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¿Puede hacernos infelices el verano?: "Empieza a asociarse con incomodidad, estrés térmico y vulnerabilidad"

¿Puede hacernos infelices el verano?: "Empieza a asociarse con incomodidad, estrés térmico y vulnerabilidad"

Las altas temperaturas tienden a reducir nuestro bienestar emocional: dormimos peor, estamos irritables, reducimos las interacciones sociales, disminuye nuestra tolerancia a la frustración...

Varios turistas pasean por Toledo, este domingo, en plena ola de calor con temperaturas superiores a 39-40 grados.
Varios turistas pasean por Toledo, este domingo, en plena ola de calor con temperaturas superiores a 39-40 grados.EFE/ Ángeles Visdómine

¿Quién no vive el invierno deseando que llegue el verano, el calor, los días largos? Y aunque los hay que 'odian' los meses de julio y agosto, la mayoría asociamos esta estación del año que acaba de empezar con vacaciones, ocio, playa, encuentros sociales, luz, piscina, tiempo libre... factores que influyen positivamente en nuestro bienestar emocional, es decir, nos hacen más felices.

Ahora bien, ¿cuál es la temperatura máxima de esa felicidad? A juzgar por lo que vemos a nuestro alrededor existen unos grados límite en los que el optimismo estival vira 360º y empezamos a sentirnos abrumados, bloqueados y abatidos.  "Existe cada vez más evidencia de que el calor intenso no solo afecta al cuerpo, sino también al estado de ánimo y a nuestra salud mental en general", confirma Carmen de Castro Esgueva, psicóloga general sanitaria y profesora de la UNIE Universidad. 

¿Puede llegar a hacernos infelices el calor? Pues, como puntualiza la experta en salud mental, "más que hacernos infelices de forma automática, las altas temperaturas tienden a reducir nuestro bienestar emocional". Las razones son todas estas: 

  • Dormimos peor, y la falta de sueño y descanso afecta directamente al humor y la regulación de nuestras emociones
  • Aumentan la irritabilidad, la impaciencia y la sensación de agotamiento y fatiga.
  • Nos cuesta más concentrarnos y realizar tareas cognitivas complejas que requieran atención sostenida.
  • Disminuye nuestra tolerancia a la frustración y es más fácil que podamos desregularnos.
  • Tendemos a reducir la actividad física y las interacciones sociales cuando el calor es extremo. Y esto puede llegar a influir en sentirnos aislados.

Explica además de Castro Esgueva que incluso se han encontrado asociaciones entre temperaturas elevadas y un empeoramiento de distintos problemas de salud mental, con el importante matiz de que el calor no "crea" por sí mismo trastorno mental. "Por ejemplo, el calor puede producir sensaciones somáticas muy similares a las de la ansiedad (taquicardia, sudoración, sensación de ahogo, mareo y sensación de debilidad). Algunas personas interpretan estas señales corporales como una amenaza, lo que puede desencadenar o intensificar episodios de pánico. Y en personas con depresión, el calor extremo puede alterar los ritmos de sueño, incrementar la fatiga, favorecer el aislamiento social y reducir la energía disponible para actividades gratificantes. Además, ciertos medicamentos psiquiátricos pueden dificultar la regulación de la temperatura corporal, haciendo a algunas personas especialmente vulnerables durante las olas de calor", señala la psicóloga.

Para que siga siendo sinónimo de felicidad

El año pasado, en 2025, nuestro país batió récords de temperatura; este año, de momento, estamos viviendo el junio más cálido desde 1950 y en estos días atravesamos la primera ola de calor que ha dejado temperaturas excepcionalmente altas y registros no vistos en más de siete décadas para esta época del año. Estos cambios al alza en las temperaturas parecen ir adelantando una transformación cultural en la que el verano "puede dejar de percibirse exclusivamente como una estación de disfrute y empiece a asociarse también con incomodidad, estrés térmico y vulnerabilidad". "Es una posibilidad cada vez más comentada por psicólogos, sociólogos y expertos en salud pública", corrobora la psicóloga. 

No obstante, Castro Esgueva no cree que desaparezca su componente positivo sino que "veremos una coexistencia de emociones". Por un lado, la de la alegría de las vacaciones, el ocio y la libertad, y por otro, una creciente conciencia de los costes físicos y psicológicos del calor extremo.

Una joven se refresca en el estanque de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.
  Una joven se refresca en el estanque de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.EFE

"El verano seguirá siendo para muchos una fuente de bienestar y disfrute, pero el aumento de las temperaturas puede hacer que esa experiencia positiva sea menos universal y más dependiente de factores como la edad, la salud, los recursos económicos o las condiciones de vivienda" porque, una vez más, no todo el mundo sufre por igual el malestar y los peligros que suponen las altas temperaturas.

Recomendaciones para que el verano no decaiga

¿Podemos hacer menos costosos los 40º? Sí, con estrategias sencillas y al alcance de todos que, según la psicóloga, pueden marcar una gran diferencia:

  1. Priorizar el sueño. Mantener el dormitorio fresco, ventilar en las horas más frescas., utilizar ventiladores o aire acondicionado cuando sea posible, y evitar pantallas y comidas copiosas antes de acostarse. 
  2. Hidratación constante. Beber agua regularmente, aunque no se tenga sed y limitar el alcohol porque favorece la deshidratación y empeora la calidad del sueño.
  3.  Adaptar las rutinas. Evitar actividades exigentes durante las horas centrales del día y realizar ejercicio a primera hora de la mañana o al anochecer.
  4. Buscar espacios de recuperación. Permanecer en lugares frescos como bibliotecas, centros culturales o espacios climatizados si el hogar acumula mucho calor algunas horas al día.
  5. Mantener la vida social. Aunque el calor invite al aislamiento, mantener el contacto con amigos y familiares ayuda a proteger el bienestar emocional.
  6. Practicar autocompasión. Es normal sentirse más cansado, lento o irritable durante una ola de calor. Ajustar expectativas y reducir la autoexigencia puede disminuir el malestar.


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Responsable de LIFE. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en Radio España, en la revista de Ana Rosa, dirigió la revista Turismo Rural y ha sido presentadora y moderadora de encuentros relacionados con el turismo, la gastronomía, el medioambiente o la literatura. Además de coordinar LIFE es la editora de branded content de El HuffPost.

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