Una técnica en nutrición explica si es o no beneficioso consumir yogur griego todos los días
Esta experta resalta que este alimento aporta bacterias vivas que favorecen la salud intestinal pero que no debe tomarse de forma obligatoria.
¿Es realmente el yogur griego un aliado para nuestra salud o solo otra moda pasajera?, es la primera pregunta a la que responde la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón. "En el mundo de la nutrición actual, parece que cada semana surge un nuevo 'imprescindible'", resalta Luzón. "El yogur griego ha ocupado ese lugar durante años. Y, como técnica en nutrición, mi enfoque no es decirte qué tienes que comer, sino analizar qué opciones pueden sumar a tu bienestar integral si decides incluirlas", prosigue. "Y, personalmente, consumo lácteos a diario porque disfruto de su sabor y textura, pero es perfectamente posible mantener una salud óptima sin ellos. Lo importante es elegir desde la información y no desde la obligación", asegura esta experta.
Luzón da, a continuación, cuatro claves que nos pueden ayudar a tomar una decisión sobre las pautas de consumo de este alimento. La primera es que "el valor de los alimentos fermentados frente a los suplementos". "Vivimos en una era donde se gastan fortunas en polvos probióticos y suplementos de diseño que, en muchos casos, cuentan con una evidencia científica mucho más débil de lo que su marketing sugiere", añade.
Así que la "evidencia real", señala esta experta es que "el yogur griego es un alimento fermentado tradicional": "Aporta bacterias vivas (probióticos) que se ha demostrado de forma sólida su capacidad para favorecer una microbiota diversa. Obtener estos beneficios a través de un alimento completo suele ser más económico y efectivo que buscar el "milagro" en una cápsula, siempre que tu cuerpo tolere bien los lácteos".
En segundo lugar, si decides incluir en tu alimentación el yogur griego "debes tener claro lo que aporta realmente y cuáles son sus puntos fuertes desde una perspectiva de salud no restrictiva", prosigue esta técnica en dietética: "Por un lado, es saciante por naturaleza gracias a su proceso de filtrado, concentra más proteínas que el yogur convencional. Esto ayuda a que las señales de hambre y saciedad de nuestro cuerpo se regulen de forma natural. Y, por otro lado, es relevante su "densidad nutricional": "Es una fuente sencilla de calcio y vitaminas del grupo B, sin necesidad de recurrir a productos ultra-enriquecidos artificialmente", aclara Luzón.
Pero, además, es también vital entender que el yogur griego no es una pieza de puzzle obligatoria, destaca además esta experta. Así, "para quienes no consumen lácteos por ética o intolerancia, existen alternativas vegetales fermentadas que también pueden aportar beneficios, aunque su perfil proteico sea distinto", explica. "Y la salud integral se construye con el patrón alimentario total, no con un solo alimento. Así que si no te gusta el yogur griego, no pasa nada; hay cientos de formas de cuidar tu microbiota y tu aporte proteico", recalca.
Y, en cuarto lugar, Ana Luzón considera que es relevante saber cómo elegir sin caer en la "Cultura de Dieta": "A menudo, la industria nos vende versiones 'light' o '0%' que pierden la esencia del producto. La grasa natural del lácteo ayuda a absorber vitaminas y, sobre todo, aporta una satisfacción sensorial que nos ayuda a tener una relación más sana y placentera con la comida. Por lo que el verdadero enemigo, más que la grasa, es el exceso de azúcares añadidos en las versiones de sabores, que transforman un alimento interesante en un postre ultraprocesado, lo que debemos vigilar".
En definitiva, el yogur griego "es una herramienta excelente por su aporte de probióticos y nutrientes, especialmente frente a la suplementación innecesaria", resalta esta experta. "Pero, por encima de cualquier beneficio nutricional, debe estar tu preferencia personal y tu bienestar digestivo. La mejor dieta es la que no se siente como una dieta", concluye.