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28/09/2015 00:57 CEST | Actualizado 27/09/2016 11:12 CEST

Platos, vasos y resultados del 27-S

El frente independentista gana: un millón novecientos mil votos son un grito que ningún político serio puede ignorar. Pero pierden el plebiscito: ningún político serio puede plantearse la independencia con un 47% de los votos. Más allá de los datos, de los platos y los vasos, estas elecciones constatan una división sin precedentes en la sociedad catalana. Se imponen políticos y políticas capaz de restañar las heridas y de tejer un nuevo espacio de convivencia. Cataluña ese convierte, desde ya, en el eje de la campaña para las generales.

Un plato es un plato, y un vaso es un vaso, dijo Rajoy. Pues bien, esta es la vajilla que nos dejan las electrizantes elecciones catalanas del 27-S:

-Cuando el 77% de los ciudadanos catalanes vota, el mensaje es contundente y despeja muchas incertidumbres sobre el llamado voto oculto, que finalmente resultó no ser tan opaco. El frente por la independencia, que suma a Junts pel Sí y la CUP, obtiene una clara mayoría en el parlamento catalán, con 72 escaños. Tienen legitimidad y fuerza -Artur Mas dixit- para seguir persiguiendo su sueño de la secesión.

-Los independentistas pierden el plebiscito. Las fuerzas no independentistas suman el 52% frente al 47% del bloque secesionista. Es impensable que con esos resultados, una vez se evaporen las burbujas del cava, ningún político serio (en Cataluña) se plantee una declaración unilateral de independencia: eso sí sería antidemocrático. Pero es la primera vez que la opción por la secesión toma tanto vuelo: más de un millón novecientos mil votos es un grito que ningún político serio (en Madrid) puede ignorar.

-Ciudadanos rompe los sondeos y su techo: triplican los resultados de las últimas elecciones y con 25 escaños dan la campanada. El sorpasso al PP en Cataluña es un aviso a navegantes: ¿será posible reeditarlo en las elecciones generales de diciembre? Nunca sabremos qué resultado habría obtenido Albert Rivera si hubiera sido el candidato a la Generalitat; pero ser la segunda fuerza en Cataluña le da alas para aspirar a la Moncloa.

-El PP es cada vez más irrelevante en Cataluña: pierde nueve escaños y con Xavier García Albiol se queda en 10 -hasta en Badalona, donde fue alcalde, ha ganado Junts pel Sí-. Es un bofetón en toda regla al partido, a su estrategia y a su campaña. Esta noche corre un viento frío en Moncloa y en la calle Génova: Rajoy está demostrando ser un líder incapaz para afrontar los desafíos en Cataluña.

-La CUP, tras anotarse una subida espectacular (de 3 a 10 escaños), tiene ahora la llave de la gobernabilidad de Cataluña. Si cumple con su promesa de no votar a Artur Mas como president, Junts pel Sí se verán obligados a pactar otro candidato... y la batalla interna está asegurada.

-Podemos pierde fuelle: ICV obtuvo más escaños en solitario en las pasadas elecciones (13) que la nueva coalición. Los diez diputados que obtiene en el Parlament están muy lejos de sus aspiraciones. ¿Significa que el éxito obtenido en las pasadas municipales -Barcelona, Madrid, Cádiz, Zaragoza- ha sido el cénit de su trayectoria política?

-Los socialistas siguen vivos. Mantener casi el mismo número de votos que las pasadas elecciones catalanas -tras la sangría interna y la irrupción de nuevos partidos que les disputan el territorio ideológico- justifica el suspiro de alivio de Miquel Iceta pese a haber perdido 4 escaños. Y ese medio millón de votos catalanes valen su peso en oro en la carrera hacia la Moncloa de Pedro Sánchez.

Pero más allá de los datos, de los platos y los vasos, estas elecciones constatan una división sin precedentes en la sociedad catalana. Se imponen políticos y políticas capaz de restañar las heridas y de tejer un nuevo espacio de convivencia. Cataluña ese convierte, desde ya, en el eje de la campaña para las generales.