Cuando Elcano concluyó su circunnavegación al globo, los viajes no suponían ya un reto. No era suficiente con sobreponerse a los designios de la Tierra, debíamos poder cambiarlos. Llegó la megalomanía de las grandes obras. El canal de Corinto, el de Suez, el de Panamá, el túnel del canal de La Mancha...
Es por todos conocido que el sector público no puede hacer frente por sí solo a las enormes demandas de modernización de la infraestructura en Latinoamérica. Para ello debe recurrir a la financiación directa local o extranjera privada, a los organismos multilaterales de crédito o últimamente a las asociaciones público-privadas.
Al comparar la calidad y el nivel de las infraestructuras de Latinoamérica con los del resto del mundo, no sólo está claramente rezagada frente a los países desarrollados, sino que sigue por debajo de Asia Oriental y de Europa del Este. Según un reciente estudio, el país más avanzado de la región es Panamá, que ocupa el puesto número 40 a nivel mundial.
China quiere que sus empresas ganen experiencia y savoir-faire en esta otra Europa del centro y este del continente, a fin de reducir las barreras que dificultan su acceso a los mercados de los países más desarrollados. En buena medida, aquí, en algunos países, puede librarse de las estrictas reglamentaciones que impone Bruselas y los costes son menos elevados que en el oeste de Europa.
Buena parte de la realidad que alimentaba los estereotipos que los españoles tenían de Estados Unidos en los años 70 y 80 se ha esfumado sin darnos cuenta. Estados Unidos era, entonces, el país de la mercancía barata. Hoy, mucha gente que vive a caballo entre los dos países, llena las maletas de ropa de Zara y de Mango cuando llega a España.
Una facultad de cuyo nombre no quiero acordarme. Un día canicular, treinta y ocho grados a la sombra, de calor casi caribeño si no fuera por la sequedad del ambiente. Cuesta atisbar la hierba en los alrededores de uno de los edificios más feos del mundo. Los feísmos no terminan aquí.
La desaceleración reciente demostró lo que varios analistas subrayamos en esa época: el boom se debió fundamentalmente a factores exógenos. Ante todo, debido al llamado superciclo del precio de las materias primas que produjo aumentos continuos en nuestros términos de intercambio.
Fomento prepara la constitución de una sociedad de capital mayoritariamente público para quedarse con las autopistas y su deuda, cuantificada en más de 3.000 millones de euros. Nada puede justificar que, en medio de recortes en la sanidad o la educación, se gasten millones de euros en rescatar unas autopistas innecesarias.
Se rumorea con la nacionalización o rescate de estos proyectos que nunca debieron emprenderse. Las concesionarias están lejos de ser empresas de interés nacional como sí pudieran serlo algunos bancos, y si deben quebrar por haberse embebido en un negocio ruinoso no puede ser el contribuyente el que lo evite con su esfuerzo fiscal.
Como el clima de optimismo también es necesario construirlo basado en hechos tangibles, os animo a todos a intentar cambiar la dinámica en la que nos encontramos y recuperar la confianza en nuestro país.