Inés Moreno, traumatóloga: "La fatiga no es física, es una negociación constante con tu cerebro"
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Inés Moreno, traumatóloga: "La fatiga no es física, es una negociación constante con tu cerebro"

En ocasiones la sensación de “no poder más” puede ser solo una sugerencia.

Inés Moreno @traumatologageek

Después de hacer ejercicio físico o de una jornada intensa de trabajo es normal sentirse exhausto. Sin embargo, la sensación de fatiga no siempre depende únicamente del estado de los músculos o del nivel de esfuerzo físico.

Según explica la traumatóloga y divulgadora científica, Inés Moreno, en su canal de YouTube @traumatologageek con casi 22 mil suscriptores, el cansancio que sentimos muchas veces es el resultado de una negociación constante entre el cuerpo y el cerebro.

La especialista explica que el cerebro funciona como un “gobernador central” que regula cuánto esfuerzo podemos realizar. Su objetivo principal es proteger al organismo para evitar daños graves. Por eso, en muchas ocasiones envía señales de agotamiento antes de que el cuerpo haya alcanzado realmente su límite físico.

El experimento que demuestra el poder del cerebro

Una investigación realizada en Nueva Zelanda ilustra bien este fenómeno. En el estudio, un grupo de ciclistas fue colocado en bicicletas estáticas con la única instrucción de que pedalearan hasta que no pudieran más.

Delante de ellos colocaron un gran reloj digital que marcaba el tiempo transcurrido. Sin embargo, el reloj no era real. A la mitad de los participantes se les mostró un reloj que avanzaba más rápido de lo normal, mientras que al resto se les enseñó uno que avanzaba más lento.

El resultado fue sorprendente. La mayoría de los ciclistas se rindió justo cuando su reloj marcaba una hora de ejercicio, aunque en realidad el tiempo real era diferente. Quienes tenían el reloj más lento llegaron a pedalear hasta un 18,3 % más que con un reloj normal y un 20,5 % más que con uno rápido, pero declararon sentirse igual de cansados.

Con este experimento social con ciclistas se pudo demostrar que el cerebro interpreta las señales del entorno y decide según los estímulos cuándo es el momento de activar la sensación de fatiga. 

Cómo engañar al “gobernador central”

A partir de estudios sobre fisiología del ejercicio, los investigadores han identificado algunas estrategias que pueden ayudar a mejorar el rendimiento y retrasar la sensación de cansancio.

  1. Entrenar al aire libre: En un gimnasio, el cerebro tiende a centrarse en el esfuerzo físico: el reloj, los espejos o las paredes hacen que prestemos más atención a las molestias corporales. En cambio, cuando se entrena en exteriores, la atención se dirige al entorno —el paisaje o el terreno—, lo que reduce la percepción del esfuerzo.
  2. Evitar mirar el reloj constantemente: El experimento de los ciclistas demuestra que el tiempo influye en la percepción de cansancio. Si el cerebro sabe exactamente cuánto falta para terminar, empieza a “administrar” la energía. Por eso algunos expertos recomiendan entrenar por distancia o sensaciones, en lugar de centrarse en el cronómetro.
  3. Usar la música estratégicamente: la música rítmica puede reducir la percepción de fatiga porque actúa como un estímulo que distrae al cerebro del esfuerzo. De hecho, se sabe que desde hace siglos los ejércitos utilizan tambores o marchas musicales para mantener el ritmo y reducir la sensación de cansancio.
  4. Cambiar la interpretación del dolor: cuando aparece la sensación de ardor en los músculos, el cerebro puede interpretarla como una señal de peligro. Sin embargo, si se describe de forma más neutral —por ejemplo, como una sensación intensa causada por el trabajo muscular—, se reduce la respuesta emocional asociada al dolor.
  5. Dividir el esfuerzo en pequeños objetivos: en lugar de pensar en una meta lejana, algunos especialistas recomiendan fijarse objetivos cortos, como llegar a un punto concreto del recorrido. Cada pequeño logro genera una liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con la motivación.
  6. Ampliar los límites de vez en cuando: realizar ocasionalmente un reto más largo o exigente puede ayudar a recalibrar la percepción de esfuerzo. Cuando el cerebro se acostumbra a experiencias más intensas, las actividades habituales pueden parecer menos exigentes.

El objetivo de estas estrategias no es ignorar completamente las señales del cuerpo. Existen límites fisiológicos reales que no deben sobrepasarse. La clave está en encontrar un equilibrio. Hay que respetar las señales de alerta del cuerpo, pero también entender que en muchas ocasiones la sensación de “no poder más” es solo una sugerencia del cerebro y no necesariamente el verdadero límite del organismo.

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