Álvaro Fernández, farmacéutico: "Sentir menos hambre cuando hace mucho calor tiene una explicación"
"Tendemos a reducir el apetito para que nuestra digestión sea más ligera".
Con la llegada de las altas temperaturas, muchas personas experimentan un fenómeno que se repite verano tras verano y es que el apetito disminuye. Los platos calientes y contundentes dejan de resultar atractivos, mientras que las comidas frescas y ligeras ganan protagonismo. Aunque pueda parecer una simple cuestión de preferencias, detrás de este cambio existe una explicación fisiológica.
Así lo explica el farmacéutico Álvaro Fernández, quien señala que la reducción del apetito durante los días más calurosos es una respuesta natural del organismo para adaptarse al entorno. "Cuando hace mucho calor tendemos a reducir el apetito para que la digestión sea más ligera y generar menos calor", afirma.
La digestión también produce calor
El cuerpo humano mantiene una temperatura interna relativamente estable mediante diferentes mecanismos de regulación. Cuando las temperaturas exteriores se disparan, el organismo debe esforzarse más para eliminar el exceso de calor y evitar el sobrecalentamiento.
En este contexto, la digestión juega un papel importante. Procesar los alimentos requiere energía y genera calor corporal, un fenómeno conocido como termogénesis. "Cuando hace mucho calor el cuerpo necesita disipar calor, no generar más, y la digestión genera calor", explica. Por este motivo, el organismo tiende a enviar señales que reducen el apetito, favoreciendo comidas más ligeras y menos exigentes desde el punto de vista digestivo.
Cambian los alimentos que más apetecen
La consecuencia más evidente de este mecanismo es que muchas personas dejan de sentir interés por platos tradicionalmente asociados a los meses fríos. "Un cocido o unas lentejas a 40 grados no entran bien", comenta el farmacéutico.
En su lugar, aumentan las ganas de consumir frutas, ensaladas, gazpachos, yogures o alimentos con alto contenido en agua, que además contribuye a la hidratación. Los especialistas recuerdan que, aunque el apetito disminuya, es importante mantener una alimentación equilibrada durante el verano para garantizar el aporte adecuado de nutrientes.
La hidratación también influye
Otro de los factores que puede contribuir a esta sensación de menor hambre es el aumento del consumo de líquidos. Durante los meses más cálidos se pierde más agua a través del sudor, lo que lleva a muchas personas a beber con mayor frecuencia.
"En verano bebo mucho más agua, estoy siempre con la botella y creo que eso también hace que esté más lleno", explica Fernández. La sensación de saciedad producida por la hidratación puede reducir temporalmente las ganas de comer, especialmente cuando se consumen bebidas de forma continuada a lo largo del día.