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14/12/2015 07:00 CET | Actualizado 14/12/2016 11:12 CET

El 'momento Zapata'

zapataAl que esté indeciso en estas elecciones, yo le recomendaría que se imaginara a su líder favorito en el momento Zapata. ¿Sería capaz de dimitir Albert Rivera, por ejemplo, para no tener que firmar (un suponer) una sentencia de muerte, como hizo Nicolás Salmerón en el siglo XIX? ¿Dejarían Pedro Sánchez, Alberto Garzón o Pablo Iglesias su poltrona de Moncloa, en mitad de la legislatura, por razones éticas? Si la respuesta es sí, ya sabe cuál debe ser su voto.

William Goldman, legendario guionista de Dos hombres y un destino y Todos los hombres del Presidente sostiene que el cine son "momentos". Lo que el espectador se lleva a casa son reacciones y emociones inolvidables de los personajes, en momentos concretos de la historia que nos están contando. Es cierto: siempre que evocamos una película con amigos decimos eso de "me encanta cuando ella va y dice tal cosa" o "es acojonante cuando él baja del caballo y hace tal otra". Uno de mis momentos favoritos de la historia del cine es lo que yo llamo el momento Zapata, de la película Viva Zapata, dirigida por Elia Kazan. Entre otras cosas, me sirve siempre para decidir el voto.

El presidente de México Porfirio Díaz recibe a una delegación de campesinos del estado de Morelos que se lamentan de que el Gobierno les haya arrebatado las tierras. Díaz los trata de manera muy condescendiente y paternalista, porque quiere quedar bien, pero les pide que tengan paciencia. Zapata se encara con él y le dice: "Nosotros hacemos el pan con trigo, no con paciencia". Porfirio Díaz se enoja por su insolencia y le conmina a que le dé su nombre. Luego coge la lista de campesinos que tiene sobre la mesa y traza un ominoso círculo alrededor del nombre Zapata.

Años después, ya en el poder, el propio Emiliano recibe, a su vez, a una delegación de campesinos de su provincia natal. Sus antiguos camaradas le plantean una queja, que para él supone un dilema moral de primer orden. Su hermano, Eufemio, se ha apoderado de las tierras de los campesinos, para hacer de ellas su latifundio personal y les está impidiendo que siembren. Emiliano toma nota, promete que se va a ocupar y entonces uno de los campesinos, indignado por su pachorra, se encara con él: los campos no pueden esperar, tiene que intervenir ahora. Zapata monta en cólera ante tamaña insolencia y le pregunta su nombre, para ponerlo en la lista negra. Entonces se da cuenta de que está incurriendo en lo mismo que le hizo a él Porfirio Díaz años atrás, cuando fue a reclamar sus tierras. Horrorizado al comprobar en lo que se ha convertido, Zapata destroza la lista negra con la punta de su lápiz, agarra la carabina y regresa a Morelos con los campesinos, para enfrentarse a su prepotente hermano en defensa de los agraviados.

Al que esté indeciso en estas elecciones, yo le recomendaría que se imaginara a su líder favorito en el momento Zapata. ¿Sería capaz de dimitir Albert Rivera, por ejemplo, para no tener que firmar (otro suponer) una sentencia de muerte, como hizo Nicolás Salmerón en el siglo XIX? ¿Dejarían Pedro Sánchez, Alberto Garzón o Pablo Iglesias su poltrona de Moncloa, en mitad de la legislatura, por razones éticas, después de lo que les ha costado conseguirla? Si la respuesta es sí, ya sabe cuál debe ser su voto.

El momento Zapata no sirve, sin embargo, para evaluar a Mariano el Estafermo, él juega "en otra liga", por usar un símil relativo al deporte que le es tan caro. Mariano es como el cura Don Abundio, de la novela Los Novios, escrita por Alessandro Manzoni. Don Abundio siempre se ponía del lado del más fuerte, pero al ser, como diría Paco Marhuenda, "tan buena persona", cuando te veía cautivo y desarmado, cual soldado del Ejército Rojo, te miraba con compasión y se acercaba a ti para darte una palmadita de ánimo en la espalda-: "Qué lástima que estés en el bando perdedor, porque no tengo nada en tu contra. Ojalá que, en la próxima guerra, elijas bien el bando que te conviene y yo pueda estar a tu lado".

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