Maike Luhmann, investigadora de la soledad durante 15 años: "La soledad crónica activa en el cerebro las mismas zonas que el dolor físico y los estudios demuestran que los solitarios mueren antes"
La especialista advierte sobre las repercusiones negativas que puede tener el aislamiento en el estado de salud de la mente y el cuerpo humano.

Desde la pandemia provocada por el coronavirus, la soledad ha cobrado una relevancia significativa en nuestra sociedad. La mayoría de las personas relacionan dicho concepto con una problemática mental y social.
De hecho, a nivel nacional, una de cada cinco personas padece de soledad no deseada. Según un informe publicado por el Observatorio Nacional de Soledad no Deseada, esto se define como "la experiencia personal negativa en la que un individuo tiene la necesidad de comunicarse con otros y percibe carencias en sus relaciones sociales".
Sin embargo, la investigadora Maike Luhmann, que lleva 15 años estudiando este fenómeno, ha ido un paso más allá. En un reciente artículo publicado por el diario alemán Die Tageszeitung, la experta revela que el aislamiento prolongado enferma literalmente a las personas, afectando gravemente tanto a nivel psicológico como físico.
La soledad enferma (y mucho) al cuerpo humano
Luhmann explica que, gracias a multitud de estudios científicos, se ha demostrado que la soledad puede llegar a repercutir adversamente en la mente y el cuerpo humano.
"Puede desencadenar depresión, trastornos de ansiedad y adicciones, y es un factor que contribuye a enfermedades cardiovasculares, demencia y diabetes, pero también a algo tan común como un resfriado", afirma la especialista.
El peligro de la soledad crónica
La científica subraya que es completamente normal experimentar momentos de soledad, los cuales se sobrepasan fácilmente en la mayoría de los casos. “Pero si eso no funciona, se corre el riesgo de caer en una espiral y empezar a percibir a los demás de forma diferente”, complementa.
En este punto, Luhmann detalla la perspectiva sombría y defensiva que acaban adoptando las personas aisladas. “Estos parecen más amenazantes; uno se vuelve desconfiado y capta señales negativas por todas partes. Esto dificulta cada vez más relacionarse con los demás sin prejuicios. Y esa soledad se intensifica”, lamenta.
Para terminar, la experta lanza una cruda advertencia sobre las fatídicas consecuencias de no atajar este problema a tiempo. "La soledad crónica activa en el cerebro las mismas zonas que el dolor físico y los estudios demuestran que los solitarios mueren antes", concluye.
