El consejo de una neurocientífica para llegar a los 90 con memoria de joven: si dudas entre poner música o llamar a un amigo, "llama a tu amigo"
Un estudio resalta que dos de las características comunes de estas personas son el llevar una vida social activa y su gran capacidad de resiliencia.

Estudia a los superagentes de edad avanzada, es decir, personas de 80 o 90 años con una memoria excepcionalmente aguda, cuyos estilos de vida sugieren maneras de ralentizar el deterioro cognitivo. La neurocientífica Emily Rogalski ha demostrado, junto a su equipo, que estos llamados "superagentes" tienen cortezas cerebrales e hipocampos más grandes, ambas áreas del cerebro asociadas con la memoria, y su objetivo actual es desentrañar las bases neuronales de su capacidad de recordar, según ha publicado New Scientist.
Esta experta cuenta algunas claves sobre lo que hace que alguien sea un "superagente de la memoria" y cómo se pueden aumentar las posibilidades de serlo. Lo primero que explica es en qué consiste ser una de estas personas. "Un superagente es una persona mayor de 80 años con una memoria al menos tan buena como la de personas de 50 o 60 años. Sus otras funciones cognitivas, como la ejecutiva y la atención, deben ser al menos promedio para su edad. Casi todos con quienes me encuentro conocen a alguien —ya sea un tío, una tía, un vecino o un amigo— que jamás creerías que tiene 90 años. Se comportan como si tuvieran 50", destaca esta neurocientífica.
La preocupación de la población mayor por la pérdida de memoria llevó al enfoque del estudio. “La pérdida de memoria es la principal queja de las personas que envejecen y el síntoma cardinal de la enfermedad de Alzheimer”, señala Rogalski. Este equipo identificó participantes comunicándose en comunidades, mercados y a través de referencias personales. “Comenzamos en Chicago, pero ahora estudiamos en cinco centros de Estados Unidos y Canadá”, añade la experta.
El equipo científico halló que estos individuos cuentan con una corteza cerebral y un hipocampo de mayor tamaño para su edad. Las imágenes por resonancia magnética evidencian que la corteza cingulada anterior, esencial para la atención, presenta mayor espesor incluso si se compara con personas de 50 o 60 años. “Esta región es realmente importante para la atención, y la atención es esencial para la memoria”, resalta Rogalski.
En cuanto a Los voluntarios que han participado en esta investigación, se trata de personas que pasan pruebas neuropsicológicas, análisis genéticos y resonancias cerebrales. También se les invita a donar su cerebro tras la muerte para examinar características celulares únicas. Rogalski mencionó que muchos no eran conscientes de su memoria fuera de lo común, pero después se sienten satisfechos al descubrirlo.
Es más, los resultados tras las autopsias de cerebros donados muestran menos proteína tau asociada con la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, algunos casos presentan abundantes signos patológicos típicos, aunque sin deterioro evidente en vida. “Hay casos con mucha menos patología de la esperada para alguien de 95 años”, confiesa esta experta.
En cuanto al denominador común entre estps "superenvejecientes" parece ser que es llevar una buena vida social: “Los que más los une es que son socialmente activos”, afirma Rogalski. Y resalta que alcanzar edades avanzadas puede suponer perder a los contemporáneos, por lo que conectar con generaciones más jóvenes resulta central para prevenir el aislamiento.
Otra constante que han identificado en estas personas es la resiliencia. “Encontramos personas que han atravesado enormes adversidades y que, aun así, siguen adelante”, relató Rogalski. Entre los participantes había, por ejemplo, supervivientes del Holocausto y personas que habían perdido familiares siendo jóvenes y que destacan por su capacidad de adaptarse y compartir historias incluso a los 90 años.
Sobre la influencia de la genética en este tema, estos expertos han concluido que aunque se solía pensar que la genética definía nuestro destino, ahora sabemos que es mucho más compleja”, resalta Rogalski. Porque "si bien la carga hereditaria influye, es posible modificar ciertos aspectos a lo largo de la vida". concluye.
