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Los especialistas en sueño coinciden: entre el 47 y el 67% de las mujeres mayores de 50 años tienen apnea del sueño sin saberlo porque los síntomas femeninos no aparecen en los criterios de diagnóstico

Los especialistas en sueño coinciden: entre el 47 y el 67% de las mujeres mayores de 50 años tienen apnea del sueño sin saberlo porque los síntomas femeninos no aparecen en los criterios de diagnóstico

Según defienden los profesionales, la apnea del sueño en mujeres no es rara ni leve: simplemente, durante años, ha sido invisible.

Mujer deprimida en la cama
Mujer deprimida en la camaGetty Images

Durante años, la apnea del sueño se ha asociado a un perfil muy concreto: hombres, generalmente con sobrepeso y roncadores. Pero esa imagen está dejando fuera a millones de mujeres. Los expertos advierten ahora de un problema silencioso: muchas no saben que la padecen.

Entre el 47% y el 67% de las mujeres mayores de 50 años podrían tener apnea obstructiva del sueño, una cifra similar a la de los hombres en ese rango de edad. Sin embargo, gran parte de los casos no se diagnostican.

El origen del problema está, en parte, en cómo se ha estudiado esta afección. Durante décadas, la apnea del sueño se investigó principalmente en hombres, lo que marcó los criterios actuales de diagnóstico.

“La enfermedad se definió en hombres”, explica Jennifer Martin al diario Self “La forma en que hombres y mujeres respiran al dormir no es la misma, y nuestra definición de la enfermedad no lo tiene en cuenta”. Esto tiene consecuencias directas: muchas mujeres  encajan en los síntomas “clásicos” , por tanto, pasan desapercibidas.

No todo es roncar

Uno de los grandes mitos es que la apnea siempre va acompañada de ronquidos fuertes. En mujeres, esto no siempre ocurre. Según la especialista Anita Valanju Shelgikar, ellas suelen presentar señales distintas: insomnio, despertares frecuentes, pesadillas o dificultad para conciliar el sueño. 

A esto se suman síntomas más generales como cansancio durante el día, dolor de cabeza al despertar o cambios de humor. Es decir, signos fáciles de confundir con estrés, ansiedad, menopausia o simplemente “mal descanso”.

Diagnósticos que no llegan

Esa diferencia en los síntomas provoca un efecto en cadena. Mientras que los hombres suelen ser derivados rápidamente a pruebas cuando dicen que roncan y tienen sueño, a muchas mujeres no se les hace el mismo seguimiento. “Cuando una mujer acude y dice: ‘No duermo bien y me siento muy fatigada durante el día’, no suele ser derivada para realizarse una prueba de detección”, señala Martin.

Además, los criterios médicos actuales exigen ciertos cambios en los niveles de oxígeno durante el sueño que son más típicos en hombres. Las mujeres, en cambio, tienden a tener alteraciones más sutiles, lo que dificulta aún más el diagnóstico.

El papel de las hormonas

Las diferencias no son solo sociales o médicas, también biológicas. Factores como las hormonas, la anatomía de las vías respiratorias o incluso la distribución de la grasa corporal influyen en cómo se manifiesta la enfermedad.

Antes de la menopausia, el estrógeno y la progesterona parecen tener un efecto protector. Pero tras esta etapa, el riesgo aumenta de forma notable, y con él, la gravedad de los síntomas.

Riesgos que van más allá del sueño

No detectar la apnea del sueño no es un problema menor. A largo plazo, puede afectar seriamente a la salud.

El especialista Atul Malhotra advierte al mismo diario citado que cada interrupción de la respiración genera estrés en el organismo. Con el tiempo, esto puede aumentar el riesgo de hipertensión, infartos, ictus o problemas cardíacos.

También se asocia con problemas de memoria, falta de concentración e incluso un mayor riesgo de accidentes por somnolencia.

Una señal de alerta

Los expertos insisten en que sentir cansancio constante durante el día no debería normalizarse, especialmente a partir de cierta edad. Tampoco el insomnio persistente o los despertares nocturnos.

La clave está en prestar atención a estas señales y, si es necesario, insistir en una evaluación más completa. En muchos casos, acudir a un especialista en sueño puede marcar la diferencia.

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