esquinas del decorado, un discreto cartel anunciaba que la tienda aceptaba pagos con EBT, la tarjeta destinada a ayudas sociales. Un detalle mínimo, pero elocuente. Entre coreografías y ritmos caribeños, el mensaje se filtraba sin necesidad de consignas.
Fiesta latina… y respuesta conservadora
El espectáculo fue, ante todo, una celebración. Ricky Martin, Cardi B y Lady Gaga aparecieron como invitados sorpresa. Esta última interpretó "Die With a Smile", el único gran momento en inglés de la noche. En otro segmento, dos seguidores del artista se casaron en directo mientras él y Gaga bailaban a su alrededor.
Para quienes esperaban provocaciones más explícitas —Bad Bunny ha besado a hombres sobre el escenario en otras ocasiones—, el tono resultó incluso moderado. Sin embargo, la tensión política no desapareció.
Donald Trump, que había calificado la elección del cantante como una "pésima decisión", no asistió al partido. Tras el encuentro, definió el show como el "peor" de la historia de la Super Bowl. Oficialmente, su ausencia se debió a la distancia del viaje a California. No todos lo creyeron.
En paralelo, la organización conservadora Turning Point USA organizó en internet su propio "All American Half Time Show". Guitarras eléctricas, estética de rock clásico y una sucesión de artistas como Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett compusieron una alternativa dirigida a un público que se sintió desplazado. El himno nacional sonó con guitarra eléctrica, en una versión que evocaba inevitablemente la polémica interpretación de Jimi Hendrix en 1969. El homenaje incluyó reiteradas imágenes del activista Charlie Kirk. Mientras tanto, en el estadio, la narrativa era otra.
Banderas, lemas y una frase final
En “NuevaYol”, Bad Bunny celebró la cultura puertorriqueña y dominicana en Nueva York. Entregó a un niño una réplica de un Grammy y le susurró: “Siempre cree en ti mismo”. En una valla luminosa podía leerse: "LO ÚNICO MÁS PODEROSO QUE EL ODIO ES EL AMOR".
El cierre fue casi ceremonial. Bailarines desfilaron con banderas como si se tratara de una inauguración olímpica. Encabezaba la comitiva la bandera estadounidense, seguida por la de Puerto Rico y otras de América Latina. El cantante pronunció entonces una frase ambigua y cargada de sentido: "Dios bendiga a América".
No habló solo de Estados Unidos. Enumeró países: Chile, Argentina, Canadá. Y concluyó con "mi hogar", Puerto Rico. Finalmente, lanzó el balón al suelo y, en español, sentenció: "Seguimos aquí".
Sin discursos directos ni consignas partidistas, el espectáculo respondió al titular por sí mismo. Los mensajes estaban ahí: en el idioma elegido, en los símbolos del escenario, en las canciones y en las banderas. Un recordatorio de que, incluso en el evento deportivo más comercial del planeta, la cultura también es política.
