¿Aranceles como arma de guerra? El Supremo de EEUU pone freno a los abusos de la Presidencia Trump
Son millones los que, alternativamente, exhiben coraje civil al manifestarse contra los abusos y pulsiones autoritarias de la Administración Trump.
La segunda llegada de Trump a la Casa Blanca ha desatado un seísmo de escala global, un desorden hasta hace poco impredecible y un abrupto desbaratamiento de lo que quedaba en pie de la estructura de la comunidad internacional, en cuya conformación EEUU contribuyó decisivamente tras la devastación de la II Guerra Mundial.
Para cuantos, en la UE, nos hemos visto obligados a asimilar a golpe de realidad que EEUU ha dejado de ser un “aliado”, e incluso un actor confiable, es magro consuelo constatar la resistencia contra Trump en el interior de la compleja, fragmentada y cada vez más polarizada sociedad americana. No todo es MAGA en EEUU.
Es cierto, cómo no, que escarnece constatar que más de 75 millones de estadounidenses votaron para que un magnate con una repulsiva biografía personal ostentase nada menos que la Presidencia y el mando como Comandante en Jefe de la mayor superpotencia militar y nuclear del planeta.
Suscribiendo así también un designio antisocial explícitamente abocado a exasperar las desigualdades hasta el ensañamiento con los más débiles y vulnerables, haciendo de los inmigrantes un chivo expiatorio en cuyo sacrificio están sufriendo también penurias inimaginadas ciudadano/as de pleno derecho, acosados, violentados, encerrados entre rejas de campos de concentración en Texas, privados de todas las garantías que la Constitución, según creían, les confiere, cuando no impunemente asesinados (Minneapolis).
Pero también es verdad que son millones los que, alternativamente, exhiben coraje civil al manifestarse contra los abusos y pulsiones autoritarias de la Administración Trump, contra su manipulación de la Justicia para hostigar disidentes (por la vía de acusaciones orquestadas por la Attorney General, Pam Bondi) contra su filtración selectiva (y ocultación otro tanto) de los archivos Epstein, y sobre contra todo su delirante y compulsiva agresividad exterior, en la que los aranceles (tariffs) son un arma de guerra contra todos los demás en el orbe planetario.
Una decisión anunciada por el TS de EEUU (nueve miembros, con una abrumadora mayoría ultraconservadora, tres de ellos nombrados por el propio Trump), en que por una mayoría de seis contra tres (conformando mayoría su presidente, John Roberts, nombrado por Bush II, y los Justices; Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, nombrados por Trump) ha abierto, una vez más en la historia de EEUU, una escotilla de respiración a la sensación de asfixia que describía hasta ahora la casuística de causas abiertas contra las arbitrariedades dictadas desde la Casa Blanca.
Su razonamiento jurídico, declarando ilegales sus aranceles indiscriminados, recuerda la importancia crucial de la separación de los poderes (Checks & Balances) descrita en los tres primeros artículos de la Constitución de 1787, así como el significado del procedimiento legislativo en el Congreso (House & Senate) para frenar la tendencia del Jefe del Ejecutivo a actuar como un monarca sin freno ni cortapisa. Porque conjurar el riesgo de que en EEUU haya nunca un "rey" es la historia constitucional de la que trae causa la idea americana del Rule of Law.
El TS parece hacerse eco de las alarmas disparadas en el debate jurídico en EEUU. No son pocos los especialistas que han colacionado el impeachment (procedimiento de destitución de un cargo federal que requiere la iniciativa por mayoría absoluta de la Cámara de Representantes, y decisión por dos tercios del Senado, Art.II, sobre el Congreso) sino la Enmienda XXV (1967) que contempla, por las mismas mayorías, la destitución de un presidente por considerarlo inhabilitado para el ejercicio del cargo. El trasfondo de esta controversia atiene al escrutinio público del estado mental y facultades del Presidente, a la vista de un derroche cada vez más excesivo y ostensible de brutalidad moral e incontinencia verbal.
Las descalificaciones gruesas vertidas contra los Magistrados del TS que han participado de la revocación de su Decreto de aranceles (grandilocuentemente presentados como Liberation Day), tildándoles de "vergüenza para sus familias", rebasa todo precedente en la falta de respecto de una Presidencia en ejercicio por la dignidad del cargo jurado solemnemente en la ceremonia de inauguration de 20 de enero de 2025.
Conforme a la Constitución de EEUU, todos los jueces federales, los nueve miembros del TS, pero también todos los integrantes de las 12 Circuit Courts (Tribunales de Apelación) y los 94 District Courts (Tribunales Federales de Instancia) son nombrados por el Presidente (con determinados filtros con carácter vitalicio) "during good behavior".
Aunque varios jueces federales se habían posicionado contra los abusos de Trump, la reciente decisión del TS de EEUU sobre los aranceles arroja un faro de luz sobre un túnel que hasta ahora parecía oscuro y sombrío.
En una sesión de urgencia, durante la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, 24 de febrero, una mayoría del Parlamento Europeo (PE) dedujo, inmediatamente, una consecuencia obligada: no cabe ratificar el bochornoso deal suscrito por la Comisión Europea (presidenta Von der Leyen) en el campo de Golf del propio Trump en Escocia. Claridad, seguridad jurídica, certeza del Derecho.
Esa es la aspiración legítima de la actividad comercial y productiva de las empresas europeas, y lo que la ciudadanía de la UE puede y debe esperar del PE que le representa. Y equidad en la relación transatlántica, sin que quepa ningún trágala ni quebrantamiento grosero de la reciprocidad exigible desde el respeto mutuo y la bilateralidad.